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Michael Haneke: "El cine es un medio de avasallamiento"

       
  • El cineasta reflexiona en su discurso sobre el poder manipulador del cine
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  • Apela a la responsabilidad de los creadores y honestidad en la comunicación
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  • Ha recordado su conmoción al contemplar cuadros de Goya en el Prado
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  • Lee el discurso íntegro de Michael Haneke

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Michael Haneke: "El cine es un medio de avasallamiento"

Atildado y serio, con esa fachada de sabio severo que le caracteriza, Michael Haneke ha recogido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2013. El director de La cinta blanca o Amor, ha alertado en su discurso sobre los peligros manipuladores del medio cinematográfico. Y ha recetado el remedio: la comunicación sincera . Ese tratar de tú a tú al espectador, como alguien ni más ni menos  inteligente, que Haneke siempre ha defendido como postura moral esencial  en el arte.

Haneke ha leído una introducción modesta, excusando su condición de premiado. “Es hermoso y difícil ser premiado. El porqué es hermoso no necesito explicarlo: a todos nos encanta una muestra de reconocimiento. Es difícil, y se hace más difícil con el peso del reconocimiento, porque el premiado se pregunta ¿por qué yo y no uno de los muchos otros que han hecho lo mismo e incluso más en el mismo campo?”

El cineasta no tiene más vínculo con España que la puesta en escena de Cosi fan tutte de Mozart en el Teatro Real de Madrid el pasado Febrero. “Si se me permite recibir este premio tan respetable y cargado de prestigio en España, me pregunto: ¿qué has hecho tú por España, o tal vez por Asturias, para que sean tan amables contigo?”.

El 'síndrome de Haneke' en el Prado

Haneke ha recordado una visita que hizo entonces al Museo del Prado. “Entré en e la sala con las Pinturas negras de Goya, esto supuso una conmoción que, probablemente, nunca olvidaré. Empecé realmente a temblar y tenía dificultad para mantenerme en pie. Rápidamente salí de la sala porque no lo aguantaba. Pero tenía que volver. Cada vez que mi trabajo en el Teatro Real me lo permitía, regresaba para exponerme a las sensaciones que esta obra provoca en mí”, ha dicho.

La sacudida fue tal que habrá que empezar hablar de un 'Sídrome de Haneke.' “Hasta ese momento nunca había estado confrontado con el efecto tan directamente físico de un cuadro y creo que también para la mayoría de las personas la manera de recibir el arte acontece generalmente de una forma más contemplativa.”

Haneke ha centrado su discurso en la influencia de la creación cinematográfica. "El cine se ha hecho culpable como casi ninguna otra forma de expresión artística. Ni la literatura, ni el teatro han conseguido alejarse tanto de su propia vocación. Las artes plásticas han llegado como mucho a los carteles de propaganda y la música a las marchas militares; el cine, con su peligrosa eficiencia en temas propagandísticos, ha puesto en peligro el destino de miles de personas. Me parece demasiado fácil negarles sin más a estas películas su carácter artístico, señalándolas  como meros desvaríos”.

El director ha citado los ejemplos de Leni Riefensahl (la cineasta de cabecera del partido nazi) y Eisenstein (glorificador del totalitarismo soviético y víctima también de su censura) como cineastas que, pese a vocación propagandística, “no se les puede negar una alta capacidad estética”.

“El poder del cine requiere responsabilidad”

Pero lo de Haneke es la ética. Y su caballo de batalla es la comunicación honesta con el espectador. “El cine es un medio de avasallamiento. Ha heredado las estrategias efectistas de todas las formas artísticas que existían antes que él y las usa eficazmente.  Todos conocemos el efecto de los cuadros de tamaño sobrenatural y los tonos sobre nuestra pulsación y nuestro bienestar general. En eso radica la fuerza del cine y su peligro”, ha leído Haneke. “Ninguna forma artística es capaz de convertir tan fácil y directamente al receptor en la víctima manipulada de su creador como el cine. Este poder requiere responsabilidad. ¿Quién asume esta responsabilidad?”.

El peligro para el director es la manipulación, sea cual sea su naturaleza. “Sirve para muchos fines, no solo políticos. También atontando a la gente uno se puede hacer rico”, ha precisado.

En oposición, el diálogo honesto con el espectador. “Pienso que, además de la correspondencia entre contenido y forma, indispensable para cualquier arte, la capacidad de diálogo es y tiene que ser una característica igualmente indispensable de la producción artística, el respeto ante la autonomía del otro. Un autor que no toma en serio a su socio, el receptor, de la misma forma en que él mismo quiere ser tomado, no tiene un interés real en el diálogo. Demasiadas veces el cine ha traicionado esa regla básica interhumana, que precisamente es también una regla básica de la producción artística”.

La dictadura del mercado y las televisiones

El austríaco ha recordado la fragilidad de la profesión de director de cine, tan sometida al juicio de la taquilla. “El primer cometido de cualquier película es encontrar un público lo más amplio posible para así cubrir al menos sus costes de producción y asegurar la posibilidad de seguir trabajando de forma continuada. Los errores, al igual que en otros sectores económicos, no son tolerables: el que los cometa repetidas veces, difícilmente tendrá la oportunidad de seguir trabajando”.

El director, ganador el año pasado del Oscar a mejor película de habla no inglesa por Amor, y poseedor de dos Palmas de Oro en Cannes (Amor y La cinta blanca) ha distinguido en la fractura oceánica. “En Europa, la dependencia del mercado está solo aparentemente amortiguada por las subvenciones. En efecto, en nuestro continente es más fácil para el director de cine cometer errores sin que esto signifique inmediatamente la paralización de su trabajo en el futuro. Pero en comparación con la abierta dictadura del mercado estadounidense, en la que el éxito de una película se mide exclusivamente en dinero contante, la influencia sobre la producción cinematográfica de las cadenas de televisión, que en Europa participan decisivamente en la financiación, es un mal solo insignificantemente menor.”

En mitad del sombrío panorama dibujado, una nota de optimismo. “El cine cuenta con un atributo propio: es mucho más joven que todas las demás formas artísticas, así que espero que tenga sus mejores tiempos aún por delante”.

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