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Massachusetts elige a un republicano y pone en serias dificultades la reforma sanitaria

  • Scott Brown se convierte en senador con el 52% de los votos
  • El escaño estaba en manos de la familia Kennedy desde 1953
  • El vuelco amenaza la reforma sanitaria y toda la agenda de Obama

Ver también: En Portada: El proyecto Obama, un año después

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El republicano Scott Brown tras votar en su colegio de Massachusetts. EFE EFE/MATT CAMPBELL

Ha sido un terremoto político, un vuelco insospechado hace sólo dos semanas. El Estado de Massachusetts ha elegido al republicano Scott Brown como senador para sustituir al difunto Ted Kennedy. "El escaño es del pueblo, no de la familia Kennedy", ha recordado Brown. Y el pueblo ha acudido en masa a votar, a pesar de la nieve y el frío. Obama se ha apresurado a felicitar al ganador.

Ha ganado por cinco puntos de ventaja. Es un regalo envenenado para Obama. Justo cuando cumple un año en la Casa Blanca. Un único escaño en el corazón Demócrata del país, en un Estado que no votaba republicano para el Congreso desde 1972, pero capaz de trastocar la agenda política del Presidente. Un serio aviso de lo que se avecina.

Es la constatación en las urnas de que Obama ha perdido 20 puntos de apoyo popular en 12 meses, según la media de las encuestas que elabora Pollster, sólo comparable al desplome de Reagan en los años 80. La mayoría de los estadounidenses le suspende. Valoran su persona pero repudian su desempeño profesional en áreas clave como la reforma sanitaria o la política económica. Es la factura de la crisis y la ambición excesiva de Obama, según decían los electores.

La reforma sanitaria pende de un hilo

La victoria de Scott Brown quita a los Demócratas los 60 escaños en la Cámara Alta. Es la cifra mágica, la mayoría antifilibusterismo, la que permite sacar adelante la reforma sanitaria sin el apoyo de la oposición. Pero no tiene por que ser fatal. Hay planes B, aunque todos son malos salvo que consigan atraer a sus filas a la senadora republicana por Maine, Olympia Snowe. Aún así, ninguno cuenta con la reacción probable de muchos congresistas ante el varapalo de Massachusetts: si el pueblo rechaza la reforma -el 48% frente al 35% que la apoya-, es mejor recular.

La alternativa más directa es que la Cámara de Representantes haga de tripas corazón y dé luz verde al proyecto que aprobó el Senado la pasada Nochebuena. Al fin y al cabo, las versiones de las dos cámaras son similares, aunque no idénticas: la del Senado sólo cubre a 31 millones de norteamericanos sin seguro y carece de opción pública.

Los Demócratas también podrían intentar que el Senado votara el texto armonizado antes de que Brown tome posesión. Eso sería un escándalo político y podría desencadenar una batalla legal impresentable con el interino, Paul Kirk Jr. Y por último, cabe la posibilidad de recurrir al procedimiento de "reconciliación presupuestaria". Su aprobación sólo requiere 51 votos, pero probablemente implicaría recortar el alcance de la reforma.

No es extraño pues que Obama estuviera el martes "sorprendido y frustrado", según declaró su portavoz, Robert Gibbs. No es extraño que los Demócratas empiecen a tirarse los trastos a la cabeza: la candidata demócrata, Martha Cloakley, reprocha a Washington que no le haya facilitado ayuda y apoyo financiero. El asesor de Obama, David Axelrod, ha replicado que la habrían prestado mucho antes si se la hubieran pedido y ha dejado caer la pésima campaña que realizó la candidata en Massachusetts.

Cambio de agenda

La derrota de los Demócratas es extensible a Obama, ya que el Presidente se ha involucrado personalmente en la campaña electoral, en un Estado donde le votó el 62% en 2008. Es la constatación de que los electores independientes -no registrados en ningún partido- le han vuelto la espalda. Como sucedió en Nueva Jersey y Virginia el año pasado. Es el segundo aviso de cara a las elecciones de mitad de mandato, el próximo mes de noviembre. Y obliga a Obama a cambiar su agenda o enfrentarse a un Congreso sin mayoría parlamentaria.

La mayoría de los estadounidenses se oponen a la reforma sanitaria porque consideran que hipertrofia al Gobierno, es demasiado cara y encarece las primas de sus seguros médicos. Los que ya lo tienen. Además, están descontentos, cuando no claramente irritados, con la política económica. Sienten que Obama se ha apresurado a salvar Wall Street pero se ha olvidado del ciudadano de a pie, que sufre una tasa de paro del 10%. 

El anuncio de Obama de que pretende gravar a los bancos con una tasa del 0,15% ha llegado tarde. Y es previsible que el Presidente se concentre en cómo paliar el desempleo en el discurso del Estado de la Unión, el próximo miércoles. Haga lo que haga, tendrá que rebajar sus ambiciones legislativas.

Vitaminas para los Republicanos

Para los Republicanos, el sorpasso en Massachusetts tiene más recorrido. Sus "tea parties" en contra de la -supuesta- subida de impuestos y del -cierto- incremento del gasto público entroncan con la revolución de Boston en 1773. Y es el pistoletazo de salida para recuperar el poder a escala nacional.

Simbolismos aparte, la victoria impulsaría también el reclutamiento de candidatos en otros estados. Una de las claves del éxito republicano en 1994, cuando recuperaron el Congreso y ataron de manos a Bill Clinton. Y además, Massachusetts ha demostrado que pueden ganar sin moderarse. Scott Brown es un conservador sin complejos.

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