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Familiares de los desaparecidos en el terremoto de Venezuela se niegan a abandonar los escombros que aún sepultan miles de cuerpos. Bajo los restos de lo que era un edificio residencial siguen buscando a Yuzbeli, una niña de seis años que vivía con su abuela. Uno de los que participan en su rescate es Emerson, un joven voluntario que trabaja desde el primer día de la tragedia para recuperar cadáveres. También él busca a varios familiares. Jose, otro voluntario que busca tíos y primos entre los restos, nos cuenta que casi a diario sacan cadáveres de aquí. Hoy hemos conocido el último balance de víctimas: 5.400 muertos. Aún hay mucho por hacer pero los recursos son escasos y enormes las necesidades humanitarias.

Foto: Juan BARRETO / AFP

En La Guaira, en Venezuela, la zona más afectada por el terremoto, aún hay cientos de cadáveres por encontrar. No hay un registro oficial, pero la ONU habla de más de 50.000 desaparecidos.

Los rescatistas dicen que sigue faltando maquinaria. Hay todavía tanto por hacer y recursos tan limitados que se habla de hasta cuatro años para lograr la reconstrucción.

Foto: AP Photo/Ariana Cubillos

La familia Rosales Rausseo murió casi al completo en el terremoto del 23 de junio en Venezuela, al derrumbarse el edificio donde vivían en Catia La Mar, municipio Vargas, estado de La Guaira. Un vídeo doméstico sin editar facilitado por familiares en Huelva (España) muestra el funeral en Caracas con los ataúdes de los cuatro miembros fallecidos: la madre, Dámaris Rausseo, el padre, Romy Rosales, y sus hijas Adriana y Esmeralda. Solo sobrevivió, protegida del derrumbe tras una nevera, la hija menor, Cristal. La huérfana superviviente vive ahora con sus octogenerarios abuelos maternos. Su abuelo Delvalle Rausseo dio la noticia de la tragedia a su sobrina Aquina, residente en Huelva, una de las ciudades españolas de la que partieron bomberos para buscar víctimas bajo los escombros.

Fotografía: cortesía de la familia Rosales Rausseo.

Argui está entrenada para encontrar personas con vida. Su preparación dura alrededor de dos años y medio, aunque para ella cada entrenamiento es un juego que la capacita para actuar cuando llega una emergencia. Por eso su colaboración en el rescate de personas tras el terromoto de Venezuela ha sido clave.

No era su primera misión internacional. Antes ya había estado junto a Francisco Caparroso , su entrenador; en Turquía, Marruecos y en la dana de Valencia. Pero su trabajo también es diario en La Rioja, donde la Unidad Canina de Rescate realiza alrededor de 23 intervenciones al año.

Dos semanas después del doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudió a Venezuela, continúan las labores de rescate. Profesionales y voluntarios internacionales trabajan para intentar sacar a 16 personas que podrían seguir con vida bajo los escombros de un edificio. En el país se empieza a pensar en planes de reconstrucción de las ciudades. La ONU calcula que los daños ascienden a los 37 mil millones de dólares y que hay 1,2 toneladas de escombros acumulados.

Fotografía: EFE/ Miguel Gutiérrez

El doble terremoto del pasado 24 de junio es el más mortífero que ha vivido Venezuela en el último siglo. Según los últimos datos, son más de 3.600 las personas fallecidas por el seísmo y casi 17.000 personas permanecen en los 87 campamentos de refugiados. Antes de abandonar el país, nuestros compañeros Luis Montero y Beatriz Viaño, enviados especiales a Caracas, pudieron conversar con una niña superviviente, Khatara, también con su hermano Wilber y con Jhorman, uno de los rescatistas voluntarios que consiguieron sacar a la menor de entre los escombros. Nos lo cuentan en Cinco Continentes.

15 días después del doble terremoto en La Guaira, en Venezuela, los rescatistas siguen trabajando día y noche, porque aún cabe la posibilidad de encontrar a personas vivas entre los escombros.

Casi sin cobertura de teléfono ni internet muchos de los damnificados ni siquiera pueden pedir ayuda o informar de los daños que ha sufrido sus casas.

El gobierno venezolano defiende su gestión mientras la oposición le acusa de falta de previsión, de actuar tarde y advierte de que la corrupción de las autoridades dificultará la reconstrucción. La ONU calcula que los terremotos han causado daños por valor de 24000 millones de dólares en edificios públicos y privados. Reparar las infraestructuras costará otros 13.000 millones.

Fotografía: Miguel Medina / AFP

Una semana y media después del doble terremoto en Venezuela, los equipos de rescate continúan con su labor de sacar cuerpos y buscar supervivientes. Uno de estos casos es Lucas, que hoy cumple nueve años y está atrapado bajo los escombros. Sus padres no abandonan la esperanza de sacarlo con vida: "Estuvimos haciendo unas pruebas de sonido que detectan latidos del corazón", explica su madre, aunque añade que aún no han recibido los resultados.

Para ello, los rescatistas cortan hierros con sopletes o se rompen escombros con mazas. Se trata de un laborioso trabajo a mano para evitar que las máquinas pesadas hagan colapsar la estructura.

Fotografía: Bomberos del CPEI de Badajoz trabajando en labores de rescate en Venezuela

En Venezuela, 12 días después de la tragedia hay cada vez menos opciones de encontrar supervivientes. Ahora el país enfrenta grandes retos: recuperar los cuerpos de las víctimas y gestionar los millones de toneladas de escombros que dejaron los terremotos. El Gobierno cifra en más de 850 los edificios afectados.

Mientras muchos venezolanos han huido a otras zonas del país que no han resultado afectadas por la catástrofes, arrecian las críticas contra la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, que ya ha anunciado la creación de una unidad militar de emergencias al estilo de la UME española.

Foto: AFP

Héctor tiene 74 años y cojea un poco. Es un enfermo crónico, pero ahora tiene más molestias y no quiere ir a los hospitales de Caracas porque están desbordados con los heridos más graves del terremoto.

Después de tomarle datos y constantes vitales, le derivan a la consulta de trauma. Una doctora evalúa al paciente y decide hacerle una placa para saber el diagnóstico. Tendrán que operarle más adelante pero, por ahora, le alivian el dolor.

Ante la magnitud del doble seísmo, faltaban manos para ayudar. Este cuerpo de bomberos forestales, enviado a La Guaira, espera su turno. No llevaron equipos de rescate y ahora tienen infecciones respiratorias y cutáneas.

Un equipo de treinta sanitarios en turnos de 7:00 a 19:00 horas atiende en este hospital de campaña a todos los pacientes que vengan. Hasta ahora son heridos leves y con trauma psicológico.

Foto: AECID/EFE — Hospital de campaña instalado por la AECID en un parque de Caracas

No hay intimidad en los terremotos. Unas camisas, unos productos de higiene o la ropa de cama. Todo queda a la intemperie. No hay puertas ni ventanas para dejar de ver la devastación. Una nevera, zapatos, incluso antiguos pasaportes, se puede encontrar casi de todo tirado por el suelo. Los vecinos quieren recuperar parte de sus vidas antes de que entren las excavadoras y arramplen con sus recuerdos y su pasado.

Lo que sí hay en los terremotos es solidaridad. Rafael y su familia han venido desde Valencia, a dos horas de Caracas. Reparten hielo, refrescos, zumos y también productos para los niños. Una pediatra trae medicamentos para aliviar pequeños dolores, pero sabe que puede haber enfermedades más graves.

Otros han preferido montar una farmacia al aire libre para el que lo necesite. Hay cuadrillas de voluntarios como si fueran obreros de la construcción. El epicentro está en La Guaira pero Venezuela entera tembló la tarde del 24 de junio.

Foto: MARTIN BERNETTI/AFP — Catia La Mar, La Guaira

Ocho días después, el rescate con vida de Hernán Gil, el vigilante de un centro comercial de La Guaria, parecía el de un auténtico milagro. Con los primeros movimientos de tierra, se refugió bajo el escritorio de su garita y pudo salvar la vida, aunque su extracción duró horas interminables.

La tragedia, en Venezuela, tiene otros muchos otros nombres y apellidos. Muchos los siguen buscando en las listas de desaparecidos que pueblan las paredes de uno de los hospitales de Caracas. Allí, Informe Semanal se encuentra con una mujer que busca desesperadamente a su bisnieta: "he venido a ver a los voluntarios que están difundiendo la información". Jully, con su madre ingresada, busca a su padre: "a ella me la encontraron tres días después. Con quemaduras de tercer grado". "Y el gobierno no está haciendo ni gestionando nada", declara a Informe Semanal, a pesar de las palabras de Delcy Rodríguez.

Bárbara Batista, jefa del equipo ONU Desastres nos recuerda que "esta crisis se superpone a una que ya venía sufriendo Venezuela. Y, de repente, esto. Y, claro, todas las capacidades se sobrepasan". Óscar Murillo, coordinador de la ONG PROVEA (Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos), apunta que -efectivamente- "la vulnerabilidad es estructural y responde a un largo periodo de debilitamiento de las instituciones, endeudamiento, falta de transparencia, desinversión... Y la ciudadanía está exigiendo que haya un plan que sea visible".

Douglas cuenta que se han organizado "por voluntad propia, para distribuir ayuda e insumos médicos, para trasladar a la gente que ha quedado en albergues, llevar desayunos, comida, hidratación, ropa todo lo que sea necesario... Muchísimos niños están necesitando encontrar a sus familias y nosotros lo estamos haciendo". "Creo que es importante", añade, "que el mundo sepa que Venezuela no cuenta con su Estado, que le falló al país y que ha sido el mismo venezolano el que ha estado echando adelante y el que ha estado sirviendo de maquinaria pesada para poder rescatar a todos los que hoy han podido rescatar".

"Como todo el mundo sabe, con dos terremotos juntos, con muy poco tiempo entre uno y otro, se ha generado una situación terrible, con una afectación importante, en edificios, viviendas, estructuras de salud...". Son palabras de Carlos Alvarado, ministro de Salud venezolano, al que nos encontramos en uno de los albergues de la capital: "estamos atendiendo desde el primer momento, tenemos que agradecerle la solidaridad de muchos países". Pero en la voluntariedad parece estar la clave. También a pie de los escombros. "Nos vamos a levantar como siempre", asegura Jesús Alberto Bello, presidente de la Hermandad gallega de Venezuela.