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Ascienden a 97 los muertos y a más de 1.200 los heridos en los choques étnicos de Kirguizistán

       
  • El Gobierno ha movilizado a ciudadanos de hasta 50 años
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  • Amnistia Internaiconal pide la protección de la minoría uzbeca

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Se agrava la situación en Kirguizistán

El número de muertos en los enfrentamientos entre kirguises y uzbekos en las regiones de Osh y Jalal-Abad, en el sur de Kirguizistán ya asciende a 97 mientras que el número de heridos ya supera los 1.200, según informa el ministerio de sanidad de esa antigua república soviética de Asia Central.

El  ministerio de Defensa de Kirguizistán ha ordenado la movilización de ciudadanos de hasta 50 años sujetos a servicio militar con el fin de estabilizar la situación en el sur del país.

"No movilizaremos a todos, sólo a aquellos con experiencia al servicio de las fuerzas del orden, familiarizadas con el uso de un arma y que gocen de autoridad", ha indicado el ministro de Defensa del Gobierno provisional, Ismaíl Isákov.

También ha asegurado que las autoridades se han visto obligadas a adoptar esta medida ante el insuficiente número de efectivos para estabilizar la situación en las regiones sureñas de Osh y Jalal-Abad, informó desde Biskek la agencia rusa Interfax.

En tanto, Baktibek Alimbékov, comandante de la región de Osh, subrayaba por la mañana que la situación en la zona está bajo control.

"En estos momentos no hay ningún foco de conflicto, se registran pequeñas infracciones, pero no por motivos étnicos", precisó Alimbékov, aunque añadió que la situación es complicada.

Se reanudan los enfrentamientos

Sin embargo, habitantes de la ciudad, que esta mañana amaneció con edificios enteros consumidos por las llamas, informaron que los enfrentamientos se han reanudado.

Mientras, la situación en Jalal-Abad se calmó un poco después de toda una noche de disturbios a pesar del toque de queda, aunque al igual que en Osh, testigos hablan de nuevos choques.

Casi dos mil personas se han congregado ya en el hipódromo local para exigir la dimisión del gobernador de Jalal-Abad, Bektur Asánov, así como la detención y comparecencia ante los tribunales del líder uzbeko local, Kadirzhán Batírov, al que acusan de incitar al odio interétnico.

Petición de ayuda a Rusia

En tanto, Akmatbek Keldibékov, uno de los líderes del partido Ata-Zhurt, subrayó que para poner fin al derramamiento de sangre es necesario que comience un proceso de diálogo entre kirguises y uzbekos.

La presidenta interina de Kirguizistán, Rosa Otunbáyeva, solicitó la víspera a Rusia el envío de fuerzas de paz para poner fin a la violencia étnica en Osh, la segunda ciudad de ese país centroasiático.

Además, Otunbáyeva anunció la apertura unilateral de su frontera con Uzbekistán para el paso de ancianos, mujeres y niños.

Sin embargo, la portavoz del presidente ruso, Tatiana Timakova, señaló ayer que el conflicto en Kirguizistán es un asunto interno y "Rusia aún no ve condiciones para participar en su arreglo". Informó, no obstante, que el jefe del Kremlin ha ordenado celebrar consultas para "elaborar medidas colectivas de reacción".

Protección para la minoría uzbeca

Amnistía Internacional (AI) urgió hoy al Gobierno interino de Kirguizistán y a las autoridades locales a garantizar "la protección adecuada" a toda la población "y en particular a los ciudadanos de origen uzbeco, víctimas de la violencia que se ha desatado en el sur del país".

"Las fuerzas de seguridad kirguises no están asegurando con eficacia la seguridad de su población, particularmente de la comunidad uzbeca", manifestó en un comunicado Maisy Weicherding, analista de Amnistía Internacional para Asia Central.

AI pidió a los países vecinos que "mantengan abiertas sus fronteras y permitan la entrada a quienes huyen de la escalada de violencia en Kirguizistán, sin tener en cuenta su origen étnico, y les ofrezcan protección" hasta que se normalice la situación.

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