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Coronavirus

Cien millones de casos de COVID y varias vueltas al mundo

Hacemos un repaso de los puntos calientes de contagio en el mundo durante un año de emergencia sanitaria internacional por la pandemia: de la extraña gripe de Wuhan a una tercera ola fuera de control que vuelve a romper contra países europeos.

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Con más de 100 millones de contagios en un año, el coronavirus se ha extendido por los cinco continentes.
Con más de 100 millones de contagios en un año, el coronavirus se ha extendido por los cinco continentes.

El 31 de diciembre de 2019 la oficina de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en China se hizo eco de una nota de la Comisión Municipal de Sanidad de Wuhan que hablaba de una "neumonía viral" en la zona. Cinco días después, el organismo emitió el primer informe documentado sobre el coronavirus y el 30 de enero de 2020 se declaró la alerta internacional.

Pocos días antes de que se cumpla un año de esa alerta, la amenaza invisible que surgió en un mercado de Wuhan, en China, acumula 100 millones de casos y más de dos millones de muertos en todo el mundo. Europa, epicentro de la pandemia la pasada primavera, ha vuelto a colocarse en el ojo del huracán después de las Navidades y ya supera los 30 millones de contagios.

Ni siquiera la Antártida - con 36 casos en la base de investigación chilena- se ha librado del SARS-CoV-2, que ha provocado confinamientos y aislamientos estrictos a su paso, y que se ha llevado por delante la estabilidad económica de numerosos países a los que, sin haber superado todavía la crisis sanitaria, les espera una inevitable recesión económica.

Desde que China diera la voz de alarma, el coronavirus se ha extendido por los cinco continentes. Sin embargo, la incidencia del virus no se ha repartido por igual. En el mapa se puede ver cómo han ido moviéndose los puntos calientes desde enero del año pasado.

De la gripe de Wuhan a la pandemia mundial

Un pequeño punto naranja. Así se aprecia en el gráfico que hay sobre estas líneas la magnitud del coronavirus en China en proporción a su población un año después. En su momento más crítico, el gigante asiático notificó una media de 0,3 casos por cada 100.000 habitantes. A pesar de que son unos 2.200 casos al día, el dato parece una nimiedad en comparación con la tasa de 135 contagios que alcanzó Bélgica en octubre (superando los 23.000 en algunas jornadas) o los 88 que notifica el país que más casos nuevos respecto a su población cuenta actualmente: Portugal.

El 11 de enero los medios chinos anunciaron el primer fallecido por coronavirus del mundo. En aquellos días, Tailandia o Japón fueron algunos de los primeros lugares en reportar casos importados, y los investigadores de la OMS comenzaron a encontrar las primeras pruebas de que la transmisión del virus entre humanos era posible.

A partir de este momento, se suceden las reuniones y los comités hasta que el 30 de enero el director general de la OMS, Tedros Adhanom, decretó el máximo nivel de alerta sanitaria: el brote se convirtió en una emergencia de Salud Pública de interés internacional.

"La razón principal de esta declaración no es lo que está pasando en China, sino lo que está pasando en otros países", señaló entonces Adhanom. El mundo contaba 7.834 casos confirmados y 170 muertes y la "gran preocupación" de la OMS era "el potencial del virus para expandirse por los países con sistemas de salud más débiles o menos preparados para lidiar con él".

Más allá de la calidad de los sistemas, un año después de estas palabras, la virulencia de la pandemia sigue fatigando a profesionales sanitarios de todas las latitudes y ha puesto a prueba unos servicios públicos cuyas costuras creíamos indestructibles.

Wuhan cumple un año de su confinamiento contra la COVID-19

El coronavirus llega a Europa

Para cuando la OMS bautizó a la enfermedad causada por el nuevo coronavirus como COVID-19, esta ya estaba presente en más de una treintena de países. Entre ellos se encontraba España, que notificó su primer caso importado el 31 de enero: un turista alemán que dio positivo en la isla canaria de La Gomera. Unos días antes, Francia había sido el primer país de Europa en informar de tres casos de coronavirus. Todos eran personas que habían llegado desde Wuhan.

A comienzos de marzo, con más de 100.000 personas contagiadas en todo el mundo, los casos en Italia y en España empezaron a despuntar sobre los del resto de Europa y la OMS hizo un llamamiento para que los países se esfuercen en "frenar, contener, retrasar y reducir el impacto del virus". El día 11 del mismo mes, el brote se convirtió en pandemia y apenas dos jornadas más tarde -el 13 de marzo- la OMS calificó a Europa como su epicentro fuera de China.

Antes de que acabase el mes, España ya superaba a Italia en casos diarios por cada 100.000 habitantes y Suiza era el territorio más afectado del continente respecto a su población, con una media de 12 notificaciones diarias por cada 100.000 habitantes.

Enero a abril de 2020: El coronavirus llega a Europa

Confinamientos generalizados para doblegar la curva

Los acontecimientos se aceleran. Siguiendo el modelo de China, que confinó Hubei -una provincia con una población algo superior a la de España- para detener el avance de la epidemia. El Gobierno español decretó el estado de alarma el 13 de marzo, el segundo de la democracia. Todos los españoles quedaron confinados en sus casas en menos de 24 horas. Una reclusión que algo más de tres meses con un único objetivo: doblegar la curva.

Como en otros países que recurrieron a esta herramienta, la finalidad de la medida iba más allá de salvar vidas: hacía falta frenar los contagios para liberar unos hospitales desbordados, con camas y personas sentadas en los pasillos que esperaban a ser atendidos por una enfermedad para la que todavía hoy no existe tratamiento. El recuento de muertes era tan alto que Madrid llegó a habilitar una pista de hielo como morgue.

En abril, los casos se multiplican por diez y el mundo supera el millón de contagios. El foco se traslada a Francia, en estado de emergencia sanitaria desde el 21 de marzo, y a Irlanda. Tras la estela de otros países, ambos impusieron cuarentenas domiciliarias y cerraron comercios no esenciales, hostelería y locales de ocio. Además, la educación dejó de ser presencial y se trasladó a la red, y la Unión Europea tomó una decisión sin precedentes: cerrar sus fronteras y no dejar entrar a ciudadanos de terceros países.

El virus despierta en América

Mientras el viejo continente se adentraba en un verano de nueva normalidad con la transmisión de la enfermedad al mínimo, la COVID-19 atravesaba de norte a sur el continente americano. También llegaba con menor devastación a Australia o África.

Aunque Estados Unidos ya había reportado su primer caso importado de COVID-19 el 21 de enero, el coronavirus comenzó a repuntar en Sudamérica a finales de mayo. Para entonces, Argentina era el país más afectado de la región e informaba de cerca de 30 casos al día por cada 100.000 habitantes.

Al tiempo que el virus se seguía extendiendo por el subcontinente americano, el mundo puso momentáneamente los ojos en la península arábiga. Allí, Emiratos Árabes Unidos había reportado sus primeros casos el 29 de enero y, a finales de mayo, Qatar alcanzó tasas de récord. Países cercanos como Kuwait y Omán también se vieron muy afectados.

En junio Beijing informa de un nuevo foco y Brasil se convierte en el tercer país con más muertes acumuladas por encima de Italia. Pero, a mediados de julio, América del Norte supera cualquier expectativa. La suma de los casos por 100.000 habitantes de Estados Unido, México y Canadá sobrepasa las curvas del resto de regiones del mundo.

Con más de dos millones de contagios a sus espaldas, EE.UU. comenzó a levantar restricciones, mientras Donald Trump -que todavía no se había contagiado con el virus- aseguraba que el país había "superado en gran medida" la pandemia. También México comenzó una desescalada tras rebasar los 200.000 contagios y las 25.000 muertes.

En paralelo, la OMS volvió a alzar la voz para advertir de que al menos 73 países en todo el mundo se encontraban a punto de quedarse sin antirretrovirales, los fármacos utilizados para paliar los efectos de la COVID-19. Asimismo, los respiradores que mantenían con vida a los pacientes más graves escaseaban en otros 24 estados.

Mayo a agosto de 2020: el coronavirus desunta en América

España, de nuevo el punto más caliente de Europa

La pandemia seguía golpeando con fuerza al continente americano, que acumulaba en torno a la mitad de los nuevos casos diarios en el mundo. Sin embargo, a finales de agosto España se vuelve a convertir en el epicentro europeo del desastre. Solo Moldavia, un país con 13 veces menos población, lo superaba en media de casos diarios por habitante.

Con notificaciones de más de 9.000 y 6.000 casos al día, España y Francia eran dos de los países europeos en los que el coronavirus crecía a mayor ritmo tras las vacaciones de verano y la incidencia de la COVID-19 aumentaba especialmente en los grupos de edad más jóvenes en el conjunto de Europa.

Aunque nunca se fue, el coronavirus regresó a un continente que ya empezaba a mostrar síntomas de agotamiento. El director regional de la OMS, Hans Kluge, advirtió de un posible incremento de la pandemia con la transición del verano al otoño, al conjugarse la vuelta a los colegios, la temporada de gripe y la mayor mortalidad de los ancianos durante el invierno.

El mundo se aproximaba entonces a los 25 millones de personas contagiadas y Perú era ya el país que más muertes notificaba en relación con su población. La segunda ola se cernía sobre Europa.

El virus despliega su segunda ola

Los presagios se cumplen y -con mayor capacidad de detección que en marzo y abril, al incorporar un nuevo tipo de prueba diagnóstica: los test de antígenos- Europa ya superaba las notificaciones más altas de Norteamérica a mediados de octubre.

Las demandas de ayuda psicológica aumentaron en todos los países y la curva europea siguió ascendiendo hasta límites insospechados. En noviembre superó los 39 casos diarios por cada 100.000 habitantes para el conjunto del continente frente a los poco más de seis de la primera ola.

Aunque la pandemia remitió en otras latitudes, no lo hizo en Estados Unidos. Por su parte, Argentina, que había vivido un periodo de cierta calma, volvió a liderar las infecciones diarias en relación con su población al otro lado del charco.

"Es importante romper las cadenas de transmisión", señalaban entonces las autoridades sanitarias internacionales, que pedían a los Gobiernos que se centrasen en rastrear el virus y evitasen la politización. Tras reunir por quinta vez en menos de un año a su Comité de Urgencia, la OMS añadió una recomendación más: que los países se preparasen para la llegada de la vacuna.

Octubre a noviembre de 2020: Europa alcanza cifras récord de contagios

Los contagios explotan tras la Navidad

Y la vacuna llegó. La Unión Europea comenzó simultáneamente la vacunación el 27 de diciembre y, a sus 96 años, Araceli se hizo famosa al recibir la primera dosis del fármaco. "A ver si conseguimos que el virus se vaya", pedía desde una residencia de Guadalajara.

Pero cuando despertó, el virus seguía aquí y ahora golpea con más fuerza -o tal vez es que sabemos mucho más de él que al principio-. Después de relajar las restricciones para celebrar las Navidades, el mundo se ha subido a la tercera ola de la pandemia sin bajarse de la segunda y los países avanzan a plusmarca diaria, atemorizados por nuevas variantes de origen británico, brasileño o sudafricano.

En la última semana, en la que en todo el mundo se han sumado 4,7 millones de nuevos contagios, España ha notificado más casos diarios que nunca (193.139). Las muertes también han batido su récord a escala global -al superar las 93.000 en los últimos siete días, según el informe epidemiológico de la OMS más reciente-, con un Reino Unido disparado, que ha llegado a informar de 1.820 muertos con COVID-19 en un solo día.

Las cosas tampoco van mejor en América: Panamá supera en casos diarios por habitante a Estados Unidos, cuyo nuevo presidente, Joe Biden, hereda hospitales saturados, casi 25 millones de personas contagiadas y más de 400.000 fallecidos. Por su parte, Sudáfrica acumula dos de cada cinco casos de los más de tres millones que ha notificado hasta ahora el continente africano.

Mientras tanto, la vacuna ya se extiende por el mundo y en España hay casi 90.000 personas que han completado su ciclo de vacunación. Estos medicamentos nos están dando esperanza, señalaba este viernes el director de la OMS, Tedros Adhanom, pero advertía: "No podemos acabar con la pandemia en ninguna parte si no terminamos con ella en todas partes".

[Especial en el Lab de RTVE.es: El viaje de la vacuna

Noviembre de 2020 a enero de 2021: la tercera ola se extiende por el mundo

Un año después de que el coronavirus se convirtiera en un problema sanitario internacional, algunos gobiernos vuelven a aplicar confinamientos. Las restricciones se endurecen día a día para volver a poner bajo control la transmisión comunitaria del virus.

Aunque la situación sigue siendo complicada, y en España vuelve a haber hospitales de campaña en previsión de una avalancha de pacientes, tanto el Ministerio de Sanidad como la Organización Mundial de la Salud creen que, al menos en los contagios, parece que la curva comienza a estabilizarse.

Así lo hace en América, Europa y el Sudeste Asiático, que reportan ligeros descensos en los casos nuevos de la última semana, según la OMS. Sin embargo, no hemos derrotado al virus y puede que en los próximos días el foco se traslade al Mediterráneo Oriental, África y el Pacífico, donde los contagios comienzan a crecer de nuevo.

Por su parte, las calles desnudas de vida por el confinamiento de hace un año en Wuhan se han vuelto a llenar. La gente pasea, sale a hacer sus compras y se respira cierta normalidad. La medida tuvo una dureza sin precedentes, pero las autoridades chinas aseguran que ha servido para hacer de esta ciudad, donde ya se celebran hasta festivales musicales, una de las más seguras del mundo.