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El final de ETA: 10 años después

De Glencree al País Vasco: semillas para la convivencia entre diferentes

  • Maixabel Lasa y Mari Carmen Hernández, víctimas de ETA, y Mikel Paredeshermano de un miembro de la banda fusilado por el franquismo, participaron en los primeros encuentros entre víctimas de violencias de distinto signo
  • Especial Diez años del fin de ETA en RTVE

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Reportajes RNE - Convivir entre diferentes: el 'proceso de Glencree'

Maixabel Lasa, en la terraza de la Sociedad Gastronómica Bilkoin de su Legorreta, un pueblo hermoso encajonado entre montañas verdes en el Goierri guipuzcoano, dice que "el dolor no tiene siglas". A su compañero de vida, a su esposo, Juan Mari Jauregui, le mataron los pistoleros de ETA el 29 de julio de 2000, cuatro años después de que hubiera dejado de ser Gobernador Civil de Guipúzcoa. Ella, junto a Txema Urquijo, en la Dirección de Atención a las Víctimas del Gobierno Vasco, impulsó el llamado 'proceso de Glencree', conocido así por el nombre de la localidad irlandesa donde se produjeron los primeros encuentros entre víctimas ocasionadas por violencias de distinto signo.

Cuenta Maixabel Lasa que todo empezó con una petición a los ayuntamientos para que erigieran en un lugar digno un recuerdo a las víctimas de ETA "porque entendíamos que las otras víctimas, de alguna manera, tenían apoyo de parte de la sociedad vasca. Aquí no se organizaban manifestaciones, ni huelgas generales por el asesinato de un guardia civil o un policía". Luego, dice, se dieron cuenta de que había otras víctimas de terrorismos ya desaparecidos. Y proyectan que, precisamente, los que más habían sufrido sean semilla de convivencia.

Todo empezó con una petición a los Ayuntamientos para que erigieran en un lugar digno un recuerdo a las víctimas de ETA

Mari Carmen Hernández fue una de las personas que viajaron a Irlanda para el primer encuentro, en el año 2007. ETA mató a su esposo, a la persona a la que conoció desde bien joven para "no separarse nunca". Jesús Mari Pedrosa era concejal popular en la localidad vizcaína de Durango. Los pistoleros de la banda le asesinaron el 4 de junio del 2000. Antes, él y su familia habían sufrido un largo proceso de acoso con pintadas, amenazas telefónicas, buzoneos, protestas a la puerta de casa... Y siguió incluso tras el asesinato.

"Sentía pena de toda esa gente", dice Mari Carmen en su cuarto de estar en Durango. “Después de matar a Jesús Mari, me seguían llamando a casa, diciendo palabras malsonantes... Ya está muerto, ya estás en el paredón y cosas de estas".

Mikel Paredes se incorporó a las charlas cuando se trasladaron a Santa María de Mave, en Palencia. Mikel asistió al fusilamiento de su hermano, Txiki Paredes Manot, "un idealista", dice, el 27 de septiembre de 1975, algo menos de dos meses antes de la muerte de Franco. Un Consejo de Guerra sumarísimo encontró al miembro de ETA culpable de asesinato. En noviembre de 2012, una comisión creada por el Gobierno y el Parlamento Vasco consideró que se vulneró su derecho a un juicio justo y le atribuyó la condición de víctima de la violencia de motivación política y víctima de la violación de los derechos humanos.

“El sufrimiento es igual que el tuyo. Ahí no hay diferencias. Lo único que cambia son las razones. Lo que queríamos es que entre todos hubiera un entendimiento para evitar que eso siguiera", cuenta Mikel junto al camping de Zarautz, en un entorno bellísimo.

Reuniones entre personas que "no se podían ni ver"

Los tres recuerdan que las reuniones, sobre todo las primeras, fueron durísimas. La sorpresa al ver en estaciones o aeropuertos a gente tan distinta, con la que nunca habían pensado ni en hablar. El recelo en el viaje, la conmoción al escuchar las charlas de los otros. Mari Carmen  dice que una vez, en Palencia, le tocó ser la última y no pudo ni hablar. Maixabel recuerda el caso de una mujer que dijo que todavía se le ponía la carne de gallina cuando veía un guardia civil. "Y la siguiente que hablaba dijo: 'yo soy hija (huérfana) de guardia civil".

Todos coinciden en que la discreción era clave para que el proceso pudiera dar frutos. Mikel confiesa que sólo se lo había dicho a su mujer, "pero ni a mis hijos ni a mis hermanos". No querían que nadie frustrara el proceso ni que nadie tratara de sacar rédito de él. Los tres creen que el ‘proceso de Glencree' tuvo resultados para ellos, porque les ayudó a estar mejor y lo mismo a sus familias.

Les han contado sus experiencias a jóvenes en colegios, institutos y universidades. “Los chavales flipan en colores. Ha merecido la pena", reconoce Mikel. “Yo, después de hablar, me encontraba mejor porque yo quería crear caminos de convivencia. Poner ese granito de arena", asegura Mari Carmen. “Estos encuentros validan la defensa de que entre diferentes se puede vivir, se puede convivir", concluye Maixabel.

Han contado sus experiencias a jóvenes en colegios, institutos y universidades. “Los chavales flipan en colores. Ha merecido la pena"

Mikel relata su sorpresa cuando al coger el autobús para ir a Palencia vio que iba a compartir viaje con una persona a la que muchos de su pueblo "no podían ni ver". Era Patxi Elola, concejal del PSE en Zarautz, al que ETA había hostigado y atacado sus propiedades. Pero acabaron hablando. "Y al final, iba yo con Patxi a las reuniones. Fíjate. Yo creo que los dos hemos cambiado".

Mari Carmen dice que, antes de la pandemia, varios de los participantes en el 'proceso de Glencree', quedaban a comer en el "txoko" de Patxi. "Y Mikel era el pinche". Maixabel cuenta que ella y Patxi fueron en varias ocasiones a los actos de homenaje anual al hermano de Mikel, a Txiki. Y pone, en su Legorreta, la cara de quien ha visto hacerse posible lo imposible.

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