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Los nazis convirtieron la terminal del aeropuerto de Tempelhof en el edificio más grande del mundo hasta la construcción del Pentágono. Pero el recuerdo que ha dejado para la posteridad es otro: el del llamado "puente aéreo", la colosal operación para asistir a Berlín Oeste cuando Stalin ordenó su bloqueo por tierra. Casi 300.000 aviones aterrizaron durante 11 meses, a veces cada 90 segundos, con alimentos, carbón y hasta golosinas.

Alemania conmemora estos días los 80 años del fin del nazismo con el sabor de que una era se acaba, tras las repetidas declaraciones de desprecio a los europeos de la nueva administración estadounidense.

Un Estado minúsculo, pero un gigante diplomático. El Vaticano no solo tiene legaciones en más de 180 países. Su cuerpo diplomático es de los más antiguos y experimentados del mundo. Eso, unido a su liderazgo espiritual sobre casi 1.400 millones de fieles en los cinco continentes, le permite ejercer una enorme influencia geopolítica a nivel global.

"Es a la vez estado soberano y gran líder religioso", dice el profesor Relaciones Internacionales de la Universidad de Comillas, Diego Alonso-Lasheras. La personalidad del papa determina, en cada momento de la historia, la acción del Vaticano en el exterior. Francisco, por ejemplo, abrió el foco al cambio climático o el sufrimiento de migrantes y refugiados. Muy significativos sus viajes a las islas de Lampedusa y Lesbos, en medio de graves crisis humanitarias.

"El hecho de que el papa vaya a un sitio o realice ciertos gestos, tiene un gran impacto a nivel mundial, y en ese sentido tiene un gran poder, el poder de lo simbólico. Los símbolos nos movilizan mucho", señala Alonso-Lasheras.

La Santa Sede suele mediar en guerras y conflictos internacionales. El último ejemplo, Donald Trump sentado cara a cara con Volodímir Zelenski, en pleno funeral de Francisco, para buscar la paz en Ucrania. Entre los logros recientes más señalados del Vaticano: el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba en 2014.

En un mundo cada vez más convulso y polarizado, nos dice este experto, está por ver cuáles serán las prioridades del futuro papa en la esfera internacional.

Foto: JEFF PACHOUD / AFP

Año 2015, últimos meses de Barack Obama en la Casa Blanca y consigue su gran logro diplomático: el pacto con Irán, con límites a su programa nuclear, a cambio de levantar sanciones económicas. El Donald Trump de 2018 aseguró que era el peor acuerdo de la historia y lo rompió unilateralmente, restableció las sanciones, e impuso mano dura contra el régimen iraní, que respondió enriqueciendo más uranio.

Pero el Trump de 2025 parece otro: quiere hablar, exige un acuerdo del que podría sacar pecho en medio de la vorágine arancelaria y de los intentos de acabar con la guerra en Ucrania, de momento sin éxito.

En el otro lado, ha ocurrido parecido: en menos de un mes, el líder supremo ha pasado de decir que a un acuerdo con EE.UU. sería "deshonroso" a estar abierto a recibir inversiones estadounidenses. Los expertos coinciden: "Hay presión económica", subraya este exdiplomático iraní. El rial iraní no deja de caer, explica esta investigadora de la universidad de Oxford. O lo que es lo mismo, aumentan los precios y el desempleo. El descontento económico se suma a la falta de libertades: una olla a presión interna. Muchos iraníes quieren el fin del régimen, con aliados también debilitados, como Hamás, Hizbulá, los hutíes o el huido Bachar Al Asad.

En este contexto, Trump mete presión: amenaza con bombardear Irán si no hay pacto. Lo que en otro momento llevó años negociar, él lo quiere ya.

Foto: EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Washington y Pekín se adentran en una guerra abierta por la hegemonía mundial. Los aranceles impulsados por Trump empujan la rivalidad entre las dos potencias a un terreno desconocido.

Una lucha que amenaza el actual orden mundial. De un mundo globalizado e interconectado a otro fragmentado y partido en áreas de influencia que compiten salvajemente entre sí. Con una China en ascenso y un Estados Unidos en declive y repliegue en la esfera internacional. Un cambio de paradigma que conlleva grandes riesgos, `pero también oportunidades.

Ante la incertidumbre, los distintos Estados mueven ficha y se replantean sus alianzas, sus mercados... Nadie quiere salir perdiendo en este nuevo e imprevisible desorden mundial.

Foto: REUTERS/Kevin Lamarque