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Coronavirus

Solos durante la cuarentena: "Como no acabe pronto, a muchos nos terminará matando"

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Como cada día, muchos mayores salen a las ventanas para combatir la soledad del aislamiento decretado por el coronavirus
Como cada día, muchos mayores salen a las ventanas para combatir la soledad del aislamiento decretado por el coronavirus EFE/Álvaro Caballero

Son muchas las personas que pasan la cuarentena en soledad. A los que viven solos por elección, esta situación les ha privado de su independencia y su vida social. A los que no tienen otra alternativa, el no poder salir de casa se está convirtiendo en un sufrimiento mayor que incluso el propio virus.

“Como esta situación no acabe pronto, la soledad a muchos nos terminará matando”, nos cuenta Pedro, que cumple 86 años el próximo mes de mayo, quién sabe si aún en cuarentena.

Los mayores forman uno de los colectivos más vulnerables frente a la enfermedad. Según los datos del Ministerio de Sanidad, un 67 % de los fallecidos con coronavirus supera los 80 años. El aislamiento domiciliario en estos casos es fundamental, aunque esto implique inevitablemente limitar el contacto con sus seres queridos.

“Mi hijo viene cada tres o cuatro días con guantes y mascarilla a traerme comida. Deja las bolsas en el rellano y se va. No sé para quién de los dos es más duro… Solo de pensarlo me dan ganas de llorar”, lamenta Pedro.

Su mujer murió hace casi 10 años y, desde entonces, nos dice, su única ilusión es pasar los fines de semana con sus dos nietos, a los que ahora ve a través de una pantalla: “Es el mejor momento del día”, nos cuentan con un brillo especial en los ojos, aunque reconoce que cuando termina la llamada, el silencio vuelve a empañarlo todo.

La importancia de la asistencia social

Precisamente para ayudar a personas como Pedro trabajan los Servicios Sociales en España, prestando apoyo psicológico o una atención sociosanitaria adecuada cuando el envejecimiento les lleva a situaciones de dependencia.

Elena, que es trabajadora social, explica a RTVE que en estos momentos la asistencia a este colectivo es fundamental ya que necesitan que una persona se encargue de todas aquellas tareas que ahora no pueden realizar por el hecho de quedarse en casa. “Nuestro personal está priorizando las gestiones fuera del domicilio para evitar al máximo los contactos de estas personas con el exterior”, asegura.

Es muy importante que se sientan acompañados durante estos momentos

Así, aquellos ancianos que antes no recibían asistencia, disponen ahora de una persona que se encarga de hacerles la compra, ir al banco o, simplemente, escucharles. “Es muy importante que se sientan acompañados durante estos momentos”, precisa Elena, por lo que también se ha puesto en marcha un servicio de teleasistencia desde el que están en permanente contacto con ellos y con el que pueden solicitar ayuda en situaciones de emergencia con solo apretar un botón.

Además, el servicio de Protección Civil está en permanente contacto con estas personas y también un gran número de personas anónimas se han ofrecido de forma voluntaria para poner su granito de arena en la causa.

La compañía de las mascotas

Brindis entre Paloma y su vecino durante el confinamiento

Brindis entre Paloma y su vecino durante el confinamiento RTVE

Una de ellas es Paloma, de 28 años. Desde que comenzó la cuarentena ayuda a una de sus vecinas en la compra diaria. Aunque está acostumbrada a vivir sola, reconoce que “hay momentos de flaqueza” pero intenta sacar siempre una sonrisa, incluso en los peores momentos: “Hoy he quedado con una amiga para tomar un ‘cibervermú’”, nos cuenta entre risas.

Ella tiene la ventaja de vivir este encierro en un piso relativamente grande, de unos 90 metros cuadrados, que comparte con su perra Alma. “La perra me da mucha compañía”, asegura, lo que también le permite aumentar sus salidas diarias sin ser multada.

“La gente se piensa que tener un perro es ‘jauja’ y que los que tenemos mascota nos aprovechamos de la situación sacando al perro durante tres horas, pero lo cierto es que antes le daba un paseo de una hora y se ha reducido a 10 o 15 minutos, con lo que esto también supone para el animal”, explica Paloma.

Otra de sus aficiones durante estos días de cuarentena es charlar con sus vecinos, con los que comparte un patio interior. “El otro día, por ejemplo, les di a probar una botella de vino y compartimos un buen rato a través de la rendija de la ventana”, nos cuenta. Aunque mantienen la distancia por la verja, reconoce que es importante saber que hay personas pendientes de ella y con los que puede mantener una conversación en estos días de aislamiento.

Soledad impuesta

Mientras, la vida de Laura, de 43 años, desde que comenzó este periodo de cuarentena se limita a teletrabajar -por suerte su profesión se lo permite-, hacer ejercicio -desde su gimnasio le mandan vídeos o tablas para que continúe con su rutina- e intentar desconectar lo máximo posible de las noticias del exterior -por ejemplo, escuchando música-.

Para ella la soledad “es perfectamente soportable” ya que “hay cosas muchas más duras que estar en una casa donde tenemos de todo y estamos telecomunicados”, aunque reconoce que sí echa de menos poder abrazar a sus seres queridos, en especial a su sobrino, que cumplió hace unos días 5 años.

“Sientes la soledad de manera palpable, pero tiene una parte buena y es que no discutes con nadie”, nos explica.

A pesar de ser unos momentos complicados para todos, Laura cree que su situación es mucho mejor que la de una persona mayor o la de una familia de cinco personas viviendo en un piso de 70 metros cuadrados. “El ser humano es frágil y vulnerable, y esto nos está poniendo a prueba. Las nuevas generaciones creen que lo tienen todo rápido y por derecho y esto no es así”, critica.

Por eso cree que esta crisis nos hará ver las cosas de otra manera “y ojalá lo hagamos porque precisamente es eso lo que le falta al mundo, humanidad”, reclama con esperanza.

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