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Una testigo en Nairobi: "Mi empleado vio cómo disparaban contra una carpa llena de niños"

       
  • Una española dueña de una tienda en Westgate lamenta el terrible ataque
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  • Sus empleadas se escondieron en un baño y mantuvo el contacto con ellas

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Una empresaria española narra la pesadilla del ataque en Nairobi

Tras matar a los vigilantes en el control de entrada del centro comercial Westgate en Nairobi, los terroristas de Al Shabab comezaron a disparar uno a uno contra los ocupantes de los coches que hacían cola para salir. Entonces se dividieron y accedieron al edificio por el sótano y por el parking de la tercera planta.

La española Ángela Messenguer tiene una tienda de moda en Westgate, pero ese sábado no fue. "Normalmente estoy en el centro con mis hijos, doy gracias a Dios por no haber ido", cuenta a RTVE.es

Cuando esta empresaria catalana se enteró de lo que estaba ocurriendo llamó a su boutique, pero ninguna de sus tres empleadas respondía. "Los teléfonos sonaban y no los cogía nadie, entré en pánico", afirma. Se temió lo peor, una angustia que se prolongó durante tres horas. Entonces le avisaron de que estaban escondidas en el baño

Con Peter, el encargado del stock de su tienda, también tardó tres horas en contactar. Este keniano, nada más comenzar el ataque, trató de huir por la tercera planta, pero allí se encontró un escenario dantesco: Otro grupo de terroristas, algunos de ellos encapuchados, estaban disparando contra unos niños que participaban en un concurso de cocina infantil organizado por el centro comercial. "Intentó escapar por arriba y allí vió a más encapuchados disparando contra una carpa llena de niños", relata Ángela muy afectada.

Entonces, sin saber a dónde ir, Peter saltó un muro y cayó a una rampa donde estaba el cuarto de generadores. Entró, apagó el móvil y permaneció allí escondido tres horas. Después salió, caminó entre los cadáveres tirados por el suelo, y salió del recinto.

Hombres armados irrumpen en el baño

Mientras, en la primera planta, las empleadas de Ángela aguardaban en el baño en silencio. Mantenían el contacto con la empresaria a través del móvil para saber qué era lo que estaba ocurriendo. "Hablaba con ellas y oía los disparos a través del teléfono", explica ella a RTVE.es, que "les decía que el Ejército iba a entrar y que se pusieran contra la pared".

Seis horas después, un grupo de hombres armados irrumpió en el lavabo y les pidió que levantasen las manos. "No sabían si eran buenos o malos". Dicen que las sacaron en fila y que vieron muchísimos muertos en el centro comercial, "los hombres iban detrás de ellas y pensaban que las iban a matar". Pero las llevaron a la calle, donde por fin supieron que acababan de ser rescatadas por la policía. "Fue horrible, durante media hora no me respondieron, entonces me llamaron y me dijeron que ya estaban fuera".

Ángela Messenguer conoce a varias de las víctimas de esta masacre, entre ellas dos niños de seis y ocho años familiares de un vecino y a Rahila, una periodista india, cliente suya, que estaba embarazada de seis meses y que acudió para cubrir la noticia del concurso de cocina infantil.

Entre las vícitmas también se encuentra el sobrino del presidente del  país, Uhuru Kenyatta, que cuando comenzó el asalto salió rápido a la calle. Cuando vio que su novia se quedaba dentro, volvió a por  ella y murieron los dos.

Españolas en el Westgate

Otra española que vivió el terror desde dentro fue Silvia Ojeda y  su hija Diana, de 12 años. Ángela sabía que estaban dentro porque Peter,  su encargado de stock, le dijo que diez minutos antes compraron en la  tienda.

Pero no pudo hablar con ellas. Luego supo que se refugiaron en  los probadores de otro comercio, donde estuvieron varias horas hasta que  fueron rescatadas y evacuadas por el techo. "La niña lloraba porque oía disparos".

"Todos rezábamos, salió con  vida cuatro o cinco horas después", dice Ángela, íntima amiga de Silvia y que explica que "por precaución no contestó al  teléfono, porque sabía que si la oían le dispararían". Cuando por fin consiguieron salir, Silvia se derrumbó y empezó a llorar.

Otra española, cooperante de 29 años, logró escapar del centro comercial apenas una   hora y media después de que comenzara el asalto. Asegura a Efe que  pensó que era su "último día" e "iba a morir todo el mundo".

Entre los muertos hay personas de hasta siete nacionalidades diferentes, pero no consta que ninguna sea española.

Ángela dice que en el país sí se oye que los centros comerciales pueden ser objetivos de atentados, pero no se esperaban algo como esto. "La gente ahora tiene miedo de entrar en un centro comercial, están todos vacíos", explica a RTVE.es.

Opina que además de brutal e indiscriminado, este "angustioso" ataque está durando demasiadas horas. "Queremos que no haya más muertos y se termine ya esta pesadilla". 

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