¿Realmente necesitas esas zapatillas? Por qué preferimos el "cariño" de un regalo personalizado en la era del consumismo
- El acto de regalar es un lenguaje afectivo: "Decimos 'me he acordado de ti, para mí eres importante'"
- Al dar una experiencia compartida, fortalecemos el vínculo con la otra persona, clave para nuestra salud mental
Llega la ansiada mañana de Reyes y el árbol aparece lleno de regalos. Juguetes, una colonia o una freidora de aire, tan de moda, todo ello con mucho dinero gastado detrás. Tal vez algunos de ellos estaban en nuestra carta, pero ¿es lo que nos hace verdaderamente felices? ¿Qué dice de nosotros lo que regalamos a alguien querido y el tiempo y el cariño que le dedicamos a ello?
En la era del consumismo exacerbado, y justo en la época del año que más incita a ello, valoramos especialmente romper con la inercia y recibir un regalo personalizado, independientemente de su valor económico.
“Al regalar estamos diciendo 'me he acordado de ti, para mí eres importante'“
El regalo es mucho más que un objeto, es todo un lenguaje afectivo. "Al regalar estamos diciendo 'me he acordado de ti, para mí eres importante'", explica a RTVE Noticias la psicóloga Silvia Álava. Cuando aciertan con nuestro regalo, cuando sentimos que la otra persona nos conoce, se activan en nuestro cerebro "circuitos que están asociados a la recompensa, la pertenencia y sobre todo al vínculo".
Pasar "tiempo de calidad" juntos, el mejor regalo
Valentina es una de las que apuestan por regalos inmateriales, especialmente aquellos que implican dedicar tiempo a la otra persona. "Desde muy pequeños nos han inculcado la idea de que hacer un regalo significa comprar un objeto y envolverlo en papel, y de que la mejor Navidad es aquella en la que te despiertas y tienes el árbol rodeado de paquetes. Cuantos más, mejor", cuenta esta joven.
En lugar de obsequiar algo que acabe "cogiendo polvo en la estantería", ha cambiado su filosofía. "En los últimos años prefiero regalar elementos que me ayuden a pasar tiempo de calidad con mis amigos". Cita, por ejemplo, un talonario de vales para una de sus mejores amigas entre los que se incluyen "una noche de cotilleo juntas, un desayuno con churros o una escapada de fin de semana". "Estás regalando recuerdos juntas, algo que no es acumulable a nivel material, pero sí suma muchísimo a nivel emocional".
Álava recalca la importancia de regalar algo que implique pasar tiempo junto a la otra persona, cuando precisamente el tiempo es "el bien más preciado que tenemos". En otras palabras: "En una sociedad cada vez más consumista, necesitamos pocas cosas porque ya tenemos casi de todo".
“Tener una buena red de apoyo de familiares, de amigos, es un excelente protector de la salud mental“
Al regalar una experiencia, sobre todo si es compartida, "lo que estamos haciendo es fortalecer ese vínculo de amistad", y en un momento de mayor individualismo y atomización social, "tener una buena red de apoyo de familiares, de amigos, es un excelente protector de la salud mental", destaca esta doctora en Psicología.
Una investigación familiar o un trivial personalizado
Está la opción de regalar tiempo, pero también la de dedicar tiempo al regalo. Desde hace muchos años, David opta por comprar objetos vintage o de segunda mano, que restaura y pinta de nuevo según los gustos de la persona a la que se los regala.
Lara, por su parte, le ha dedicado un mes a crear un regalo para su novio. El abuelo de él era un boxeador conocido en los 60 y 70, pero su familia no tenía apenas información ni imágenes suyas. En todo este tiempo se ha dedicado a buscar crónicas, vídeos y fotografías de la época, y no solo eso: "He localizado a casi todos sus antiguos compañeros y a los que se enfrentaron contra él. Le va a hacer mucha ilusión". Más personalizado, imposible.
"Intento que la gente tenga algo que no se espere y que venga de la relación que hemos construido a lo largo del tiempo", apunta por su parte Teresa. Le gusta regalar, por ejemplo, entradas a conciertos de grupos que sabe que gustan a la otra persona, así "el regalo llega en realidad en unos meses", o algo que funciona "genial": las fotos, ya sea en forma de álbum, de imagen enmarcada o en otro formato. "A una amiga le hicimos un fanzine con fotos nuestras y le añadimos textos y cosas pegadas de revistas. Aunque lo tengas guardado, cuando lo vuelves a ver, años después, te hace volver al momento", cuenta.
Ella misma ha regalado otros artilugios personalizados, como un calendario con memes que se envió a lo largo del año con su pareja o un trivial con preguntas sobre la otra persona, en las que además colaboraron amigos y familia.
Todo ello requiere "mucha planificación" y tiempo, reconoce, pero vale la pena precisamente porque "la otra persona realmente siente que has trabajado por darle algo que sea único". "No hay un botón de entrega urgente para los regalos personalizados", resume.
¿Regalar algo de la lista o jugársela con una sorpresa?
El dilema para muchos en estas fechas es si regalar algo que la otra persona había incluido en la lista de Reyes o sorprenderla, corriendo el riesgo de fallar. Teresa rehúye de esta dicotomía: para ella, "se puede mostrar mucho cariño ajustándose precisamente a los requerimientos específicos de la gente".
Explica que para estas Navidades había pedido unos zapatos, y valora el hecho de que su madre le acompañara durante varios días a buscarlos en distintas tiendas. "Me pareció que demostraba mucho amor".
Regalar no solo hace feliz a quien da, y hay evidencia empírica que lo demuestra. Silvia Álava expone el caso de un experimento con estudiantes: a un grupo se les daba dinero para gastarlo en lo que ellos quisieran y a otros se les entregaba la misma cantidad, pero para que la usaran para regalar a otros. "Cuando les preguntaban cómo se habían sentido, si reportaban bienestar emocional, el grupo que había utilizado el dinero para hacer un regalo se sentía mucho mejor que los que se habían comprado algo para ellos mismos".
Desodorante, un estropajo o un abreajos: los malos regalos marcan
Y si un buen regalo demuestra lo importantes que somos para alguien, un mal regalo también dice mucho de quien lo da. En los testimonios recabados para este reportaje abundan los ejemplos de regalos con mensajes no tan sutiles: desodorante, crema para el acné o un libro de "cómo ganar amigos".
Han surgido varios ejemplos de regalos machistas. Lola relata que, hace años, la que era su suegra le regaló una batidora. "Estaba indignada porque al tener yo dos curros no me daba tiempo a cocinar para su hijo", relata. Al final, terminó mandando "a hacer gárgaras al novio, a la suegra y a la batidora".
Un mal regalo marca. David recuerda cuando, de pequeño, abrió con mucha ilusión una caja enorme y preciosa que le había entregado su madre, y dentro se encontró con un estropajo para limpiarse la boca por decir muchas palabrotas -aunque luego había otros objetos que sí que le hicieron verdadera ilusión-.
Franca recuerda que su madre acompañó un regalo con un juego del ahorcado para que adivinara el contenido. Fue acertando varias letras y se ilusionó pensando que la palabra era "roja", por una pulsera roja que había pedido. "Y al final resultó ser un abreajos", algo que en su vida hubiera imaginado, pero que ahora, ya de mayor, lo usa casi a diario, cuenta entre risas.
Una plancha, una batidora o un abreajos pueden ser buenos o malos regalos, según si lo habíamos pedido o la intención con la que nos lo regalan GETTY
Un "concurso de ego"
Además de regalos despersonalizados y que demuestran falta de ganas, existe otro riesgo: obsequiar algo demasiado valioso que ponga en aprietos a la otra persona, a nivel afectivo y también económico.
Hay que medir el valor de lo que regalamos para que no se convierta en "un concurso de ego". "La reciprocidad es una norma social básica, tiene que haber un equilibrio relacional, pero no tiene por qué ser un intercambio matemático exacto" en cuanto al precio del regalo, señala Álava.
“Hay que tener cuidado cuando estamos utilizando el regalo como una herramienta de poder o de manipulación“
"Hay que tener cuidado cuando estamos utilizando el regalo como una herramienta de poder o de manipulación, para decir 'me debes esto, lo he hecho por ti'.
El equilibrio tiene que encontrarse, apunta, en el valor emocional del obsequio. Y recuerda una premisa básica: "Se regala sin esperar nada a cambio".
Estos Reyes se pondrá a prueba, de nuevo, nuestra capacidad para acertar, sorprender, y por qué no, fingir cara de emoción ante un regalo equivocado.