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Portugal vuelve a elegir gobierno entre dudas por la marcha de la economía

  • El primer ministro Passo Coelho remonta en los sondeos aupado en la incipiente recuperación
  • La oposición esgrime que los recortes siguen pesando sobre la vida de los ciudadanos
  • Se espera una elevada abstención por el hastío y el desencanto de los portugueses
  • Hay un 20% de indecisos y, gane quien gane, la dificultad estribará en formar gobierno

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Portugal vive una jornada de reflexión antes de las elecciones de este domingo

Con las heridas del rescate financiero aún frescas, los ciudadanos de Portugal eligen este domingo, entre hastiados y desencantados, un nuevo gobierno que pilote la incipiente recuperación económica, con la disyuntiva de suavizar los recortes o bien apostar por mantener las políticas de austeridad.

Esta opción es la que parece imponerse en las últimas encuestas, que otorgan la victoria al actual primer ministro, Pedro Passos Coelho, al que a principios de año se daba por amortizado a causa del desgaste que había supuesto la aplicación de las medidas de austeridad.

Sin embargo, su esforzada gestión le ha llevado a remontar hasta situarse en cabeza, con un apoyo estimado del 38%, según los sondeos de opinión publicados en el cierre de la campaña, frente al 33%, como máximo, que conceden a su principal rival, el carismático socialista António Costa, alcalde de Lisboa desde 2007 y partidario de aligerar los recortes.

Gane quien gane, la dificultad estribará en formar un gobierno estable: la mayoría absoluta se cifra en torno a un 44% por ciento de los votos, un umbral que parece inalcanzable para ninguno de los principales candidatos.

A la hora de pactar, Passos Coelho no encuentra ningún partido cercano en el espectro político, toda vez el Partido Social Demócrata (PSD) se presenta coaligado con sus actuales socios de gobierno del Centro Democrático y Social Partido Popular (CDS-PP).

Costa tiene más alternativas teóricas, pero en la práctica tanto los comunistas (PCP) –que concurren en coalición con los verdes- como los marxistas del Bloque de Izquierda (BE) han sido muy críticos con el Partido Socialista y una alianza parece improbable. Hasta el punto que se especula con un gobierno de concentración entre la izquierda y la derecha, al estilo del que encabezó otro socialista, Mario Soares, en los años 80.

Muchos portugueses indecisos… y muchos resignados

La clave, en cualquier caso, estará en el elevado porcentaje de indecisos que arrojan las encuestas, en torno al 20%, aunque hace una semana eran el 34%. A ellos se dirigían en el último día de campaña los principales candidatos, con el reclamo de un gobierno estable que garantice salir de la crisis.

Los dos principales candidatos de las elecciones portuguesas, Pedro Passos Coelho y António Costa

Los dos principales candidatos de las elecciones portuguesas, Pedro Passos Coelho y António Costa. EFE / AFP

"Sin estabilidad no hay confianza, sin confianza no hay inversión, sin inversión no hay creación de empleo", proclamaba todavía este viernes Passos Coelho en uno de sus últimos actos, pidiendo una vez más una mayoría amplia. Costa, mientras tanto, incidía en la misma idea, aunque desde la perspectiva de un cambio: "Podéis contar conmigo, pero es necesario el voto de todos".

No es una petición baladí: los expertos señalan que muchos de esos indecisos se quedarán en casa este domingo, engrosando una abstención que se prevé muy alta entre los más de nueve millones de personas llamadas a votar. En las elecciones municipales de 2013, un 47% de los electores no fueron a votar y en las europeas del año pasado, la abstención llegó hasta el 66%.

En estos comicios no se espera alcanzar esas cotas, pero el desencanto de los portugueses es palpable, tras cuatro años de creciente presión fiscal y deterioro de la calidad de vida: pese a que la economía del país creció en 2014 un 0,9 % después de tres años en recesión y este año se prevé una subida del 1,5%, los quinientoseuristas que cobran el salario mínimo de 505 euros han crecido un 70% y ya representan una quinta parte de los trabajadores por cuenta ajena.

El paro, que llegó a rozar el 18%, ha vuelto a los mismos niveles que tenía cuando Passo Coelho llegó al poder, aunque en buena parte porque medio millón de portugueses han emigrado en estos cuatro años. Y aunque Portugal salió el año pasado del programa de rescate financiero internacional, que evitó la bancarrota del país, muchos de los recortes puestos en marcha bajo los auspicios de la troika siguen vigente, como los recortes salariales a funcionarios o la subida de las tasas de la sanidad pública.

El eterno dilema de la crisis

El deterioro de los servicios públicos, las privatizaciones de empresas señeras del estado y el aumento generalizado de los impuestos han contribuido a un estado de ánimo entre los portugueses que oscila entre la resignación y el hastío.

Yo creo que la crisis va a continuar, esto no va a mejorar. Todos prometen, pero al final es todo para ellos

"Yo creo que la crisis va a continuar, esto no va a mejorar. Todos prometen, pero al final es todo para ellos", resumía una anciana lisboeta, María Salomé Valério, en declaraciones a la agencia Efe, que también recogía la esperanza de un veinteañero, José Guilherme Monteiro: “Pienso que ahora las cosas ya están más encaminadas, que ahora es tiempo de otro tipo de medidas”.

La decisión consiste en qué medidas son esas y quién las debe llevar a cabo. Si Passo Coelho revalida el gobierno, será uno de los pocos gobernantes que habrá resistido, entre los países del sur de Europa, la embestida de la crisis económica. Si vence Costa, habrá superado el recuerdo del último presidente socialista, José Sócrates, el mandatario que firmó el rescate y que ahora purga los casos de corrupción en arresto domiciliario.

En cualquier caso, el debate económico ha desplazado a cualquier otro asunto de la campaña electoral, por lo que muchos de esos indecisos que tienen en sus votos la llave del próximo gobierno de Portugal siguen dándole vueltas al eterno dilema de la crisis: mantener los recortes o abandonar la austeridad, esa es la cuestión.

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