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Julio Iglesias, truhan a secas

Julio Iglesias, truhan a secas
Julio Iglesias y Regine durante una visita en Regine's, Nueva York, 9 de febrero de 1986. Ron Galella/Getty Images
ANA AYUSO

Si algo se le puede reconocer a Julio Iglesias (Madrid, 1943) es la capacidad de convertir durante décadas su vida en el repertorio de canciones con el que ha conquistado medio mundo. Amores superficiales y fugaces, mujeres idealizadas, melancolía postromántica, hedonismo en su más alta expresión y una ambición desacomplejada atraviesan un cancionero que, como subrayaba en una entrevista para RTVE el escritor que le retrató en El español que enamoró al mundo (Libros del Asteroide, 2025), Ignacio Peyró, es "profundamente autobiográfico".

Ese yo constante, repetido hasta llegar a convertirse en chanza, ha sido una de las claves de su éxito planetario y es este martes uno de los elementos que obligan al público a releer a la obra y al personaje, en este caso inseparables, desde un lugar más incómodo: el de victimario, que le otorga la doble acusación de agresiones sexuales a trabajadoras de sus mansiones que han hecho públicas elDiario.es y Univision Noticias.

Nacido con el nombre de Julio José Iglesias de la Cueva en la capital, en el seno de una familia acomodada durante el franquismo, el que actualmente es el artista español más internacional encarnó como pocos la promesa de ascenso social de la España del desarrollismo. Futbolista del Real Madrid frustrado tras un accidente de tráfico antes de cumplir los 20, en el que "creía que se iba a morir", confesaba en 2023 en Mañaneros su íntimo amigo Juan José Hidalgo, encontró en la música un camino inesperado hacia la fama.

Ganó el Festival de Benidorm en 1968 y su vida nunca siguió igual. Construyó una carrera sin precedentes para un artista nacional: más de una decena de idiomas, llenos absolutos en los grandes templos de la música internacional y una presencia constante en los medios de comunicación durante los años de la Transición y la apertura cultural. Especialmente en revistas del corazón.

Julio Iglesias - La vida sigue igual (1968)

De celebrado conquistador a investigado por abuso sexual

Sus canciones, sencillas y directas, hablan siempre desde el yo que él ha representado y que tantos han imitado en los escenarios y en la vida diaria. La vida sigue igual, Me olvidé de vivir o Soy un truhan, soy un señor dibujan a un narrador que se confiesa sentimental, libre y orgullosamente hedonista. Ese imaginario que envolvió al artista, el del latin lover perpetuo, dueño del deseo y del relato de sus incontables correrías sexuales, fue celebrado durante décadas como parte del folclore pop español.

A partir de hoy, sin embargo, se observará con mayor distancia. El mismo hombre que cantaba al amor sin ataduras proyectaba una masculinidad que normalizaba la cosificación y la asimetría de poder. Esa relectura se ha intensificado a raíz de las acusaciones de agresiones sexuales que han salido a la luz este martes, publicadas por elDiario.es. Ese artista que parecía inmune al paso del tiempo se enfrenta ahora a un juicio social, al que también se han tenido que enfrentar otros relevantes hombres de todos los ámbitos. El último, Adolfo Suárez, fallecido en 2014.

¿Es posible cancelar a Julio Iglesias?

En su libro El español que enamoró al mundo: una vida de Julio Iglesias, publicado el año pasado, Peyró evita tanto el elogio como la demolición moral. "Si no ha sido cancelado ya, no será nunca", vaticinaba el autor en una entrevista en RTVE, convencido de que Iglesias pertenece a una categoría cultural difícil de borrar.

De portero del Real Madrid a cantante internacional: la vida de Julio Iglesias, plasmada en un libro

Para Peyró, el cantante es una especie de espejo generacional: "Hay una España que se deja leer a través de él", un público con aspiraciones y contradicciones, que se ha reproducido el ejemplo de un hombre con carisma que dejó el conservadurismo para sus propuestas musicales y el atrevimiento para el modo en el que venderlas.

El Forrest Gump español

El libro retrata a Iglesias como un Forrest Gump español, siempre presente en los grandes momentos colectivos sin proponérselo, desde la Transición hasta la globalización cultural. Pero también como el producto más refinado de una idea del éxito basada en el lujo, la conquista y la exhibición.

Su desembarco en Estados Unidos a finales de los setenta, cuando España aún transitaba de la dictadura a una democracia, a la que también se tuvo que amoldar la familia Iglesias, fue una operación arriesgada y brillante, que lo convirtió en uno de los artistas más vendidos de la historia, junto a Madonna y Elton John.

Retirado de los escenarios y del foco mediático desde hace años, Iglesias ha optado por el silencio mientras su figura se ha mitificado, incluso en canciones actuales, como la que tituló con su nombre Rigoberta Bandini.

Para algunos, sigue siendo un icono popular imposible de borrar; para otros, un símbolo de una época cuyos valores ya no resultan asumibles para gran parte de la población. Y es por eso el verso que mejor lo define, "soy un truhan, soy un señor", queda hoy desactualizado para acortarse al "soy un truhan". A secas.