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"Me considero un prisionero, no un refugiado"

       
  • Ahmed lleva cuatro meses en el campo de refugiados de Zaatari en Jordania
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  • Los refugiados se quejan de las condiciones de vida en los campamentos
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  • Jordania advierte de que es el país con más refugiados per capita

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Ahmed, tras huir de Siria: "Me veo prisionero, no como un refugiado"

A sus 55 años, Ahmed pasea cabizbajo entre las tiendas de campaña de Zaatari. Lejos queda ahora aquella sensación de alivio que sintió la primera vez que puso los pies en este lugar. Había escapado de Siria por miedo a que los soldados de Bachar al Asad violaran a alguna de sus siete hijas. Aquí, pensó, estarán a salvo.

Pero después de cuatro meses durmiendo con toda su familia bajo unas lonas, en un recinto cerrado con vallas y alambres, le domina un sentimiento de frustración y claustrofobia, al que no ve solución.

"No tenemos derecho a salir ni para comprar el pan o unos tomates... Me considero un prisionero, no un refugiado", explica.

Desde que se abrió el campo, las quejas por las condiciones de vida han sido constantes. Sobre todo por la alimentación. E incluso ha habido sentadas de protesta.

Bushra es una mujer con seis hijos que ha participado en esas manifestaciones. "Nos dan unos panes muy pequeños. Y solo un kilo de azúcar al mes para 20 personas. Algunos productos están en mal estado", asegura.

Las organizaciones de ayuda humanitaria niegan categóricamente que alguno de los alimentos distribuidos no sea apto para el consumo. Jonathan Campbell, del Programa Mundial de Alimentos, atribuye el malestar a que "son personas que nunca pensaron en verse en una situación como esta. Venían de una vida confortable en su país. Los sirios, además, tienen fama por su esmerada cocina. Y aquí se han estado distribuyendo raciones para más de 30 mil personas. Es un catering de masas. Nunca se va a adaptar al gusto de todos".

Para solucionar estos problemas, se han construido cocinas comunitarias. "Así los refugiados pueden cocinar para sí mismos. Y sienten que recuperan parte del control sobre su vida", opina Campbell.

Muertos de frío

La llegada del invierno ha sido un nuevo mazazo. Varios niños han muerto de frío. Se están distribuyendo mantas y calefactores, pero las tiendas de campaña no son un buen refugio contra las bajas temperaturas. Y, aunque se empiezan a instalar casas prefabricadas, mejor acondicionadas, no habrá para todos.

Naciones Unidas pide más fondos. En el caso de la Unión Europea se han destinado hasta el momento 214 millones de euros para la crisis siria.

Hay unas 700 mujeres en Zaatari a punto de dar a luz

Carlos Afonso, asistente técnico de ayuda humanitaria de la UE en Jordania, apunta la dificultad de planificar las necesidades, con un flujo de refugiados que no cesa. "No sabemos ni siquiera cuanta gente va a llegar esta noche. Pueden ser 300 o pueden ser 3.000, depende de lo fácil que sea cruzar la frontera. Ya estamos haciendo previsiones para el peor caso. Podemos llegar a 600.000 refugiados el año que viene". ACNUR alertó este martes de que la cifra de refugiados sirios ya supera el medio millón.

El 70% de los habitantes del campo son mujeres y niños. Los hombres se suelen quedar en Siria para combatir. UNICEF alerta también sobre la situación de las embarazadas. Hay unas 700 mujeres en Zaatari a punto de dar a luz.

"Ha habido muchas mejoras, pero necesitamos hacer más. Yo soy madre de dos hijos, y solo la idea de dar a luz en este lugar me parece sobrecogedora. Estas mujeres están sin sus maridos, en la mayoría de los casos. Y ya tienen a cinco o seis hijos más. UNICEF les ayuda con ropa para los niños, vacunas y también educación, cuando es posible", nos cuenta Dominque Hyde, responsable del Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas.

Jordania, bajo presión

El campo es la cara más visible en el drama de los refugiados. Pero no la única. El 80% de los sirios que han cruzado esta frontera con Jordania no están aquí, sino en zonas urbanas, acogidos muchas veces por familiares o amigos.

Somos el país con más refugiados del mundo per capita

Es lo que desearía la gran mayoría en Zaatari. Personas como Ahmed, que se sienten prisioneros en su desgracia. Si no lo hacen es por falta de dinero. El Gobierno jordano exige una fianza que garantice que tienen suficientes recursos para mantenerse una vez fuera. Están en el campo porque no pueden pagarla. Aunque muchos, sobre todo jóvenes, se las arreglan para saltar la verja y entrar ilegalmente en Jordania.

Las autoridades han reforzado la vigilancia. Y se quejan del coste que todo esto supone. "Somos el país con más refugiados del mundo per cápita, porque antes de los sirios fueron los iraquíes y antes los palestinos. Nuestras puertas seguirán abiertas. Pero esto plantea una presión añadida sobre nuestra economía, que sufre una fuerte desaceleración por el contexto mundial. Necesitamos más que nunca la ayuda internacional", comenta Jafar Hassan, ministro de cooperación jordano, en un encuentro con periodistas europeos en Amán.

El Reino Hachemita ha ido sorteando el huracán revolucionario de la primavera árabe. Pero las protestas en la calle van en aumento. Y se ha disparado el descontento por el fin de los subsidios del Gobierno y el consiguiente aumento en los precios del combustible. Una situación social explosiva que amenaza la condición de isla de estabilidad que tiene Jordania en Oriente Medio.

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