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Michael Haneke, retrato del artista esquivo

  • Se estrena un documental con imágenes inéditas de sus rodajes
  • Manuel Martín Cuenca, director de Caníbal, analiza la figura del cineasta

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Tráiler de 'Michael H'

Michael Haneke ha levantado una barrera mediática en torno a su figura y ha colgado el cartel de no pasar. Es alérgico a analizar su obra. El cineasta, que el viernes 25 recoge el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en Oviedo ( 18.30 h. por La 1 y RTVE.es), se escuda tras dos principios: el primero, que el cine es indecible, y cualquier intento de explicación pervierte su naturaleza. El segundo, en palabras del mismo Haneke: “Cuando enfrentas al espectador a una verdad incómoda intentará escapar de ella y una solución es analizar a la personalidad del director buscando una justificación”.

La cita está tomada del documental Michael H., profesión: director, de Yves Montmayeur.  Como las entrevistas con el cineasta austríaco escasean, la película se presenta como la mayor fuente de conocimiento sobre las técnicas de uno de los cineastas más influyentes de la actualidad. Tanto, que el viernes 25 de octubre se estrena en algunas salas y, simultáneamente, en el portal Filmin.

Tres hechos sobre el documental. 1. Su lenguaje audiovisual no es especialmente interesante. Está construido como un making of  al uso: entrevistas de puesta en escena sencilla, momentos robados entre tomas, testimonios de sus actrices fetiche (Isabelle Huppert, Juliette Binoche), etc. 2. Su público objetivo es el muy cinéfilo, el interesado en profundizar en los motivos de la maestría de Haneke o fans incondicionales. Gente que ve las películas de los DVD con los comentarios del director en general. 3. Si se pertenece a ese perfil, su contenido es asombroso y fascinante.

La verdad de Haneke

Primera impresión: Haneke no es el cliché esperado. No hay más que verle arrastrase por el suelo, recreando una escena en los ensayos de La cinta blanca. Los rodajes de Ingmar Bergman, que tampoco le daba por al comedia ligera, eran un jolgorio. Haneke es miembro del club. “Un tipo que hace películas terribles que se ríe todo el tiempo”, define Jean-Louis Trintignant, protagonista de Amor. Y luego precisa: “Pero solo se ríe él, los técnicos alrededor están en tensión”.

“Trato de buscar la verdad. Hay muchas verdades. Es cuestión del punto de vista lo que determina la verdad que buscas, lo que que quieres y lo que rechazas”, explica Haneke. Y lo que busca es revelar la naturaleza contradictoria de la realidad. “Si entras en una profesión artística es porque te gusta alguien mucho y tratas de de imitarlo, lo que acaba en fracaso”, dice. Así, el método Haneke es el rechazo radical a cualquier dulcificación, despojar cada escena de todo melodrama, limpiar cada secuencia y cada frase hasta una desnudez normalmente incómoda.

Michael H., profesión: director muestra la precisión de Haneke en la dirección de actores, evidente en el visionado de cualquiera de sus películas. Su larga trayectoria teatral aparece reflejada en las clases de interpretación junto a un grupo de jóvenes alumnos. Utilizando textos de Chejov (“son los más complejos que hay en el teatro”, dice) Haneke disfruta inventando, proponiendo, corrigiendo el más mínimo gesto y expresión.

Haneke quiso ser un actor en su juventud. Y lo más parecido a un papel protagonista es este documental que asalta su celo porque su obra sobreviva sin ser manchada por su personalidad.

Manuel Martín Cuenca: “Haneke es un auténtico maestro”

La maestría de Haneke, sin rasgos formalistas obvios, tan centrada en la escritura, puesta en escena y dirección de actores, es difícilmente imitable. En España, uno de los cineastas más influidos por el director austríaco es Manuel Martín Cuenca que en Caníbal ejerce una reflexión distanciada sobre la violencia que tiene mucho que ver con Haneke.

“Me interesa por muchísimas cosas. Es un auténtico maestro", explica el director a RTVE.es. "Primero: dirige a los actores de una forma sublime, tiene un capacidad para encontrar lo que tiene cada actor de cada personaje. Creo que hay muy pocos directores que tengan esa precisión en la dirección de actores. Es magistral”. Martín Cuenca admira la capacidad de verdad que extrae tanto del desconocido reparto de La cinta blanca como de las estrellas europeas de sus películas.

“Cuando un cineasta es grande es capaz de retratar, consciente o inconscientemente, su tiempo. Y creo que Haneke es un cineasta que está retratando nuestro tiempo en Europa. Un retrato sobre el mal, una especia de confusión moral, pero sin ningún tipo de subrayado”.

Haneke siempre ha declarado que admira a Robert Bresson. Como el director francés, él mismo es fácil de admirar y difícil de imitar “Los cineastas y artistas que tienen un sello propio y han encontrado un lugar en la historia del arte son inimitables. Tú no puedes imitar a Bresson, Haneke o Goya, es un callejón sin salida. Pero sí creo que son inspiradores y sirven para aprender, para encontrar tu propio camino”.

Martín Cuenca también comparte postura en el tratamiento de la violencia. “La cultura del entretenimiento nos está colando algo que es complejo y oscuro. El tratamiento superficial esconde una postura ideológica muy tremenda. La violencia hay que retratarla cómo es en en la realidad. La posición ética de Haneke me parece la más acertada”

Al director de Caníbal le cuesta elegir una película y una escena de la filmografía de Haneke. “Difícil. Por elegir una, La cinta blanca. Y me parece brutal la secuencia en la que el doctor le dice a su amante cómo la desprecia y cómo le da asco recordad las veces que ha hecho el amor con ella. Me parece brutal y al mismo tiempo tan real. No hay una secuencia que tenga más capacidad para definir la humillación de un ser humano hacia otro”.