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Cumbre de la OTAN

Café a tres euros, ensaladilla 'no rusa' y 100 perros policía: la cumbre de la OTAN, desde dentro

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Sala para la prensa en la cumbre de la OTAN
Sala para la prensa en la cumbre de la OTAN

En una de los cientos de mesas que hay en los 14.000 metros cuadrados de sala para la prensa, pocos periodistas hablan el mismo idioma. Se entremezclan español, alemán, turco, inglés o ucraniano, aunque todos comparten mesa y un mismo objetivo: seguir una cumbre de la OTAN histórica.

Cada uno trabaja para un tipo de medio. Unos se preparan para directos de televisión, otros escriben artículos y algunos se esconden en sus cabinas para entrar en la radio. Pero, a pesar de que todos van con prisas, con mucho trabajo y que cada uno habla su idioma, la colaboración entre los reporteros reina en el ambiente de esta enorme redacción.

Los periodistas también se entrevistan entre ellos. Buscan conocer cómo ve cada uno esta cumbre y cómo afectan las decisiones tan importantes que se están tomando a sus países. Los más solicitados, sin sorpresas, han sido los ucranianos.

Espacio para la prensa en la cumbre de la OTAN

Espacio para la prensa en la cumbre de la OTAN RTVE.es

La ensaladilla rusa y los altos precios de la comida

Y aunque la ensaladilla rusa fue el plato estrella para los reporteros internacionales, hay diversidad entre los víveres que traen los periodistas para sobrevivir a las maratonianas jornadas de trabajo. Entre los turcos triunfan las avellanas y los frutos secos, los rumanos han traído mandarinas y los alemanes prefieren golosinas y chocolate, aunque también han descubierto las palmeritas españolas.

El menú del día es carne de debate. Por su alto precio -20,35 euros- y por lo que incluye. El primer día triunfó la ensaladilla rusa -'Russian salad'-, aunque no sin polémicas. El conflicto con Ucrania y la posición occidental hacia Moscú no solo han centrado los debates entre los líderes, sino que se ha trasladado a la comida. Tras los comentarios en redes sociales, la cafetería de IFEMA cambió el nombre de la popular tapa a “ensaladilla tradicional”, una solución diplomática entre la mención al país y la “ensaladilla Kiev” que sirvió el chef José Andrés en una de las cenas de trabajo entre ministros.

Cartel de la comida ofrecida en la cumbre de la OTAN

Cartel de la comida ofrecida en la cumbre de la OTAN RTVE.es

Más allá de la ensaladilla, hay una gran variedad de opciones a elegir: salmorejo cordobés, ensalada de pollo, codillo, estofado, napolitanas, croissants... La comida española ha tenido éxito, pero no tanto sus precios: dos cafés y una botella de agua cuestan 8,15 euros y dos manzanas cerca de 5 euros.

Brix y los otros 97 perros: entre buscar explosivos y mordisquear zapatos

Llegar a la sede de la cumbre no es fácil. IFEMA está blindada en todas sus entradas y la única manera de acceder es con autobuses lanzadera que parten continuamente desde el centro de acreditaciones de prensa, a más de tres kilómetros del recinto ferial. Entre medias, varios controles policiales, exhaustivos pero rápidos.

Los protagonistas del espectacular despliegue de seguridad, son, sin embargo, los perros de la unidad canina de la policía. De vez en cuando, los ladridos de los pastores alemanes, pastores belgas y labradores interrumpen en las conversaciones y los directos para televisión de los periodistas. Están aquí para detectar explosivos, aunque en los ratos muertos juguetean con los agentes mordisqueando sus pies o la correa.

Javier y Brix, de la unidad canina de la Policía Nacional

Javier y Brix, de la unidad canina de la Policía Nacional RTVE.es

Brix es uno de los 98 perros que patrullan la cumbre. Para asegurar el recinto, los hoteles y los lugares donde se reúnen los más de 2.000 delegados que participan, la Policía Nacional ha tenido que recurrir a unidades caninas de toda España, desde Algeciras hasta Galicia, explica Javier, el agente a cargo de Brix.

Tan cerca, pero tan lejos

La cumbre ocupa dos pabellones de la Feria de Madrid. Uno de ellos, para las reuniones de los líderes mundiales, y otro para los periodistas. Son dos mundos separados, dos burbujas. Los políticos pueden pasar a la zona de reporteros para hacer sus intervenciones y para dar entrevistas, pero no hay comunicación en el otro sentido. Quienes informan dependen de las retransmisiones en directo y algunos corrillos con ministros, algo que molesta a algunos reporteros, pero que no sorprende a los veteranos de las cumbres atlánticas, acostumbrados a esta separación marcada por las estrictas medidas de seguridad de la Alianza.

A veces, para enterarse de que un ministro de Suecia o de Turquía va a intervenir, hay que estar atentos a las carreras de los periodistas de sus países, más efectivas que los comunicados oficiales para conocer la importancia de lo que va a ocurrir a continuación. De quien no había duda de que iba a intervenir era de Joe Biden. Cientos de periodistas, separados en una cola para estadounidenses y otra para el resto del mundo, han esperado más de una hora y media para llenar la principal sala de prensa y escuchar la intervención del presidente de Estados Unidos, el auténtico rockstar de la cumbre.

Veteranos y recién llegados coinciden en la buena organización -dejando aparte los precios de la comida-. Muchos hablan de lo que han disfrutado de Madrid -"un anfitrión perfecto, impecable, excelente", según Stoltenberg- estos días y han aprovechado para quedarse y comenzar aquí sus vacaciones de verano.