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'Puerto Hurraco 202', el documental sobre el último gran crimen de la llamada 'España negra'

  • Los hermanos Izquierdo prepararon 202 cartuchos para acabar con la vida de todo un pueblo de menos de 100 habitantes
  • Este crimen múltiple, uno de los más impactantes de la historia de España, marcó el inicio del sensacionalismo televisivo
DocumentaRTVE - Puerto Hurraco 202
MACARENA LEÓN

Televisión Española es el primer medio de comunicación que accede al sumario completo y a las pruebas recogidas por la Policía judicial en uno de los crímenes múltiples más impactantes de nuestra historia reciente. Desde las fotos de víctimas en la calle y los disparos en los coches de la Guardia Civil, a los informes del Gobierno sobre los intentos de acceso al complejo de la Moncloa que hicieron las hermanas de los asesinos.

La sed de odio y venganza cocinada a fuego lento durante décadas entre dos familias del pueblo, los Izquierdo y los Cabanillas, acaba en una terrible matanza la noche del 26 de agosto de 1990 en Puerto Hurraco, una pedanía situada en la comarca de la Serena de Badajoz.

Luciana y Ángela Izquierdo, hermanas de los asesinos de Puerto Hurraco

Se sospechó que Luciana y Ángela Izquierdo habían instigado el crimen EFE / FLORENCIO GONZÁLEZ

Los hermanos Izquierdo, Emilio y Antonio, prepararon 202 cartuchos para acabar con la vida de todo un pueblo de menos de 100 habitantes. Tras décadas de conflictos por las lindes de las tierras, los Izquierdo culpaban a los Cabanillas de la muerte de su madre, Isabel, en un incendio en su casa del que jamás se determinaron las causas. Querían vengar la muerte de la matriarca y, vestidos de cazadores, se escondieron con sus escopetas en un callejón.

Hermanas asesinadas

Pasaban las 22 de la noche y los vecinos salían con sus sillas al fresco tras un día de calor. Sin compasión, Emilio y Antonio empezaron a disparar a todo lo que se movía. Asesinaron a sangre fría a nueve personas y dejaron heridas a otras diez, entre niños, jóvenes y ancianos. Entre los fallecidos, Antonia y Encarnita Cabanillas, de 13 y 14 años, a quienes dispararon mientras jugaban en la calle.

"Yo estaba en casa de unas primas mías. Escuché disparos y no sabía qué era. Bajé corriendo, le pregunté al alcalde, a Braulio, y me dijo que eran mis dos hermanas. Estaban las dos allí en el suelo. Una me dijo: 'Mari'. Y se quedó". El de Mari Carmen Cabanillas, hermana de las niñas asesinadas, es uno de los testimonios rescatados del archivo de RTVE más de 35 años después de la masacre.

Hora cero - Puerto Hurraco: Dos familias enfrentadas

"En principio fueron, por lo que pude ver, a por dos o tres niñas pequeñas, y mi padre, que está muerto, por cierto, trató de impedírselo al ver que estaban matando a criaturas. Le pegaron un cañonazo a bocajarro y murió", explicaba ante las cámaras Agustín Cabanillas, que había ido a pasar unos días al pueblo junto a su familia.

Uno de sus hermanos también quedó en silla de ruedas para siempre tras ser alcanzado por las postas, munición empleada en la zona para cazar jabalíes.

Crónica de sucesos en televisión

A partir de ese momento, las televisiones públicas y las recién estrenadas privadas relataron casi en directo el dolor de un pueblo que conmocionó a todo un país. La crónica de sucesos, que hasta el momento contaba con lectores fieles en la prensa escrita, empezaba a acaparar espacio en televisión.

Se trata de una tragedia que marcó el inicio del sensacionalismo televisivo en España, por la crudeza del relato, justo dos años antes del conocido como crimen de las niñas de Alcàsser, donde el amarillismo televisivo acabó de rebasar todos los límites. En la historia sobre Puerto Hurraco "ha habido una evolución donde se han añadido circunstancias que igual no fueron tales, pero eran comerciales y no es totalmente verídico en relación con lo que ocurrió allá" afirma Juan Rada, exdirector del Semanario 'El Caso'.

El eco mediático de los sangrientos crímenes de Puerto Hurraco ha supuesto un estigma no solo para el pueblo, también para Extremadura, precisamente la comunidad autónoma que presenta el menor índice de criminalidad de toda España. "Eran dos familias encontradas, pero esto aquí no lo esperaba nadie", dice el alcalde de Puerto Hurraco en 1990, Braulio Nogales.

Braulio es hoy uno de los vecinos que no se cansa de reclamar que las administraciones den algún uso a todo lo que un día fue de los Izquierdo y que en la actualidad sigue abandonado. "Así es difícil pasar página", cuenta. Nadie se ha hecho cargo ni de las tierras ni de la casa en la que los asesinos vivían junto a sus hermanas, Luciana y Ángela.

Una historia de venganza

A pesar de que, tras ser detenidos, Emilio y Antonio confesaron ser los autores materiales de las muertes, los vecinos no tardaron en apuntar a las hermanas, Luciana y Ángela, como instigadoras del plan de venganza. El juez instructor, Casiano Rojas, reconoció que este fue el punto más negro del sumario. Tras ordenar la detención de las hermanas, tuvo que descartar la imputación de ambas en el caso.

"No es que no se hallaran pruebas, sino que, como consecuencia de su locura, eran inimputables y no podían ser ni responsables ni culpables”, cuenta Guillermo Fernández Vara, que trabajó como médico forense del caso antes de ser nombrado presidente de la Junta de Extremadura. Fernández Vara concedió a Televisión Española la que fue su última entrevista antes de fallecer el pasado 5 de octubre de 2025.

En ella explica que, aparte de realizar las autopsias a los fallecidos, se encargó de "lo más complicado de todo, el examen psiquiátrico de los cuatro hermanos que vivían juntos y no se separaban para nada. Unos tenían un papel principal y otros tenían un papel accesorio". Según los psiquiatras, Luciana y Ángela sufrían un trastorno conocido como la locura a dos: dos cerebros con un solo pensamiento, la venganza.

Ambas fueron ingresadas en el psiquiátrico de Mérida. "Yo creo que el cuadro lo tenían ya muy cronificado", explica Fernández Vara, "y estos cuadros que se cronifican, que se encierran en la parte más íntima del alma, son muy difíciles de retrotraer. Entonces se pasaron allí el resto de su vida hasta que fueron muriendo".

Emilio y Antonio fueron juzgados y condenados a más de 300 años de cárcel cada uno sin que pudiera probarse que actuaran bajo ningún trastorno mental.