Enlaces accesibilidad

Las víctimas del 11M, 20 años después: "Cambió nuestras vidas para siempre"

Por
11M: Vista general de la estación de Atocha el 11 de marzo de 2004.
Vista general de la estación de Atocha el 11 de marzo de 2004. EFE/EMILIO NARANJO

11 de marzo de 2004. Diez bombas en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid estallan casi simultáneamente (entre las 7:37 y las 7:39 horas) y convierten a las estaciones de Atocha, de El Pozo y de Santa Eugenia y la calle Téllez en el escenario de la peor pesadilla que ha vivido la capital.

"Cambió nuestras vidas para siempre. Nunca imaginas que te pueda pasar a ti", subraya en una conversación telefónica con RTVE.es Gabriel Mullet, pareja de Laura Jiménez, una de las heridas grave en la estación de Santa Eugenia el 11M.

En los atentados, a Laura Jiménez, que tenía 28 años, le estalló la dorsal número 4 y perdió al bebé que esperaba. "Tenía un futuro prometedor en el banco en el que trabajaba, pero tuvo que dejarlo", asegura Mullet. Veinte años después, permanece en silla de rueda y su pareja, que hasta entonces viajaba mucho a causa de su empleo, tuvo que buscarse otro para estar más cerca de ella.

No imaginas que te pueda pasar a ti, te truncan la vida, te la seccionan. La ruta que tenías para tu vida, cambia a otro recorrido"

Un total de 192 personas murieron por las explosiones de aquel día. La víctima número 192 se sumó diez años después de los atentados. Se trataba de una mujer, que tenía 25 años en el momento de los ataques, pero que entró en coma aquel día y nunca despertó. Murió poco después de que se cumpliera una década del 11M.

Además, si contamos al GEO de la Policía Nacional Francisco Javier Torronteras, que falleció el 3 de abril de ese mismo año, cuando parte de los terroristas que idearon y prepararon los atentados de Madrid se inmolaron en un piso de Leganés, la cifra total de víctimas mortales ascienden a 193.

Además, cerca de 1.900 personas, sin contar familiares de los que estaban en los trenes en los que explotaron las bombas, quedaron afectados de por vida por lo sucedido.

"Nos dejó devastados"

"Nos dejó devastados", resume al otro lado del teléfono José Enrique Badajoz, cuyo hermano, Miguel Ángel Badajoz, murió en los atentados cuando tenía 34 años. A su familia, los atentados les "hundieron la vida": "Mi madre quedó muerta en vida, dejó de vivir. Y yo, 20 años después sigo con tratamiento psiquiátrico, porque me quitaron a mi único hermano", subraya.

"Me enteré por la tele de las bombas, pero como son de esas cosas que le pasan a otros... Pero llamé a mi madre a preguntar por mi hermano que solía ir en tren a trabajar. No sabía nada de él, y era raro, porque si se hubiera salvado, habría llamado sin duda", explica Badajoz.

Vera de Benito era una niña de solo nueve años que vivía al lado de la estación de Santa Eugenia cuando se produjeron los atentados del 11-M. De ese día recuerda la "confusión e incertidumbre" que había en casa, pues su padre solía ir en Cercanías a su trabajo en las horas en las que se produjeron los ataques y no le localizaban, y el "humo que salía de la estación". Su padre, Esteban de Benito, de 39 años, murió en las explosiones de Atocha.

Recuerdo mucha confusión e incertidumbre. Con nueve años, te puedes imaginar el desconcierto que esto supone, unido al humo que salía de la estación de Santa Eugenia

"Ahora que estoy a punto de casarme con un hombre, al que seguro mi padre adoraría, sé que va a estar presente más que nunca. Pero me han quitado la experiencia de caminar hacia el altar con mi padre de la mano. Eso no se puede perdonar", relata a RTVE.es Vera de Benito.

Haberse quedado huérfana a edad tan temprana por culpa del terrorismo yihadista le ha marcado a la hora de elegir su profesión. Estudió Periodismo y Ciencias Políticas y se especializó en Seguridad Nacional. "Después del atentado quise poner mi granito de arena para prevenir situaciones como esa", asegura.

A Hernán Sánchez, un ecuatoriano que había venido a España "lleno de ilusiones", el tren que explotó en Santa Eugenia "marcó" su vida "para siempre". Solo le reconocieron "un problema auditivo leve", pero asegura tener "dolores de cabeza, vértigo, pérdida de visión", e incluso tuvieron que operarle de la columna y lleva una prótesis de cadera. "No he podido volver a trabajar", explica por mail a RTVE.es.

Este ecuatoriano, que tenía 35 años cuando los atentados, tuvo que regresar a su país porque su economía "estaba por los suelos" e incluso perdió el piso que estaba pagando en España. Al regresar a Ecuador, Sánchez se queja de que no ha podido cobrar la "indemnización para personas con secuelas" por los atentados a las que tenía derecho. "Parece que al salir de España dejas de ser víctima de los atentados", lamenta.

Las secuelas de los atentados

Los ataques provocaron secuelas generalizadas en los supervivientes, y aún en la actualidad, 20 años después, muchos siguen padeciendo las consecuencias. Según datos del Ministerio del Interior, los atentados del 11M dejaron 100 personas afectadas con grandes incapacidades, de los que 68 tienen reconocida invalidez total, 26 invalidez absoluta y seis, gran invalidez.

"Iba de Fuenlabrada a Cibeles a trabajar. En Atocha monté en la parte trasera del tren de la última vía. Me quedé cerca de la puerta porque me bajaba en la siguiente estación y justo entonces, el tren que se aproximaba por la vía del al lado explotó. Las ventanas y las puertas de mi tren reventaron por la onda expansiva y me dio de lleno", recuerda con entereza Alejandro Cervera en conversación telefónica con RTVE.es.

El atentado le provocó estrés postraumático, cefaleas y una pérdida de audición, que se fue agudizando año a año y que provocó que Cervera tuviera que ser jubilado a la edad de 35 años, unos años después del 11-M. Era sargento del Ejército de Tierra. 

"Me retiraron en 2017 porque tengo hipoacusia a raíz del atentado. Me reconocieron una discapacidad del 35%. Con esa discapacidad no se puede trabajar en el Ejército", relata, al tiempo que admite que fue precisamente el que tuvieran que jubilarle tan joven cuando entró en depresión, algo que las bombas no habían logrado inicialmente. Ahora se dedica a dar charlas sobre terrorismo en institutos.

También depresión crónica y estrés postraumático es lo que sufre desde el 11-M Teresa Sanz, que tenía 36 años y dos hijos pequeños de 5 y 3 años cuando los atentados. Viajaba en el tren que explotó en El Pozo. Las explosiones le dejaron problemas de cervicales, pero "lo peor vendría después", como ella misma indica a RTVE.es por escrito.

"En lo personal dejé el trabajo y me aislé en casa porque desarrollé una agorafobia. Mis hijos son los que se han visto afectados porque ellos no tienen recuerdos de cuando yo estaba bien, han crecido sin que su madre los lleve al cine, al teatro, a un cumpleaños por culpa de los globos, no controlo mi reacción cuando explotan", explica.

Salí del hospital con un collarín por problemas en las cervicales, pero lo peor vendría después_ depresión crónica y un estrés postraumático, que a día de hoy sigo en tratamiento

Ella, como muchas otras víctimas, nunca ha podido volver a montar en un tren, pues le produce una ansiedad enorme. 

La Asociación 11-M Afectados del Terrorismo

También la vida le cambió a Eulogio Paz. Él no viajaba en los trenes, pero sí su hijo, Daniel Paz Manjón, que estudiaba Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF) y se dirigía a su universidad cuando las explosiones de la estación de El Pozo sesgaron su vida.

"Mi hijo tenía 20 años cuando fue asesinado. [… ] Me ha supuesto adaptarme a la nueva situación, entender que algunas cuestiones que hago ahora son diferentes a las que hacía anteriormente al asesinato de Daniel", indica a RTVE.es.

Eulogio Paz preside desde 2016 la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo, después de tomar el relevo a su exmujer Pilar Manjón, que ha sido una de las caras más visible de las víctimas del 11-M. Paz nos cuenta que la asociación nació para agrupar a familias de asesinados y heridos y "actuar ante las diferentes administraciones". 

"Con cerca de 1.900 socios de número y 600 solidarios, seguimos propiciando ayudas en diferentes áreas: médicas, psicológicas, sociales y jurídicas. Trabajamos en numerosas tareas encaminadas a la plena incorporación de los afectados en la sociedad y para impulsar el relato a divulgar en colegios, institutos, universidades y todo tipo de organismos e instituciones. Un relato objetivo y acorde a lo ocurrido antes, durante y después del 11-M", explica.

Veinte años

Veinte años después del 11-M, Eulogio Paz admite que no siente “odio ni rabia” por lo sucedido, sino que solo le queda el "dolor" por haber perdido a su hijo "asesinado" y por las "mentiras descaradas" del Gobierno del 'popular' José María Aznar, que negaron la autoría yihadista, y por las teorías de "algunos medios de comunicación".

Tampoco siente odio Vera de Benito, aunque no ha perdonado a los autores de la masacre. "Todo aquel que estuvo implicado, de una forma u otra, no se merece que gaste un sólo minuto de mi tiempo en pensar él y en odiarle. Eso sí, el perdón, por mí parte, nunca va a existir", sostiene.

Este año, al cumplirse el 20 aniversario, los delitos cometidos el 11M prescriben, algo que es "muy doloroso" para algunas víctimas como José Enrique Badajoz, pues cree que "los ideólogos se han escapado". 

Para Teresa Sanz, "lo que de verdad importa es el daño irreparable". "Nosotros éramos ciudadanos que montábamos en tren como medio de transporte. […] Solo íbamos a trabajar, estudiar...", zanja.