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Festival de San Sebastián

'Akelarre': el empoderamiento y rebeldía de las 'brujas vascas' de siglo XVII

  • Pablo Agüero dirige la primera de las películas espñolas a competición por la Concha de Oro

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Las actrices Yune Nogueiras, Lorea Ibarra,Jone Laspiur eIrati Saez de Urabain en la presentación de 'Akelarre'.
Las actrices Yune Nogueiras, Lorea Ibarra,Jone Laspiur eIrati Saez de Urabain en la presentación de 'Akelarre'.

Si el arranque del festival fue la embriagada visión del turista de San Sebastián (a cargo de Woody Allen), en su segundo día el certamen se sumerge en los oscuros rincones de la historia vasca con dos producciones: Akelarre, sobre las cazas de brujas de la llamada ‘brujería vasca’, y la presentación de la esperada serie Patria, sobre los años de plomo, terrorismo y víctimas de ETA.

Durante siglos, la inquisición ajustició a miles de mujeres por toda Europa bajo cargos de adorar a belcebú. El País Vasco y norte de Navarra, con su secular aislamiento, valles recónditos e idioma ignoto para un foráneo, fue territorio especialmente castigado con esos ajusticiamientos con pena de hoguera. Cualquier denuncia dirigida a una mujer de celebrar una reunión para adorar al macho cabrío (akerra) en un prado (larre) la noche del viernes al sábado era una condena por aquelarre o sabbat.

Es el punto de partida de Akelarre, primera de las dos películas españolas que compiten por la Concha de Oro, dirigida por el argentino Pablo Agüero e interpretada por Amaia Aberasturi (como joven denunciada) y Alex Brendemühl (como inquisidor) y que, con sus ecos feministas y análisis de la represión, conecta con la actualidad.

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Agüero sitúa su película en 1609, aunque huyendo por un lado de una fidelidad histórica (que sabe imposible) y, por otro, de clichés artísticos. “La idea que tenemos de una época es algo que vamos copiando de una película a otra. No tenemos documentos fidedignos de cómo hablaban, cómo caminaban. Mi objetivo era dar una atemporalidad, respetando lo que sí sabemos, pero buscando una narración verosímil”.

El cineasta lleva años con el proyecto de esta coproducción que, aunque rezume esencia vasca, conecta con su pasado porque dice haber “crecido en el bosque” y comprender “la naturaleza y la lucha por la supervivencia”.

“Es fruto de una larga investigación. A partir del libro de Pierre de Rosteguy de Lancre (inquisidor francés autor en 1609 de Tratado de brujería vasca: descripción de la inconstancia de los malos ángeles y demonios), que retrataba a la bruja como una mujer revolucionara, fui llegando a la singular historia del pueblo vasco, que, al contrario que los bretones o cátaros, resistió”, explica Agüero.

La caza de bruja, un momento "fundacional" de la historia

Para el cineasta, la caza de brujas forma parte del origen de algunos aspectos de la modernidad. “No intenté construirla como un espejo del presente, pero sí cuenta un momento fundacional: ese miedo, que obligaba a denunciar porque si no eras castigado, imponía un clima de terror y un sistema moral que durará siglos”, analiza. “Siglos de terror y perseguir al que piensa diferente y hacer desaparecer su memoria”.

Imaginar esa memoria es el objetivo de Akelarre, que retrata el proceso de unas jóvenes valientes e inocentes enfrentadas a una persecución absurda e implacable. “De alguna manera, la película las devuelve a la vida: tienen una forma de pensar más cercana a la nuestra que la de esos inquisidores que, con toda su cultura, eran más retrógrados”.

La actriz Amaia Aberasturi lo remata más claramente: “¿Qué es ser bruja o brujo? ¿Hacer lo que quieras y cuando quieras sin molestar a nadie? Pues ojalá esté lleno el mundo de brujas y brujos”.

Mientras, como recordatorio de que la covid-19 sigue muy presente, François Ozon (ganador de la Concha de Oro en 2012 con En la casa) ha cancelado su visita a Donostia por ser contacto de un positivo. Las salas de cine, decía ayer Jose Luis Rebordinos durante la gala de la inauguración del festival, “son un lugar tan seguro como cualquier otro”, pero quizá el problema es que cualquier lugar no sea suficientemente seguro.