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Colombia

Bordar como terapia contra las drogas

  • La Fundación Rediseñándose ofrece una segunda oportunidad a las personas que viven en la calle
  • A través de la costura les alienta a salir de las drogas, la prostitución y la delincuencia

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 El bordado como vía de escape a la vida en la calle
El bordado como vía de escape a la vida en la calle. ISTOCK

En un ambiente de drogas, prostitución y delincuencia, Diamantina decidió instalar su casa y su negocio hace tres años. Esta diseñadora colombiana, con más de 20 años de experiencia en alta costura, dejó atrás una vida de lujos para empezar de cero en el barrio de Santa Fe, una de las zonas más conflictivas de Bogotá.

“Todo empezó en 2016, cuando nos enteramos de la muerte de mi hermano. Vivía en la calle y después de nueve años desaparecido supimos que había sido víctima de lo que en Colombia se conoce como falsos positivos. A él, lo asesinaron en 2007 y lo hicieron pasar como guerrillero muerto en combate, pero era todo una farsa”, recuerda Diamantina, para quien la muerte de su hermano marcó un antes y un después.

Hace cuatro años ella viajó a la selva amazónica donde empezó un proceso de transformación. “Cambié personalmente mucho. Las fiestas, la fama, el éxito, el reconocimiento por otras cosas más simples. Es renunciar a ti, a tus deseos y al tú, tú, tú y empezar a ver cómo me valorizo dentro de una comunidad como grupo, como colectivo”, afirma la diseñadora.

No es fácil coser bajo los efectos de las drogas

A su regreso a la capital colombiana, Diamantina no solo se mudó de barrio, además, empezó a trabajar con personas, que al igual que su hermano, vivían en la calle

“Primero empecé a mirar por la ventana. Estuve seis meses pensando en cómo acercarme a ellos. Empecé a analizar la situación y a darme cuenta de que los consumidores llegaban a las once de la noche cuando cierra todo el comercio. Ahí aparecían ellos para sentarse y fumar crack… Entonces decidí que mi inmersión tenía que ser de noche. Así que todos los lunes a las once de la noche abría las puertas de mi casa para invitarles a asistir a un taller de bordado”, nos cuenta Diamantina, quien reconoce que su idea suena a locura porque no es fácil que personas bajo los efectos de las drogas puedan ponerse a coser.

“Les decíamos que dejaran un rato la pipa y que entraran a tomar un caldo, un té calentito y les enseñábamos a bordar. Tú le explicabas cómo hacerlo y ellos lo repetían mientras charlaban un rato. Así fue cómo encontraron aquí un refugio, un lugar donde se sentían escuchados y por eso regresaban cada lunes”, asevera.

Con las prendas que confeccionaron, Diamantina hizo una gira por Europa y consiguió vender toda la ropa. “Al regresar decidimos continuar con el proyecto, crear una fundación que se llama 'Rediseñándonos' y les propusimos que vinieran a bordar todos los días. Como no teníamos plata para pagar 30 nóminas acordamos darle el 40% de cada prenda suya que se vendiera. Pero a ellos lo que les decía del dinero les entraba por un oído y les salía por el otro, solo querían venir para tomar el caldo, comer algo y charlar un rato”, confiesa Diamantina, mientras un joven interrumpe nuestra conversación.

Bordar es ahora una vía de escape

“Mamá, necesito hilo negro para continuar con el bordado”, reclama Marlon, que acaba de asomarse por la puerta del taller. Con 38 años y dos hijas biológicas, Diamantina asume con naturalidad que las treinta personas que ha acogido en su taller le llamen mamá. Reconoce que al principio le impactó, pero tres años después está acostumbrada.

"Yo estaba consumiendo a unas dos cuadras de aquí y me invitó a venir a bordar y aquí estoy. Ya llevo casi un año”

Aprovecha el paréntesis para contarnos que Marlon es menor de edad; tiene 16 años y lleva desde los siete viviendo en la calle y consumiendo drogas. Le preguntamos cómo conoció a Diamantina. “En realidad me encontró ella a mí, yo estaba consumiendo a unas dos cuadras de aquí y me invitó a venir a bordar y aquí estoy. Ya llevo casi un año”, afirma el joven, quien reconoce que aunque tiene sus recaídas no se droga como antes.

Bordar se ha convertido una terapia de desintoxicación. Recorremos la casa y en diferentes estancias nos vamos encontrando a gente cosiendo: en el taller, en la cocina, en el salón… Cada uno está concentrado en hacer bien el dibujo de su prenda. “La mayoría son hombres así que con este proyecto también se ha roto un poco el estereotipo de que solo pueden coser las mujeres”, asegura Diamantina mientras revisa con orgullo el resultado de algunos diseños. Se acerca a Jorge que está bordando unas flores en tono café sobre una tela azul marino.

- ¿Cómo vas?

- Bien.

- Esta gama que estás haciendo acá está superchévere.

Ante la aprobación, Jorge esboza una sonrisa. Este trabajo le ha permitido dejar la calle y pagar el alquiler de una habitación, pero lo más importante es que lleva varios meses sin consumir. “Gracias a ella he logrado muchas cosas, entre ellas, tener la mente ocupada en otras cosas. Como en algo productivo y no estar en la calle chimbeando, robando. Uno se da cuenta de que estaba perdiendo el tiempo”, asiente Jorge.

"Todos los que están aquí están absteniéndose de consumir, de robar, de prostitución. Ellos ya encontraron aquí un camino para tener una vida estable y digna"

Su autoestima ha crecido al descubrir que también tienen talento. Ver que sus prendas se venden les ayuda a querer seguir por este camino. Ninguno quiere volver a la calle, pero no es fácil luchar contra las adicciones. “Todos los que están aquí están absteniéndose de consumir, de robar, de prostitución. Ellos ya encontraron aquí un camino para tener una vida estable y digna y están viviendo en ese camino. Eventualmente, que haya recaídas es normal, como cuando reciben la paga y alguien se pega su fiesta y se queda sin plata”, nos cuenta Diamantina quién, en estos casos, ejerce también de administradora y les reparte el sueldo para que no lo gasten todo a la vez.

El 'crowdfunding' para sobrevivir

La Fundación Rediseñándose acaba de organizar el desfile de su última colección. Los propios creadores se han subido a la pasarela para exhibir las prendas que ellos mismos han confeccionado. El evento ha conseguido lo que habitualmente no logra el barrio de Santa Fe, que es reunir a todo tipo de personas sin tener en cuenta la profesión, el estatus social o económico.

El proyecto quiere abrir sus puertas a otras personas que viven en la calle y que después de ver la evolución de los que ya están dentro, están deseando trabajar en el taller. Pero de momento los ingresos no dan para todo y la Fundación acaba de poner en marcha una campaña para recaudar fondos en internet. Necesitan dinero para financiarse un año más, en ese período calculan que ya podrían vivir de sus propias ventas y les permitiría, además, ampliar la plantilla.

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