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Los primeros 'Homo sapiens' habitaron el interior peninsular en los momentos más fríos de la última glaciación

  • Un estudio coordinado por la Universidad de Alcalá de Henares afirma que los homo sapiens se asentaron hace 26.000
  • Hasta ahora se creía que el centro peninsula había estado desocupado hasta 19.000 años atrás

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Recreación de un hombre prehistórico
Recreación de un hombre prehistórico. THINKSTOCK

Los primeros humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens) ocuparon el interior de la Península Ibérica de forma recurrente desde hace al menos 26.000 años, en el Paleolítico superior, pese a los picos más fríos de la última glaciación. Así lo afirma un equipo interdisciplinar internacional coordinado desde el Área de Prehistoria de la Universidad de Alcalá (UAH) por Manuel Alcaraz Castaño en un trabajo publicado en la revista Scientific Reports.

Hasta ahora se sabía que habían llegado a la Península desde el continente africano hace entre 42.000 y 43.000 años, pero se creía que el centro había estado despoblado hasta el final del último máximo glacial, hace aproximadamente 19.000 años.

Los hallazgos, provenientes de la excavación arqueológica del yacimiento de Peña Capón (Muriel-Tamajón, en Guadalajara), indican que los asentamientos coincidieron con el Evento de Heinrich 2, cuando se registró el momento de frío más intenso del último ciclo glaciar.

Peña Capón se encuentra en un abrigo rocoso a orillas del río Sorbe, en la cuenca alta del Tajo, que alberga un depósito sedimentario con restos materiales correspondientes a cazadores-recolectores que ocuparon la región entre hace al menos 26.100 y 23.800 años.

Portadores de las tradiciones culturales Solutrense y Proto-Solutrense (y quizá Gravetiense), estos grupos utilizaron el abrigo como lugar de hábitat estacional, con una función mayoritariamente centrada en la caza y procesado de las presas.

Los investigadores han podido establecer un marco cronológico preciso para la sucesión de ocupaciones humanas registrada en el yacimiento y una reconstrucción del paisaje vegetal y la fauna que acompañó a los grupos humanos asentados en Peña Capón. Esto ha sido gracias a la datación de más de 30 muestras de hueso animal y el análisis paleoecológico de restos de polen, carbón y micromamíferos presentes en los sedimentos, el estudio geoarqueológico del depósito sedimentario, así como el análisis arqueológico de los instrumentos de piedra y restos de grandes faunas abandonados en el abrigo por los cazadores-recolectores solutrenses y proto-solutrenses.

Frente al sesgo de la investigación tradicional

El estudio contradice la idea de que el centro peninsular había estado deshabitado hasta hace 19.000 años. El equipo de Alcaraz-Castaño lo consideraba resultado de "un sesgo en la investigación", ya que la comunidad científica se había centrado más en las costas que en el interior.

Lo hicieron de forma recurrente en un período asociado a temperaturas con hasta 15 grados menos que ahora

Según Alcaraz Castaño, "nuestro trabajo demuestra que no solo no evitaron asentarse en el centro, sino que lo hicieron de forma recurrente en un período asociado a temperaturas con hasta 15 grados menos que ahora y a un ambiente árido y seco".

"Aunque es cierto que hasta el momento no se han confirmado evidencias más antiguas de humanos modernos en el centro peninsular, y por tanto sigue existiendo un amplio vacío poblacional desde la desaparición de los últimos neandertales en la región hace unos 42.000 años, los resultados que acabamos de publicar empujan a preguntarse qué impediría entonces a los primeros humanos modernos asentarse en las tierras del interior desde su primera llegada a la Península Ibérica, si el máximo frío de la última glaciación no lo hizo", señala Alcaraz Castaño.

Los Homo sapiens podrían haber llegado todavía antes de lo marcado en este estudio. La hipótesis de este científico y su equipo es que los primeros grupos se acomodaron en la meseta hace al menos 35.000 años. De momento, tanto ellos como otros grupos disponen de datos preliminares que indican que pudieron llegar hace al menos unos 29.000 o 30.000 años, que queda corroborar y publicar. Esto les permite "ser optimistas" en cuanto a la localización de nuevas evidencias que acaben rellenando ese vacío de poblamiento desde comienzos del Paleolítico superior en el interior de Iberia.

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