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Los rebeldes sirios retan a Hizbulá a entrar de lleno en la guerra

       
  • El ELS ha atacado varias posiciones de la milicia, entre ellas, una en Líbano
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  • La milicia libanesa respalda extraoficialemte al régimen de Asad
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  • Sofisticada y disciplinada, su entrada oficial en la guerra podría cambiar el resultado del conflicto

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El Ejército Libre de Siria combate a las fuerzas armadas el 3 de febrero en las afueras de Damasco, que dista solo unas decenas de kilómetros de los bastiones de Hizbulá REUTERS REUTERS/Goran Tomasevic

Atacar a Hizbulá, a primera vista, no parece una estrategia muy acertada para los rebeldes sirios. Su entrada directa en la guerra podría inclinar claramente la balanza a favor de su aliado, el régimen de Bachar Al Asad. Sin embargo, el Ejército Libre Sirio (ELS), que los acusa de intervenir militarmente prestando apoyo al régimen, no ha dudado en disparar, incluso, algunas posiciones de la milicia al otro lado de la frontera.

Miembros de la milicia rebelde siria “neutralizaron a la fuente de fuego hostil” en Al Qusair y una base fronteriza con Siria del Partido de Dios en la región libanesa de Hermel. Así lo manifestó este jueves el comandante general del ELS, Salim Idrís, en un comunicado. Y aún dijo más. Idrís advirtió de “grandes sorpresas” en los próximos días.

Hizbulá, la milicia chií libanesa que de facto controla buena parte de Líbano, se ha mantenido oficialmente al margen del conflicto, aunque fuentes de inteligencia israelí aseguraban a finales de 2012 de que 20.000 combatientes de la milicia entraron en Siria dirigidos por el veterano líder de su brazo militar, Aqil Ibrahim, desde su bastión en el valle de la Bekaa libanes hasta las afueras de Homs. Una cifra facilitada por los israelíes pero que en principio parece exagerada.

Al menos dos grandes líderes de la rama militar de la organización (Ali Hussein Nasif y Musa Alí Shahimi) han muerto en los combates en Siria, pero hasta ahora, su secretario general, el carismático y estadista Hassan Nasrallah, lo más que ha reconocido es que miembros de la organización participan del lado del régimen sirio de manera voluntaria.

Cierto o no, una declaración de guerra abierta como la emprendida por el ELS podría introducir a la engrasada maquinaria de Hizbulá en el conflicto, lo que sin duda podría cambiar el resultado de la guerra.

La milicia que plantó cara al ejército israelí

Sofisticado y sumamente disciplinado, el Partido de Dios es quizá la fuerza militar más efectiva de cuantas hay en los países árabes. Ha sido la única desde que las tropas jordanas llegaran a las puertas de Jerusalén en 1948 capaz de plantar cara y llegar a desquiciar a las fuerzas militares israelíes. Lo hizo en la guerra de Líbano de 2006, que terminó con la retirada israelí.

Fiel al hermetismo y estricto control de la información sobre su organigrama, Hizbulá nunca ha desvelado la totalidad de sus miembros, especialmente el de los combatientes de su brazo armado, la Resistencia Islámica. Según el Gulf Research Centre de Catar, el movimiento cuenta actualmente con entre 6.000 y 15.000 milicianos. Según la Agencia de noticias iraní Fars, con más de 65.000. Realmente es difícil saber  y ambas cifran proceden de fuentes más o menos interesadas.

Su capacidad militar es disciplinada y altamente cualificada. Maestra en la guerra de guerrillas -el tipo de lucha que emprende el ELS- el Partido de Dios está más preparado y cuenta con más experiencia que el ejército regular sirio para combatir a los milicianos rebeldes sirios en su propia forma de lucha. Desde soldados o francotiradores entrenados a tres divisiones de inteligencia militar y especialistas en lanzamiento de misiles: las divisiones de Hizbulá están entrenadas para distintos escenarios.

La organización cuenta además con un alto y sofisticado armamento que consigue adaptar a las circunstancias. Desde cohetes Katyusha (una versión del Grad) hasta misiles Fajr-3, Fadjr 5 y Zelzal 1 de fabricación iraní, con un alcance de 150 kilómetros.

Su entrada en la guerra de manera abierta supondría que el régimen contaría con un nuevo ejército especializado para en el tipo de guerra que emprende el ejército rebelde. El ELS tendría un nuevo problema, que se unirían a los que ya tiene con el ejército y la aviación siria, además de a la rebelión de las milicias kurdas del norte del país, que tienen su propia batalla.

Hizbulá, el régimen sirio y el nexo con Irán

Nacido en 1982 (de manera extraoficial) como la unión de un amalgama de grupos chiíes libaneses, Hizbulá surgió en un contexto de guerra civil parecido al que se vive en Siria para "proteger" a la comunidad chií. Se desarrolló y afianzó bajo la estricta tutela de dos mil Guardianes de la Revolución iraníes, el cuerpo de élite de la república de los ayatolás, enviados por Jomeini para hacer frente a la invasión israelí de Líbano en los ochenta.

Su proyecto es transformar Líbano en una república gemela a la de Irán. Se rige por tres pilares: El islam como sistema, la resistencia contra la invasión israelí y la obediencia al líder supremo chií de Irán (Waliy al Faqih), que en su momento fue Jomeini y ahora es el Ayatolá Jamenei.

Desde 1985 y, especialmente, bajo la dirección de su actual líder Nasrallah, Hizbulá ha conseguido crear un estado dentro de un estado en territorio libanés, donde ofrece un gran número de asistencias sociales (educación, sanidad, asistencia económica) a la comunidad más pobre. Esto le hecho ganar un gran número de adeptos sumamente fieles, incluso entre algunos cristianos, y su resistencia ante Israel le ha permitido cosechar una buena reputación entre los árabes.

Pero en los tiempos de la guerra fría entre chiíes y suníes, el conflicto sirio le ha creado un problema. El régimen de Damasco (dominado por la secta chií de los alauíes) ha sido uno de los mayores aliados regionales con los que ha contado; de ahí que Hizbulá se juegue su supervivencia también en el país vecino. La caída del régimen alauí dificultaría el nexo con Teherán, y con ello, parte de su influencia.

Sin embargo, el conflicto sirio podría poner en peligro su agenda doméstica y su actual dominio en Líbano. El riesgo a un contagio y a perder su posición dominante en su país, también en el Gobierno, quizá ha hecho que su pragmático líder haya decidido mantenerse oficialmente al margen del conflicto.

Un ataque directo a las posiciones libanesas podría cambiar esa política y dar la excusa perfecta al Partido de Dios para entrar de lleno en la guerra. Mucho tiene que confiar el ELS en sus posibilidades para enfrentarse a tantos enemigos.

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