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Yulia Timoshenko, la mujer que inspiró una revolución

  • La primera ministra ucraniana inspiró la Revolución Naranja de 2004
  • Es junto a Yanukóvich una de las candidatas a la Presidencia
  • Su fuerte carisma y poder de oratoria pueden llevarla al triunfo

Por
Yulia Timoshenk
La canditata ucraniana desata por igual odios y pasiones.

La primera ministra Yulia Timoshenko, la mujer que inspiró con sus arengas la Revolución Naranja de 2004, es uno de los dos grandes favoritos en los comicios presidenciales que se celebrarán el próximo domingo en Ucrania.

Timoshenko, que espera imponerse en una segunda ronda, inevitable según los sondeos, desata en Ucrania odios y pasiones a partes iguales, pero nadie le discute su carisma personal, atractivo físico y habilidad política.

"Defenderemos nuestro país del retorno de la plaga de langostas-oligarcas que lo devorarán todo", dijo Timoshenko esta semana sobre su principal rival en las elecciones presidenciales, el opositor Víctor Yanukóvich.

Timoshenko, de 49 años, es una política camaleónica que tanto arenga a las masas contra la expansión rusa y defiende el acercamiento a Occidente, como forja una estrecha relación de trabajo con el primer ministro ruso, Vladímir Putin.

"Necesita el poder absoluto, ya que sólo eso puede protegerla", señaló hace unos días el presidente ucraniano, Víctor Yúschenko, que ha acusado a su antigua aliada de someterse a los dictados del Kremlin.

Amores y desamores con Yúschenko

Además de por su ambición, sus ansias de poder y su incisiva oratoria, Timoshenko se ha hecho famosa por su trenza rubia en forma de diadema, que se ha convertido en su principal señal de identidad.

"La Princesa de la Revolución" ha experimentado toda clase de sinsabores desde que fuera nombrada primera ministra en febrero de 2005, pero ha logrado llegar entera y con posibilidades de victoria al momento culminante de su carrera política: los comicios presidenciales.

Antes Timoshenko, economista y especialista en cibernética, fue viceprimera-ministra (diciembre 1999-abril 2001) responsable de la energía, sector al que ha estado vinculada durante toda su vida profesional.

Durante el año y medio que ejerció ese cargo intentó "poner orden" en un terreno minado por la corrupción y el robo de materias primas, lo que dio pie a su primer duelo con Yanukóvich.

En la Revolución Naranja de 2004, apoyó abiertamente a Yúschenko y le ayudó a ascender al poder, pero al frente del Gobierno antepuso su propia agenda al lanzar un radical programa de privatización, lo que le costó su destitución en septiembre de 2005.

No obstante, tras dos años de travesía en el desierto de la oposición, pactó otra vez en diciembre de 2007 con Yúschenko, que respaldó su candidatura a la jefatura del Gobierno, cargo que ha ejercido desde entonces.

Poco duró el armisticio y, tras intentar recortar los poderes del presidente, Yúschenko lanzó una campaña de desprestigio de Timoshenko y de su gestión anticrisis que no ha cesado desde entonces.

Finalmente, tras negar en numerosas ocasiones sus ambiciones presidencialistas, decidió presentar su candidatura como abanderada de los ideales revolucionarios que cautivaron al mundo en 2004.

Un fuerte carisma y poder de oratoria

Timoshenko puso las cartas sobre la mesa al declarar desde un principio que su rival en las elecciones sería Yanukóvich y asegurar que Yúschenko ha agotado todo su crédito político y ha traicionado la Revolución Naranja.

No lo tendrá fácil, ya que muchos ucranianos le acusan de incumplir sus promesas y de ser la responsable directa del agujero negro en el que se encuentra la economía nacional, que se contrajo entre un 10 y 20 por ciento en 2009.

Fiel a su estilo, Timoshenko ha decidido contraatacar centrando sus diatribas en los grandes monopolios del Este del país, el granero electoral de Yanukóvich, a los que acusó de explotar al pueblo durante la crisis.

La primera ministra mantiene que la prioridad de Ucrania es la integración europea, pero ha sabido nadar y guardar la ropa al ignorar intencionadamente el polémico asunto del ingreso en la OTAN, al que se opone la mayoría de la población.

Además, en un equilibro aparentemente imposible, selló con Putin acuerdos sobre tarifas de suministro y tránsito de gas, que le han valido toda clase de elogios en Moscú y Bruselas.

La primera ministra, consciente de su extraordinaria capacidad de oratoria, desafió a Yanukóvich a un debate electoral para poner en evidencia el escaso carisma de su oponente, pero éste rechazó la invitación.

Según las encuestas, Timoshenko contaría con más del 20 por ciento de la intención de voto, diez puntos menos que Yanukóvich, pero la carismática primera ministra guarda un as en la manga.

Yanukóvich tiene casi imposible salir elegido el domingo, por lo que Timoshenko apelará al voto del miedo en la segunda vuelta, con lo que espera aglutinar los apoyos liberales y pro-occidentales para convertirse en la primera presidenta ucraniana.