Los efectos de la guerra en Irán ya empiezan a notarse en el bolsillo del consumidor. El origen de las subidas está en el encarecimiento del gas y el petróleo, que repercute en las materias primas, y no parece que el escenario vaya a mejorar.
¿Podemos pensar en un techo para los precios? Una referencia podría ser lo que pasó durante la guerra en Ucrania. Con el barril de Brent a 137 dólares y el gas en el mercado europeo a 300 euros el megavatio/hora. Aunque ahora estamos lejos de esos niveles, el bolsillo de los ciudadanos encara las nuevas subidas muy tocado.
En algunos negocios ya notan que el consumo ha descendido desde el inicio del conflicto. Una disminución del consumo que unida al alza de la inflación podría provocar un shock económico.
El BCE ya alerta sobre el alza de los precios y sube siete décimas, hasta el 2,6%, sus previsiones de inflación para este año en la eurozona. Porque aunque la guerra acabara mañana tardaríamos semanas en notar la bajada de los precios.
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