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Birmania

La junta militar de Birmania achaca al COVID-19 la muerte de varias personas que permanecían detenidas

  • El portal Myanmar Now denuncia que múltiples cadáveres de personas bajo arresto han sido quemados antes de ser examinados
  • Algunos cuerpos han sido entregados a los familiares cubiertos en plástico, la práctica estándar para un paciente infectado

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Un hombre de Myanmar con mascarilla se sienta mientras los tanques de oxígeno están alineados para recargarse en una fábrica de oxígeno en Yangon, Myanmar (Birmania). 
Un hombre de Myanmar con mascarilla se sienta mientras los tanques de oxígeno están alineados para recargarse en una fábrica de oxígeno en Yangon, Myanmar (Birmania).  EFE / EPA / LYNN BO BO

La junta golpista de Birmania achaca a la pandemia de la COVID-19 varias muertes de personas que permanecían detenidas por las autoridades, han denunciado a medios locales familiares y personas cercanas a las víctimas.

El portal Myanmar Now señala que múltiples cadáveres de personas bajo arresto han sido ocultados a sus familiares y quemados antes de ser examinados bajo el pretexto, según los militares que tomaron el poder el 1 de febrero, de que estaban infectados con el virus.

El birmano Soe San, de la región central de Mandalay, se entregó a las autoridades que lo reclamaban por su participación en protestas contra el golpe de Estado y un día más tarde sus restos mortales fueron entregados a sus familiares cubiertos en plástico, la práctica estándar para un paciente infectado con la COVID-19, para un funeral limitado a diez asistentes y con la prohibición de sacar imágenes.

"Creo que (las autoridades) fueron demasiado lejos durante el interrogatorio y acabó muerto", declara al citado medio un vecino de la población donde residía la víctima.

Además, según el vecino, el rito funerario se llevó a cabo bajo la atenta mirada de 30 miembros de las fuerzas de seguridad.

Represión de las fuerzas de seguridad

Conforme al relato de Myanmar Now, el caso de Soe San se ha repetido en varias ocasiones.

Como en la detención de Mai Nuam Za Thiang, de 19 años y tras recibir un disparo mientras circulaba como pasajera en una moto en la norteña región Sagaing.

La joven murió desangrada después de llegar a un hospital, según el informe forense, pero los militares devolvieron el cuerpo envuelto en plástico al afirmar que estaba infectada con la covid-19 y obligaron a sus familiares a quemar el cuerpo de manera inmediata.

"Creo que querían ocultar algo, así que usaron esa etiqueta (de COVID-19). Solo pudimos ver el informe y su rostro, así que nos vimos obligados a aceptar lo que dijeron", apunta un familiar de la víctima al citado medio.

Al menos 912 personas han perdido la vida a raíz de la brutal represión ejercida por las fuerzas de seguridad, que han disparado a matar en varias ocasiones contra manifestantes pacíficos, según los datos de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos.

El Ejército birmano justifica el golpe por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre, en los que el partido liderado por la nobel de la paz Aung San Suu Kyi alcanzó una gran victoria, como ya hiciera en 2015, y cuyos resultados fueron considerados legítimos por los observadores internacionales. 

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