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'Amor', Michael Haneke filma un diario de ternura y dolor

       
  • Es ganadora virtual en mejor película de habla no inglesa
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  • Emmanuelle Riva opta al Oscar a Mejor actriz con 85 años
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  • Finalista además en mejor película, director y guión

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Días de cine - 'Amor'

Michael Haneke lleva toda su filmografía nombrando Georges y Anna a sus protagonistas. Así ha sido en Funny gamesCódigo desconocidoEl tiempo del lobo y Caché. Georges y Anne son una pareja a menudo burguesa, culta, a veces melómana. Amor es la última estación para Georges y Anne. Y la película más accesible del cineasta austriaco. Palma de Oro en Cannes (la segunda para el austriaco tras La cinta blanca), triunfadora en los premios del cine europeo y, sobrepasando expectativas, multinominada en los Oscar (mejor película de habla no inglesa, mejor guión, mejor actriz, mejor director y mejor película).

Un argumento simple: cómo lidiar con la enfermedad de alguien que amas. Haneke, enemigo declarado del sentimentalismo, por primera vez toca al espectador con una angustia espesa. Ya no solo revuelve con cuchilladas en off. ¿Se le ha escapado a Haneke un poco de melodrama por las costuras?

Hay que ir con cuidado. Amor es, en primer lugar, ascética. Muy poca música y mucha descripción de acciones. El amor no se expresa por boca de lo personajes. El amor se ve y ese es el milagro. Huyendo de la sensiblería, Haneke se encuentra con el dolor en un nivel más íntimo. Si cada acción desata una reacción, a la fuerza del amor le corresponde la desolación.

Contrario a interpretar sus películas (“en el momento que algo puede ser descrito con un término está artísticamente muerto”, decía en Cannes), Amor se puede explicar como un diario de amor y muerte. Aunque hay más: el paso del tiempo, el olvido, relaciones paternofiliales, diferencias generacionales.

Haneke aplica sistemáticamente una sencilla regla cinematográfica: cuánto más largo es el plano, más absorbente es la escena. Tal vez porque ha recreado el apartamento basándose en el de sus padres en Viena, Haneke logra la inmersión total del espectador en el piso.

Dos leyendas octogenarias del cine europeo

Amor es también el emocionante revival de dos actores clásicos. Jean Louis Trintignant es, para el cine francés e italiano, el hombre que siempre estuvo allí. Desde que babeaba tras Brigitte Bardot en Y dios creó la mujer (1956) hasta el huraño fisgón de Rojo (1994), pasando por el juez de Z (1969), o el tímido estudiante de La escapada (1962), o protagonizando Un hombre y una mujer (1966), la revolución estética con un punto hortera que también ganó Cannes y Oscar. Tras 14 años de reclusión teatral, Haneke le convenció para regresar al plató con el visionado de La cinta blanca como argumento. Ahora que los focos de Hollywwod no le apuntan, conviene recordar que Amor está cimentada en su cuerpo y mirada.

Emmanuelle Riva es el rostro de otra cinta fundacional, una de las cuatro o cinca películas que pueden reclamar ser el origen de la Nouvelle VagueHiroshima mon amour (1959). De amour a amour,  Riva puede ganar un Oscar a los 85 años. La división entre los partidarios de Jennifer Lawrence y de Jessica Chastain podría beneficiarle.

Isabelle Huppert, musa de Haneke y no menos leyenda, es el contrapunto generacional y amoroso. Su frialdad a lo Catherine Deneuve recalca que el vínculo entre Georges y Anna, sus padres, no es frecuente.

Haneke, el tercer director tras Roberto Benigni (La vida es bella) y Ang Lee (Tigre y dragón) que opta a mejor película con un filme no hablado en inglés, no podrá acudir el día anterior a la gala del Oscar al estreno de su montaje de Cossi fan tutte en el Teatro Real de Madrid. El show bussines manda. Así hacen todos.

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