Enlaces accesibilidad

Coronavirus

Avanzar en la desescalada frenando la contaminación, el reto hacia una 'nueva normalidad ambiental'

Por
Una mujer con mascarilla circula en bicicleta por A Coruña
Una mujer con mascarilla circula en bicicleta por A Coruña EFE/Cabalar

Calles vacías, coches parados y millones de personas en casa. El coronavirus nos ha dejado imágenes insólitas en la historia reciente, pero también un cambio de hábitos en muchos aspectos de nuestras vidas: teletrabajo, aumento del uso de la bicicleta o de los desplazamientos a pie, niños corriendo por calles peatonalizadas o la apuesta por los pequeños comercios de alimentación que subían cada día su persiana a pesar de la crisis.

Esto ha abierto el debate sobre si algunas de estas nuevas costumbres adquiridas pueden extenderse a lo largo del tiempo para afrontar preocupaciones aún latentes como el cambio climático o la reducción de emisiones a la atmósfera. Aunque la contaminación se redujo a un 58% de media en toda España entre el 14 de marzo y el 30 de abril, con la vuelta a la actividad esta sufrió recientemente un repunte en ciudades como Barcelona, algo que preocupa a los expertos ante un posible aumento de emisiones superior a los niveles anteriores a la pandemia.

También se divisa en el horizonte la Ley de Cambio Climático, que prevé la descarbonización de España antes de 2050 y cuyo anteproyecto fue aprobado en el Consejo de Ministros el pasado martes. Su fuerte apuesta por las energías renovables, la movilidad sostenible y la reducción de emisiones, unidos a los cambios de hábitos de los ciudadanos, hacen plantear si debemos aceptar desde ya una "nueva normalidad", pero de cariz ambiental y cambiar la manera de desplazarnos o consumir.

La bicicleta contra el coronavirus y la contaminación

Aunque al comienzo de la crisis del coronavirus se abrieron muchas dudas alrededor de la bicicleta, esta ha demostrado ser una buena herramienta para mantener la seguridad sanitaria, ya que es un transporte que permite mantener la distancia de seguridad. Esto, unido a la reducción del tránsito de vehículos motorizados y a la necesidad de evitar aglomeraciones en el transporte público, hizo que muchos ciudadanos optaran por la bicicleta.

La bicicleta, un medio de transporte que permite evitar el contagio de COVID-19

Tanto es así, que desde el Ministerio de Transición Ecológica fomentaron su uso como medio seguro durante este aislamiento preventivo, una iniciativa similar que ya se hacía en otros lugares del mundo como Italia, donde se han ofrecido para bonos extender su uso."Nunca me había planteado desplazarme en bici hasta ahora, pero si ponen más carriles y me puedo desplazar con seguridad, dejaré la moto en casa", asegura Jose a RTVE.es, un valenciano que ha cambiado de transporte para ir a trabajar durante la pandemia.

Nunca me había planteado desplazarme en bici hasta ahora

Desde organizaciones ciclistas como la Asociación Pedalibre o Red de ciudades por la bicicleta se pide que se mantenga en España el apoyo hacia este transporte a nivel regional y estatal con medidas como habilitar corredores ciclistas directos entre poblaciones vecinas, la reducción de la velocidad máxima en áreas urbanas a 30 km/h o aumentar el número de aparcamientos dedicados a la bicicleta.

Comercio de proximidad ante la crisis económica y ambiental 

La restricciones en la movilidad y la necesidad de desplazarse a pie o bicicleta también han cambiado la manera de consumir. Durante la crisis del coronavirus son muchos los que han apostado por los comercios más cercanos o la venta directa del productor al consumidor, algo que también ha ayudado a la disminución de la contaminación y al impulso de los productos locales.

"Hay que ayudarse en los tiempos dificiles", apunta Ana, una joven madrileña que cuenta que, a partir de ahora, optará por los comercios de su barrio a la hora de hacer la compra. "He conocido mejor a los dueños y los productos. Elegía los centros comerciales, porque pensaba que era más práctico, pero ahora veo que tienen mucho que ofrecer y, a veces, es como comprarle a un amigo", añade.  

Las pequeñas tiendas de barrio recuerdan que muchos de estos negocios siguen abiertos al público durante el confinamiento por el coronavirus y reivindican la próximidad como uno de sus principales valores. Además, piden a los clientes que apuesten por este tipo de compra ya que, según aseguran, contribuye a las familias del barrio en "tiempos difíciles".

Otra de las modalidades de compra que han resurgido con fuerza durante el coronavirus, es la online o el aumento de pedidos a comercios cercanos, un hecho que podría suponer un impulso de la logística urbana más sostenible ante la falta de vehículos o restricción de entrada a las ciudades. Esta se basa en la agrupación de pedidos en un punto en vez de su dispersión por el territorio, o la del  reparto de 'última milla', es decir, hacer la última fase del transporte hasta que llega al cliente a través de ciclistas o repartidores a pie, cuando se trate de mercancías pequeñas, y con condiciones de trabajo seguras. 

Una "nueva normalidad" ambiental de cara a la Ley de Cambio Climático

Los cambios en la movilidad y el consumo han supuesto un leve preludio de lo que puede suponer la aplicación de la Ley de Cambio Climático, cuyo anteproyecto fue aprobado el pasado martes en el Congreso de Ministros.  En ella, se apuesta por la movilidad urbana sostenible, el fomento de áreas libres de emisiones, el impulso de las energías renovables y la transición justa de cara a 2050, lo que ha sido calificado por la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, como "una oportunidad" para la reconstrucción. 

El Gobierno impulsa la Ley de Cambio Climático

Esto va en línea con organizaciones ecologistas como WWF, que consideran que es precisamente este tipo de leyes las que deben regir la recuperación económica tras el coronavirus. "Consideramos que la 'nueva normalidad' en España debe significar la apuesta por un modelo energético más limpio, eficiente y renovable", asegura la organización en un comunicado.

Otras instituciones como Ecologistas en Acción, sin embargo, piden más "ambición" en la normativa. "En estos momentos de emergencia sanitaria y social se hace imprescindible avanzar en el marco de una salida a la crisis que debe de dar una doble respuesta social y ambiental", indican en una nota. 

Preocupación ante el aumento de mascarillas y guantes en las calles

Pero no todo han sido buenos hábitos durante el confinamiento. La extensión del uso de mascarillas y guantes desechables ha generado en algunos casos problemas de residuos en las ciudades. Así lo denunció Protección Civil de Valladolid en Twitter al pedir a los ciudadanos que no se deshicieran de estos materiales en las calles al provocar residuos y problemas de higiene. "Por favor, toma conciencia del mal que provocan estas actuaciones. Salir de esta situación es tarea de todos. Sumemos juntos y con civismo", pidieron en breve, pero contundente mensaje.

Esto se ha repetido en ciudades como Madrid, donde ciudadanas como María reconocen que han tenido que llamar la atención a algunos ciudadanos por tirar los guantes desechables al suelo al salir de los comercios. "No entiendo este comportamiento, si tienes miedo a contagiar o contagiarte, lo lógico sería tirarlo directamente a la basura para que nadie lo manipule, por no hablar de la gran cantidad de residuos no biodegradables, en muchos casos, que se están dejando al aire libre", señala. 

La expansión del uso de los guantes y mascarillas que nos protegen del coronavirus ha planteado dudas sobre como gestionar estos residuos. Una vez usados, estos materiales no van ni al contenedor amarillo ni al marrón, sino que deben depositarse en el naranja, ya que no se pueden reciclar. En el caso de no tener una papelera cerca, no deben abadorse en la calle o tirarlos al suelo en ningún caso, puesto que pueden acabar contaminando los mares o los espacios naturales.

Noticias

anterior siguiente