Las aventuras de Robert Redford
- Si eres guapo, la cámara te quiere y estás en el sitio adecuado en el momento adecuado, te conviertes en una estrella
- El actor protagonizó varias de sus películas “de mi vida” como El golpe o Las aventuras de Jeremiah Johnson
Acababa yo de llegar de una grabación con más hambre que Carpanta y con la bandeja del comedor de Torrespaña en la mano tuve que atender un primer mensaje de whastapp de Marta, ex realizadora de Días De Cine. “Parece que ha muerto Robert Redford” decía. Fruncí el ceño y lo comenté con la gente del programa, pero pensé, vamos a ver que dicen los periódicos, y eché y vistazo y de no ver nada, a los pocos segundo ya había dos anunciándolo. “Mal asunto” pensé. Si se confirma nos va a tocar hacer en Días de Cine uno de esos reportajes que nos quedan tan bien pero que son los que nunca queremos hacer.
Pensaba eso, mientras tenía que fichar, pasar la tarjeta para pagar, coger la sal, y pensaba ya como un torbellino en todas esas películas de Robert Redford que me gustan tanto, algunas de ellas son de esas películas que yo llamo “películas de mi vida”. Pero aún pensaba que podría ser una falsa alarma. Todo esto que estoy contando sucedió en apenas un minuto.
Recibo una llamada de un número corporativo y pienso, ahora sí, mal asunto. Descuelgo mientras hago todo eso que estaba diciendo que estaba haciendo y es Cristina Pampín, del Canal 24 horas y al descolgar digo: "¿Robert Redford no?". Y ella, pues sí, y me dice que si puedo ir “ya mismo” al Canal 24 horas a decir algo sobre Robert Redford y tras darle pena me citan a las cinco, aunque luego será a las cinco y 40 minutos. Siguen entrándome WhatsApp de todo el mundo, amigos, mi hijo, la familia, me llaman de Radio Nacional para preguntarme si puedo entrar a las 16:15 en El Ojo Crítico, y les digo que sí. Y yo que pensaba que tendría una tarde rutinariamente tranquila.
Me pongo a comer mientras echo un vistazo entre bocado y bocado a la escaleta del programa de esta semana que ya está muerta. Y empiezo a pensar de donde sacar el tiempo que haría falta para hacer una de esas despedidas que nunca queremos hacer en Días de Cine, y en este caso a un auténtico gigante, yo diría que el penúltimo de los gigantes, estando ahí como está Clint Eastwood. Los números y los tiempos son los que son, y hay que meter tijera de forma inmisericorde. Parar algunas piezas que aún no se han empezado a hacer, reducir los tiempos de otras, pensando en aquellas películas, distribuidoras, personas, a las que les vas a tener que decir que esta semana ha pasado lo que ha pasado y como el tiempo es el que es, en el programa somos los que somos, y podemos hacer lo que podemos hacer, si queremos hacerlo bien, pues toca hacer cirugía de precisión.
Robert Redford posa para un retrato en el Festival de Cine de Sundance, 2010. AP PHOTO/CARLO ALLEGRI
Pero y venía a hablar, a escribir, aquí, de Robert Redford, y no de ese minuto que pareció una hora, porque además, nada más comer, me llama Esteban Ramón y según miro la pantalla ya sé lo que me va a pedir y lo que le voy a contestar, por eso este texto, claro. Y mientras sucedía todo eso, que contado así parece puro slapstick, ya iba pensando en que podría yo decir sobre Robert Redford en El Ojo Crítico y en el Canal 24 horas que no fueran lugares comunes.
Una estrella con los pies en el suelo
Lo obvio sería decir que Robert Redford fue uno de los más grandes actores del Hollywood de las últimas seis décadas, y que también fue un mucho más que buen director. Ah, y productor, y estrella, una de las últimas que de verdad lo fue, que apostó por el cine independiente creando ese Festival de Sundance cuyo sello acompaña desde hace décadas a las mejores películas independientes. La vida de las personas forma su carácter, y Robert Redford no lo tuvo fácil. No nació entre algodones ni vino al mundo con una cuchara de plata. Se lo tuvo que currar, que se dice, pero a diferencia de algunos, que en cuanto tienen oportunidad se olvidan de donde vienen, traicionando a aquellos que hicieron posible su destino, Robert Redford nunca dejó de tener los pies en el suelo.
Como lo que me interesa de todo esto que tanto me gusta que es el cine es lo puramente emocional, lo que para mi ha significado Robert Redford, tiene poco que ver, o al menos tiene que ver un tanto tangencialmente, con las crónicas de urgencia que se hicieron desde el minuto uno en que supimos de su muerte. Supongo que muchas crónicas, por pura urgencia, pero también por esa practica del periodismo de estos tiempos en los que es tan fácil conseguir información a golpe de click, se limitaron a llenar los huecos de datos que se repetían en los diversos medios que iban publicando la noticia de su muerte. Estoy de acuerdo en que Descalzos por el parque, fue su primer protagonista, en 1967, pero había debutado en el cine en 1962 con El que mató por placer, tras varios años en pequeños papeles en la televisión.
Pero para mí, que soy un raro, mucho más importante que Descalzos por el parque, que desde luego tiene su importancia, son las dos películas que hizo el año anterior, una, Propiedad condenada, su primera película con Sydney Pollack, y la otra, una de esas películas que yo llamo “de mi vida”, La jauría humana, de Arthur Penn, en la que no era protagonista, cierto, pero su personaje, un fugitivo de la cárcel condenado injustamente, es el auténtico mcguffin de la película, una de esas películas que he visto decenas de veces y que me sigue poniendo de muy mala leche cada vez que la vuelvo a ver. Y además, un año antes de Descalzos por el parque ya compartía plano con Jane Fonda en La jauría humana.
El golpe, una película perfecta
Lo que estaba claro es que a Robert Redford la cámara le quería. Ese es uno de los grandes misterios del cine. Puedes ser guapo, y que la cámara no te quiera y puedes ser feo y que la cámara te quiera. Pero si eres guapo, y la cámara te quiere, y estás en el sitio adecuado en el momento adecuado, te conviertes en una estrella, que es eso que el cine hacía de algunas personas como Robert Redford, probablemente la última de esas grandes estrellas que el cine nos ha dado. Hay otra, claro, Clint Eastwood, pero su dimensión de estrella como actor nunca llegó a la dimensión que tuvieron Paul Newman o Robert Redford. Resumiendo: eres guapo, la cámara te quiere, y estás en el sitio adecuado en el momento adecuado, y entonces llegan esas película que, si lo pensamos bien, no serían en absoluto lo mismo sin Robert Redford. Y sin Paul Newman, claro, si pensamos en esas dos (tan solo) películas que hicieron juntos a las órdenes de un tipo tan eficaz como discreto de nombre George Roy Hill. Me refiero, claro, a Dos hombres y un destino (Butch Cassidy & The Sundance Kid) y El Golpe (The Sting), películas que puedes ver una y otra vez y parecen hechas ayer y más frescas que muchas películas recientes. Me gustan mucho las dos. Las he visto decenas de veces cada una, pero creo que El Golpe es, sencillamente, una película perfecta.
Robert Redford, en 'El golpe'.
Aquello de The Sundance Kid, por cierto, daría pie a que años más tarde Robert Redford bautizase a su festival de cine independiente como Festival de Sundance. Un Festival que desde 1978 no ha dejado de descubrir talentos alejados de ese Hollywood que convirtió en estrella a Robert Redford, pero en el que a la vez no acababa de encontrarse a gusto.
Creo que cualquier película que tiene a Robert Redford en ella es mejor ya por eso mismo (creo que ya lo había dicho). Y si recordamos el mucho más que un puñado de peliculones de Robert Redford, entre medias se cuelan películas como El descenso de la muerte, en la que interpretaba a un esquiador. Una vez leí que Robert Redford se había instalado un telesilla para él solo en sus montañas de Utah, y como yo soy esquiador, aunque no sea tan guapo, me daba mucha envidia. No quiero enrollarme demasiado, porque recorrer toda la filmografía de Robert Redford sería inacabable, pero como decía antes, o llevo diciendo aquí y allá desde ayer, varias de sus películas son “de mi vida”. Pienso en Las aventuras de Jeremiah Johnson, (Sydney Pollack de nuevo) que he visto igualmente decenas de veces y cuyo plano final en modo gif es mi gif más usado en redes sociales para dar las gracias.
Pienso, claro, en El candidato, por la cosa política. Bueno, una película con forma de westerns que era ciertamente política, además de muy buena, era El valle del fujitivo, (Tell Them Willie Boy Is Here), de Abraham Polonsky, uno de aquellos represaliados por la caza de brujas. Pero sobre todo pienso en Todos los hombres del presidente, (Alan J. Pakula) uno de los mejores thrillers políticos de la historia. Claro que la historia tenía miga, el caso Watergate con Carl Bernstein (Dustin Hoffman) y Bob Woodward, el mismo Redford. Película monumental. Pero es que están por ahí Tal como éramos, (Sidney Pollack again) con Barbra Streisand, o El gran Gatsby, con Mia Farrow y dirigida por Jack Clayton. ¿Quién más podría ser Gatsby que Robert Redford? Un tipo al que sienta igual de bien un traje de preso que uno de trampero que un smoking tiene que ser Gatsby.
Sigo, tratando de no ser un pelma, pero recordando según escribo ¡qué buena! Los tres días del cóndor, El jinete eléctrico (de nuevo con Jane Fonda) ambas con Sidney Pollack, ese peliculón que es Brubaker, una de esas película que podemos decir que sencillamente, “ya no se hacen películas así”, o sea, cine comercial, mainstream, pero con mucho fundamento. Una película que se titula El mejor, solo puede tener a Robert Redford como protagonista.
Y luego está, claro, Memorias de Africa, regalándonos, de nuevo con su casi inseparable Sidney Pollack, ese Denys Finch Hatton que irradia elegancia en la sabana africana ya sea volando un avión con la baronesa Karen Blixen detrás como lavándola el pelo mientras suena un maravilloso concierto para violín de Mozart. Esa es la magia del cine, una escena que interpretada por actores que no tengan lo que hay que tener, podría ser ridícula.
Un buen director
A todo esto, allá por 1980 debutó como director con Gente corriente, una buena película, todo un dramón, que ganó cuatro Oscars, incluido el de mejor director. A ver, un despropósito, porque la película estaba (y está) muy bien, pero Redford, que no tiene ningún Oscar como actor, le robó el premio a mejor dirección a nombres como Roman Polansky, Martin Scorsese o David Lynch.
Siguió dirigiendo películas como Quiz Show: el dilema, Leones por corderos, o La conspiración. Pero sé perfectamente que al público general le encantan (a mi también) películas como El hombre que susurraba a los caballos, La leyenda de Bagger Vance o El río de la vida. Y luego está esa película tan bonita que le vi presentar en el Festival de Cannes de 1989 titulada Un lugar llamado Milagro (que Antonio Gasset odiaba, aunque juraría que no la había visto). Juego de espías, la muy políticamente incorrecta (desde los muy prejuiciosos ojos de hoy de algunas personas que saben bien lo que está bien y lo que está mal) Una proposición indecente. A ver, que levante la mano quien aceptaría una proposición tan indecente como cobrar un millón de dólares por lo que un tipo como Robert Redford le pidiera. ¿Lo veis?, el mundo está lleno de impostores. Buen cine de entretenimiento, como Spy Game, y una última película con Sidney Pollack, Habana.
Su compañero de fatigas, Butch Cassidy y Henry Gondorf en Dos hombres y un destino y El Golpe, Paul Newman murió en 2008. Ya nos pareció que se acababa una época. Ayer si se acabó definitivamente (bueno, a falta de Clint Eastwood).
Quiero recordar dos muy bonitas películas de sus últimos años, antes de anunciar en 2018 que se retiraría de la interpretación, Un paseo por el bosque, de 2015, preciosa película, crepuscular, en la que recuperábamos a un Nick Nolte que alguna vez pudo haber sido una estrella, y The Old man & The Gun, sin duda crepuscular desde su título, que venía a ser un homenaje a todos los personajes que fue Robert Redford con un guiño muy especial a Bubber Reeves, su personaje fugitivo, e inocente, de La jauría humana.
Siento que me dejo todo por contar, pero el tiempo es finito, y la paciencia de los lectores algo sagrado. Podría decirle a Robert Redford muchas cosas, básicamente ¡gracias,! pero creo que si le pongo mi gif favorito lo entenderá perfectamente.
Robert Redford, en 'Las aventuras de Jeremiah Johnson'.