En 1997, el libro de Nicolás Joly “El vino del cielo a la tierra” dio a conocer en España la idea de la viticultura biodinámica, basada en los principios del pensador austriaco Rudolf Steiner.
Su adopción por una nueva generación de viticultores, especialmente en Cataluña, conectó con prácticas tradicionales del campo español y con instrumentos centenarios como el Calendari dels Pagesos, que marcaba los ciclos lunares.
Proyectos pioneros como Vins El Cep, en Penedés, o Pinord en el Prioriat, impulsaron el desarrollo de esta filosofía, que se extendió a los viñedos de otras regiones españolas y de Hispanoamérica.
En realidad, estas prácticas recuperaban una lógica ya descrita, por ejemplo, por Alonso de Herrera en el siglo XVI en las tierras castellanas.
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