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Coronavirus

Las lecciones de Lleida para no volver "a la casilla de salida" de la epidemia

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Dos sanitarias salen del CAP Prat de la Riba de Lleida, donde se centraliza la atención a los posibles afectados por la covid-19. EFE

La situación de El Segrià, la primera gran transmisión comunitaria de la nueva normalidad, ha interrumpido bruscamente la visión más optimista de la pandemia, aquella que recelaba del regreso a las medidas más restrictivas del estado de alarma, y deja una duda flotando en todo el país: ¿estamos ante el inicio del verano de los confinamientos o es una excepción de la que podemos aprender?

La mayoría de los epidemiólogos responden que podemos aprender, pero con un condicional: solo si las administraciones invierten más en salud pública. “Esto tiene que ser un pequeño aviso para que las CC.AA. refuercen los servicios de salud pública y la coordinación con atención primaria. Existiendo virus circulando, la probabilidad de que haya brotes que se vayan de las manos existe”, explica a RTVE.es Pedro Gullón, vocal de la Sociedad Española de Epidemiología.

En la escala epidemiológica de los adjetivos, “preocupante” se refiere a una situación con brotes y “alarmante” a la temida transmisión comunitaria, situación en la que el confinamiento domiciliario se impone como único remedio contra el virus. “Cuando hay transmisión comunitaria sin control, nos plantamos en la casilla cero de la epidemia”, alertaba la semana pasada Oriol Mitjà, infectólogo asesor de la Generalitat.

Los datos estrellas de esta fase ya no son el número de contagiados, hospitalizados o fallecidos, sino el tiempo desde inicio de síntomas hasta que se realiza la PCR, el tiempo desde inicio de síntomas hasta el aislamiento, o, de cada caso cuántos contactos se han identificado y cuántos son positivos. Datos más finos que ya no son públicos, pero que determinarán la capacidad de atajar el brote.

Más recursos de salud pública

Además de demorar el contagio masivo, la desescalada tenía otro propósito: ganar tiempo para que las CC.AA pudieran dotarse de recursos para afrontar los brotes de la nueva normalidad. Hasta el crecimiento de casos en El Segrià, la sensación era que se estaba logrando.

“Durante la desescalada hemos intentado compensar muchos años de recortes en salud pública y servicios de epidemiología. Esto ha funcionado muy bien cuando había una baja demanda de casos y pocos brotes. ¿Cuál ha sido el problema? Que los refuerzos en Cataluña no han sido suficientes”, opina Gullón.

Helena Legido-Quigley, profesora de salud global en le Universidad de Singapur, se atreve a cuantificar esa carencia. “Hace falta como mínimo una persona por cada 4.000 habitantes y por tanto en Cataluña harían falta 2.000. Actualmente hay 180”, explica en TVE. “Es difícil porque hemos vivido una década de austeridad pero todo lo que invirtamos será mejor para la salud y la economía".

También Mitjà cifró en RNE esa escasez de recursos humanos. "Se ha reforzado el rastreo con 200 personas; solo con que haya 300 posibles contactos infectados tendrían que hacer 10.000 llamadas durante los 14 días de cuarentena, algo imposible para tan poca gente".

Cuidar las condiciones sociales de los trabajadores

Mucho se ha hablado de la particularidad de los más de 25.000 temporeros agrícolas de la fruta de El Segrià por dos motivos: en primer lugar, sus condiciones sociales y situación de hacinamiento que facilita la transmisión.

"En Singapur los inmigrantes se infectaron en número muy elevado y el Gobierno impuso un test agresivo, con PCR continúa, separando positivos y negativos, y les dieron alojamiento”, explica Legido-Quigley. Si el altruismo no ha servido para subsanar la precaria situación de los temporeros, tal vez lo haga el egoísmo ante el miedo a la enfermedad. “Lo principal es que necesitamos medidas estructurales, preocuparnos por sus contratos, darles más sanidad y, como sociedad, preocuparnos de cómo tenemos que tratar a los inmigrantes cuando vienen a nuestro país", añade.

El peligro de la movilidad en la temporada turística

Pero el segundo motivo de preocupación con la situación de los temporeros era por su movilidad por la península y otros países. Precisamente ahora, en la segunda quincena de julio, España entra en la diáspora masiva de las vacaciones y millones de personas cambian de ciudad o comunidad autónoma.

“Cuando hay movilidad de personas de zonas con más riesgo a zonas de menos riesgos, por desgracia ya no hay nada 100 por 100 seguro”, explica Gullón. “La única manera de controlar el virus sería estar todos un año en casa. En la tensión que existe entre economía y salud, en cuanto abrimos cualquier aspecto económico ya abrimos una ventana de riesgo. Por eso tenemos que saber jugar dentro de este espectro hasta dónde queremos abrir”.

Las reuniones familiares, el mayor riesgo de contagio

Estadísticamente, si tienes la covid-19, lo más probable es que te haya contagiado tu círculo íntimo. Sin embargo, las dinámicas sociales han desescalado en otra lógica y muchas veces se ignora o se asume el riesgo de contagio familiar.

“Es una paradoja: un 40% de los brotes se dan en reuniones familiares que se producen en el interior de los hogares sin medidas de protección. No por ser familiares dejan de ser son personas que nos pueden contagiar el virus. Esto remite a la época más aguda del VIH cuando parecía que solo existía en ciertos grupos poblacionales”, recuerda Gullón que recomienda insistir en las medidas de protección y de mantener esos encuentros, hacerlos en el exterior si es posible.

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