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Pablo Malo: "Tenemos que asumir el caso Lasa y Zabala como parte de nuestra historia"

  • El director presenta en San Sebastián un thriller político inspirado en el caso
  • RTVE.es entrevista al director de una cinta envuelta en la polémica

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Cualquiera sabe que el diablo está en los detalles. Por ejemplo: una sinopsis que dice “refugiados vascos”, pero que la mayoría de medios traducen como “terroristas”. Los referidos: Lasa y Zabala, los dos miembros de ETA secuestrados, torturados y asesinados por los GAL en 1983, cuya historia se presenta en el Festival de San Sebastián en la película Lasa y Zabala.

“Llevo semanas hablando de política”, dice resignado el director Pablo Malo. Y lo que le queda. Porque Lasa y Zabala es un thriller político, un género que es una rareza en el cine español, y porque la polémica acompaña al proyecto desde su financiación y rodaje.

Malo, donostiarra de nacimiento, dice que seguramente le eligieron para conducir la historia por su posición centrada. “A mí los extremos me quedan muy lejos. Soy miope y no los veo”, bromea. De chaval tenía una cuadrilla cerca del Palacio de La Cumbre, donde los dos miembros de ETA permanecieron secuestrados varias semanas. El palacio todavía pertenece a la Delegación del Gobierno, que no concedió los permisos para rodar en sus jardines. “Fue bastante absurdo, sé que hay gente del PP que dijo que le parecía mal que no nos dejaran rodar, pero parce que fue una orden que llegó directamente de Madrid”, explica.

Otra polémica: la ayuda extraordinaria (para una película) de la Diputación Foral de Gipuzkoa, en manos de Bildu. ¿Es Lasa y Zabala un instrumento ideológico? “Me daría pena que la película se utilizase como arma arrojadiza porque creo que la película no se lo merece, que se defiende por sí misma como un thriller. No sé el funcionamiento de la Diputación. Sé que también han dado ayudas a la película Mama (la nueva de Julio Medem). Bastante tengo con hacer la película”.

Lasa y Zabala es un guion de Joanes Urkixo que muestra por un lado los hechos probados del secuestro, tortura, asesinato y su posterior proceso judicial. Y, por otro, la labor del abogado Iñigo Iruin representando a las familias de los desaparecidos. Un papel, interpretado por Unax Ugalde, para el que sí se han tomado licencias dramáticas para hacer avanzar la historia.

Si ya se han escrito libros o filmando documentales, ¿qué aporta una ficción? “Aporta contar una historia a través del thriller político. Me encantaría que la gente joven la viera, que les entretengan los personajes, sabiendo que salvo un par de cosas que están dramatizadas, todo es absolutamente cierto”, dice Malo. “Me he posicionado claramente porque lo que ocurrió fue una barbaridad, pero estoy con la balanza todo el tiempo porque sé que del otro lado todo fue una absoluta barbaridad”.

“Más que un homenaje es un recuerdo” 

A Malo le sorprendió la juventud de todos los implicados, tanto de Lasa y Zabala como de los guardias civiles. “Me sorprendió muchísimo que gente tan joven pueda al final acumular tantísimo odio en tan poco tiempo. Y luego me impactó mucho lo chapucero que fue todo”.

También el desconocimiento general sobre quiénes eran realmente. “No tenían atentados, si hubieran tenido lo hubiéramos contado. Eran dos chavales de 20 y 21 años que pertenecían a ETA, atracaron un banco en Tolosa, y eran refugiados vascos en Francia. Asesinos no, porque no habían matado”, dice Malo.

Malo tenía claro que no quería convertir la película en “un catálogo de torturas” pero tampoco “contarlo en off”. “Hay que contarlo porque forma parte de nuestra historia. Cuanto antes asumamos todos las barbaridad que ha habido antes podremos, no cerrar página, pero sí hablarlo con más naturalidad”, sostiene Malo.

Los creadores mantuvieron un discreto contacto con familias de Lasa y Zabala, para los que organizaron un pase dos semanas antes del Festival de San Sebastián. “Los padres no fueron, pero sí las hermanos. El pase fue como un funeral”. Malo no define la película como un homenaje a Lasa y Zabala, sino como “un recuerdo”.

Malo entiende la controversia que rodea su película por la proximidad temporal de los hechos. “Si todavía nos damos de tortas con Lorca, cómo no va a pasar con esto si los que participaron en los hechos, salvo Galindo, todavía no han cumplido los 60 años”. Durante la producción encontraron negativas de bancos, marcas de coche o de cerveza en colaborar lo más mínimo en el proyecto.

Malo no tiene problemas en fijar su posición ideológica personal. “Para mí la patria tiene nombres y apellidos: los de la personas a las que quiero. No tengo sentimientos hacia las patrias, ni los himnos, ni las banderas porque no me motiva. Las tradiciones son una excusa magnífica para pasar un día de fiesta. Si las tradiciones van de enfrentarse, hacer ablaciones, o matar toros con lanzas, dejan de hacerme gracia. No creo que nunca tenga justificación matar a una persona”.

Confiesa que Lasa y Zabala le ha dejado exhausto. “Estaría encantado de hacer otra película desde el otro lado y en el otro sentido, pero después de unos años porque está me ha dejado tocado piscológicamente. Es imposible contextualizarlo todo, esto no es Novecento. Pero no es una película de buenos y malos”.

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