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Festival de San Sebastián

Elena Anaya: "Woody Allen puede hundirte con sus comentarios, pero siempre tiene razón"

  • La actriz ha sufrido y disfrutado la oportunidad de protagonizar una película del cineasta neoyorquino
  • Rifkin's Festival, participada por RTVE, se estrena el 2 de octubre en salas

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Elena Anaya: "Trabajar con Woody Allen ha sido un privilegio"

Woody Allen vio La piel que habito y apuntó el nombre de Elena Anaya. Ahora la actriz forma parte del universo del director neoyorquino y presenta en San Sebastián Rifkin’s Festival, la película de Allen ambientada en el propio festival, aunque sea otro bien distinto: libre de covid-19

Anaya ha sufrido los rigores de un director exigente en una película donde interpreta a Jo, una doctora que atiende una y otra vez las enfermedades inventadas de Rikfin (Wallace Shawn), un hombre maduro que encuentra en ella una compañía ideal durante su crisis matrimonial.

PREGUNTA.: ¿Formaban parte las películas de Woody Allen de tu educación sentimental?

RESPUESTA: He crecido viendo sus películas. Esos personajes de Diana Keaton, o incluso los que interpreta él mismo, forman parte de mi vida porque amo el cine y me han hecho reír y llorar. He viajado con su música, con sus imágenes, con esos atardeceres de Nueva York. Me parece uno de los mejores y más exquisitos cineastas en la historia. Sigo sin creerme mucho haber podido hacer una película con él. Espero verla ahora en la pantalla de San Sebastián, y no en una pantalla de ordenador como la vi.

P.: ¿Cuál fue esa primera impresión con la película?

R: No me gusta verme, lo paso mal, soy tremendamente crítica y creo que lo he hecho fatal. Y aquí me pasó lo mismo. Hay cosas de montaje que no termino de entender. Siempre me despisto cuando no se incluyen tantas secuencias o trozos de secuencias que para mí son fundamentales: es como si se hubiera alterado el resultado. Tengo que volver a visualizarlo para encajarlo.

P.: ¿Tanto metraje te han cortado?

R: Bastante. La sensación es brutal.

P.: Mencionabas los personajes de Diane Keaton. La impresión es que en está película interpretas un ideal de Allen. La admiración del protagonista hacia tu personaje es casi la admiración de Allen hacia la mujer.

R.: Hombre, gracias. Yo creo que sí. El personaje que interpreta Wallace Shaw inicialmente era para un actor de 40 años. Cuando leía el guion pensaba: este personaje es Woody Allen y sería genial que el personaje tuviera 75 años. Me imagino que es algo que Woody Allen puede pensar: encontrar a una doctora con la que coincida en gustos cinematográficos y que compartan hamburguesas y sean como dos almas gemelas que se curan y no se separan.

Y un día me llamó su productora y me dijo: tenemos una sorpresa, el personaje va a tener el doble de edad. Me pareció la bomba, enriquecía la historia que encontrase un alma gemela más mayor que ella.

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R.: ¿Es verdad que no da indicaciones a los actores sobre el personaje?

R.: Es verdad en cuanto a que no pierde el tiempo hablando. Te manda un guion tan bien escrito que no da lugar a que dudes quién eres, qué te pasa, qué sientes y qué atraviesas. Cómo lo vas a preparar es asunto tuyo. Y si le va a gustar a él es una sorpresa que averiguas el primer día de rodaje. ¿Confía? Creo que sí que confía, pero es absolutamente exigente con lo que ve en el monitor. Alguien me decía que estaba tan mayor que parecía que se dormía. No: es muy atento, espabilado y observador. Tiene unos ojos que parecen rayos X. Si quería repetir te decía: “Cámbialo, hazlo bien”.

P: Pero tiene fama de rodar poco y ser un director rápido.

R.: Eso es verdad. Porque siempre se lleva dos tomas buenas. Si la primera y segunda son buenas, no necesita hacer más. Si no le gustan y necesita hacer 47, las hace. Te lo digo yo. (risas).

P.: ¿Cuál es tu impresión personal de él?

R.: Es como se ha mostrado durante tantos años: muy tímido, muy celoso de su tiempo. Un amante absoluto del cine, tremendamente divertido. Tiene una agilidad mental para conversar contigo de lo que sea. Te da mil vueltas porque es difícil de seguir de lo rápido que va. Tiene mucho sarcasmo, mucha ironía. Tanta que a veces te dejaba perpleja, pero es su forma de hablar. No tiene delicadeza cuando te dice: “lo que acabas de hacer es absolutamente terrible”.

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P.: ¿Tan crudo?

R.: Si, puede hundirte y dejarte desmayado en el set. A mí me cayeron varias y por la noche su productora me decía que a Cate Blanchett o Kate Winslet les decía lo mismo. Te decía de pronto: “eres una actriz de soap opera terrible". La primera vez piensas que te van a llamar de Mediapro para que hagas las maletas y que venga otra actriz. Pero fue muy divertido cuando pude encajar su sentido del humor y manera de hablar. Y nunca me dijo algo que no fuera justo. Estaba de acuerdo.

"No hago reuniones sociales, no quedo a cenar con amigos. Voy al festival como parte de mi trabajo, pero con responsabilidad"

P.: Tú personaje encarna una idea muy presente en su filmografía: no podemos racionalizar las relaciones y el amor, estamos abandonados a nuestra suerte.

R.: Sí, a nuestro destino. Totalmente de acuerdo. Es el leitmotiv de Jo. Así vive, ha vivido y vivirá durante su vida: nadando a contracorriente. Su corazón manda y puede con la razón, la lógica y el análisis. Está casada con un alcohólico, maltratador, mujeriego; lo pasa fatal y quiere vivir tranquila. Pues no: va a hacer lo posible por cuidar a esa persona que la quiere de manera tan egoísta. Eso no es querer, pero para hacer ese análisis tiene que atravesar algo que Jo no ha atravesado.

P.: Siempre has afirmado que, aunque defiendes el movimiento #metoo, no tenías motivos para no trabajar con Allen. ¿Crees que en un caso que muestra que pueden cometerse excesos con los boicots

R.: No lo sé. No soy una estudiosa del caso para dar una respuesta clara. Mi manera de pensar respecto a este tema es clara y siempre he sido muy contundente: a veces dar opiniones es fácil y eso puede generar muchos conflictos y hacer mucho daño. No solamente a la persona afectada, sino a las personas que le quieren, le rodean y le tienen cariño.

P.: Como suele suceder con los actores en las películas de Allen, rebajaste tu caché para trabajar en la película. ¿Cómo estás viviendo la situación de un sector en una aguda crisis con la pandemia?

R.: Con muchísima incertidumbre y mucha preocupación. Y con ganas de seguir apoyando el cine y de que la gente disfrute de ese placer tan enorme de sentarse en una sala oscura. Pero la situación, no solo del cine, sino del mundo es tremenda. Todos tenemos que hacer lo que esté en nuestro alcance para ayudarnos, ser más sensatos, protegernos los unos a los otros y que la situación no vaya a más. Hay algo que tiene que ver con el civismo y la empatía, con pensar con el otro y no solo en uno, que es fundamental.

Y, respecto al cine, siento que se quieren producir muchas cosas, que la energía y ganas están ahí, pero lo fundamental es que la gente quiera volver al cine, que los exhibidores puedan mantener sus salas abiertas, con todas las medidas. Que en el cine parecen necesarias, pero en un tren AVE a Málaga con totas las plazas ocupadas, no. Hay que tomar medidas de manera igualitaria. Apoyar, defender el cine, seguir viendo películas y disfrutándolo.

"Hay que ser igualitario con las medidas: en el cine parecen necesarias, y en el AVE no"

P.: ¿Tenías dudas de si era buena idea celebrar el festival?

R.: Sí, no veo normalmente a nadie, no hago reuniones sociales, no quedo a cenar con amigos. Solo veo a la gente más próxima a mi vida y familia. Ir a un festival, subir a un avión, atender a gente… Me preocupa, me da miedo. Lo hago como parte de mi oficio, con mucha responsabilidad y todas las medidas, pero no es lo que más me apetece en cuanto a riesgo. Helen Robin, productora de Allen, me sigue diciendo: qué increíble que se vaya a celebrar el festival. En España las cosas están mal y lo saben, incluso más que nosotros mismo

P.: Desde luego pareces estar lejos del clásico personaje neurótico de Allen que se pregunta obsesivamente sobre el absurdo y el sentido de la vida.

R.: No me obsesiona, me acompaña. Y me hace ser quién soy. Me parece que solo se pasa por aquí una vez y hay que ser consciente de lo que hacemos y aportamos a cada momento. Hay cosas que te pueden hundir y mandarte al terapeuta o psiquiatra en el peor de los casos, o lo que pueden provocarte es vivir el momento con más fuerza y determinación. Y que las cosas tengan un sentido: si he elegido hacer algo, voy absolutamente con todo, como si fuera la última vez. Eso me ayuda. ¿Por qué estoy aquí? Porque lo he elegido y voy a dar lo máximo y disfrutar de este momento porque no se va a volver a repetir.