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Merkel, una canciller pragmática en busca de cuatro años más de liderazgo en Alemania y Europa

  • El triunfo de Trump en EE.UU. afianza su figura como impulsora de la estabilidad global
  • Puede superar el récord de gobierno de Kohl y Adenauer
  • La sangre fría le ha llevado a derrotar a tres socialdemócratas en primarias
  • La primera mujer en presidir la CDU también perteneció en el pasado a las juventudes comunistas

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La canciller alemana, Angela Merkel
La canciller alemana, Angela Merkel

La canciller Angela Merkel no tiene intención de abandonar su condición de lideresa alemana y europea. Si gana las primarias de su partido, la CDU, a las que está decidida a presentarse, podría revalidar su poder al frente del Ejecutivo tras las elecciones de 2017.

Es un buen momento para ella. La victoria de Donald Trump en Estados Unidos ha revalorizado su figura como impulsora de la estabilidad global y sigue siendo favorita en los sondeos, pese a las tensiones con sus aliados bávaros, quie pedían un giro derechista a su política migratoria frente al auge del voto xenófobo.

Pero Merkel ha decidido seguir la senda de su antecesor y exmentor Helmut Kohl de no apearse del poder a menos de obtener una derrota en las urnas.

Con 63 años (que cumple en julio) y 16 al frente de la CDU, Merkel, al frente del Ejecutivo desde 2005, volverá a intentar ganar tras haber derrotado ya a tres socialdemócratas -el canciller Gerhard Schröder, en 2005; su actual ministro de Exteriores Frank-Walter Steinmeier, en 2009; y el extitular de Finanzas, Peer Steinbrück, en 2013.

A por el récord de Adenauer y Kohl

De imponerse en las generales de 2017, empezará para Merkel una cuenta atrás hacia el récord de Kohl, con 16 años en la Cancillería (1982-1998). De no completar la legislatura, podría quedarse en la marca de Adenauer, el canciller fundacional de la República Federal de Alemania (RFA), con 14 años (1949-1963).

Merkel, con dieciséis años al frente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y en la Cancillería desde 2005, ha multiplicado en este periodo su poder alternado el perfil de la líder implacable que impone austeridad, con el de la "Mutti" o madre para Alemania que, sin hijos propios, adoptó a sus compatriotas, sea para amonestarles o para protegerles.

La sangre fría ha sido el arma con la que ha vencido a todo aquel que cometió el error de subestimarla, fuera el animal político Schröder o los barones conservadoras que quisieron cerrarle el paso.

Un tiburón político

Protestante, inexperta y con un pasado "extranjero" en la comunista República Democrática Alemana, Merkel ingresó en 1990 en la CDU y un año más tarde pasó a ser ministra de la Mujer y la Juventud. En sólo diez años Merkel se convirtió en la primera mujer en presidir la CDU, un partido hasta entonces arraigado en la Alemania occidental, dominado por varones y basado en valores católicos.

La fecha clave en su ascenso fue el 22 de diciembre de 1999, cuando llamó a la CDU a "emanciparse" del patriarca Kohl. Merkel era secretaria general de la CDU, entonces en la oposición y hundida en un escándalo de cuentas secretas en la "era Kohl".

Con su llamada a pasar página, Merkel se convirtió en presidenta de la CDU, tras la renuncia a la jefatura del exdelfín de Kohl, Wolfgang Schäuble, salpicado por el escándalo.

Pero incluso en esa posición encajó algunos golpes, como la designación del bávaro Edmund Stoiber como candidato a arrebatar la Cancillería a Schröder, en 2002.

Stoiber fracasó y tres años después Merkel escribió por partida doble una página de la historia, al convertirse en la primer mujer y primer político crecido en el Este en la Cancillería alemana.

Pragmatismo y sangre fría

Si hasta entonces ninguno de sus rivales la doblegó, a partir de ahí fue imparable o, tal vez, imbatible, en parte gracias a su pragmatismo y a que, a diferencia de otras "damas de hierro" como la británica Margaret Thatcher, con la que fue comparada, Merkel carece de convicciones inamovibles o de grandes visiones.

Sus ideas son como las leyes científicas: meras hipótesis que mantiene hasta que demuestran ser erradas. Y de esta forma actuó ante cuestiones como la energía nuclear, girando de una férrea defensa hasta condenarla tras la catástrofe atómica de Fukushima.

Lo volvió a hacer a raíz de la crisis del euro, que marcó su segundo mandato iniciado en 2009. Merkel descartó ayudas a Grecia que luego aprobó, prometió limitarlas a máximos que luego amplió y atacó herramientas como la compra de deuda pública por parte del Banco Central Europeo (BCE) que luego avaló.

Gracias a esa estrategia, la canciller convirtió la crisis, el mayor reto de su vida política, en el trampolín que elevó su popularidad a niveles récord.

Un pasado comunista

Tanta flexibilidad en su ideología explica cómo puede ser posible que la canciller alemana tenga un pasado comunista. Nacida en 1954, Angela Dorothea Kassner, el nombre con el que vino al mundo en Hamburgo, creció en la comunista República Democrática Alemana (RDA), en la parroquia de pueblo donde su padre ejercía como pastor protestante.

Estudió entre Leipzig y Berlín, lejos de su hogar, y se casó con 23 años con el compañero de estudios del que conserva el apellido, Ulrich Merkel, aunque el matrimonio apenas duró cinco años.

Conoció a Joachim Sauer, por entonces casado y con dos hijos, que se convirtió en el "consejero" de su tesis doctoral en Física y con el que, tras varios años de convivencia, se casó en 1998.

No estuvo entre los cientos de miles de germano-orientales que el 9 de noviembre de 1989 celebraron entre abrazos y cervezas la caída del muro de Berlín, sino que se enteró de la noticia al salir de su sauna semanal y prefirió retirarse a casa porque tenía que madrugar.

Había sido secretaria de propaganda de las juventudes comunistas de la RDA, pero ya antes de la caída del muro había contactado con grupos de la oposición al régimen.

El resto, es el más conocido, a raíz de su llegada al partido socialdemócrata, al que pretende seguir liderando, Merkel ha ido ascendiendo hasta ser una de las líderes mundiales más influyentes.