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En la segunda parte del libro I del De oratore, Cicerón plantea si basta con dominar la técnica del discurso o si, además, hace falta tener detrás una verdadera formación, conocimiento de la materia de la que se habla, experiencia de la vida pública y comprensión de la naturaleza humana. Ya no estamos ante un elogio abstracto de la elocuencia, sino ante una discusión mucho más concreta y más seria.

Ahí es donde el diálogo se tensa de verdad. Craso defiende una idea exigente del orador: no como un simple especialista en palabras, sino como alguien con una formación amplísima, capaz de pensar por sí mismo y de no depender de otros para entender lo que está defendiendo. Antonio, en cambio, rebaja ese ideal y lo devuelve al terreno de la práctica. Su visión es más realista, más política, más pegada al día a día: el orador no tiene por qué saberlo todo, pero sí tiene que saber moverse, entender a su auditorio y conducirlo con inteligencia.

Lo interesante es que Cicerón no resuelve del todo esa tensión, y precisamente por eso el texto sigue vivo. Porque nosotros seguimos atrapados entre esos dos modelos. De oratore entra de lleno en ese conflicto entre conocimiento y persuasión.

Además, Cicerón deja claro que hablar bien no consiste en adornarse ni en impresionar con frases bonitas. La verdadera elocuencia no es un truco superficial, sino una forma de inteligencia en acción. Hay que saber qué decir, cuándo decirlo, ante quién y con qué intención. Hay que adaptarse, medir, escoger el tono justo. Y eso exige mucho más que facilidad verbal: exige criterio, experiencia, preparación y un conocimiento profundo de cómo funcionan las personas y la comunicación.

Por eso esta obra no habla solo de la Roma republicana. Habla también de nosotros. De empresarios, políticos, abogados, tertulianos, profesores, periodistas y de cualquiera que aspire a convencer a otros con la palabra. Cicerón nos recuerda que la elocuencia no debería separarse nunca del fondo, porque cuando la palabra se vacía de verdad y de criterio, se convierte en simple ruido, en apariencia, en charlatanería.

Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual. La banda sonora de la segunda parte del libro I del De oratore de Cicerón está formada por “Everybody’s Talkin’”, de Harry Nilsson; “Say What You Want”, de Texas; y “Parole, parole, parole”, de Mina y Alberto Lupo.

 

Se cumple un siglo de la fundación del Lyceum Club Femenino en 1926. Fue un espacio pionero de sociabilización femenina en el que las mujeres más brillantes de la época se encontraron para debatir, aprender, intercambiar conocimientos y promocionar artistas femeninas. Hablamos con la comisaria de la Conmemoración del Centenario, Tania Balló; la asesora científica, Carmen de la Guardia y descendientes de las fundadoras y socias del Lyceum.

Isabel Zendal nació en 1773 en una aldea de Coruña. Sus padres eran campesinos humildes. Cuando tenía trece años, su madre murió de viruela, la enfermedad que años después Isabel ayudaría a combatir. Siendo joven comenzó a trabajar en el Hospital de la Caridad de Coruña. En 1803 fue incorporada a la expedición de Balmis, responsable de la vacunación de unas 250.000 personas. Hoy, la OMS la considera la primera enfermera en misión internacional de la historia.

Para los antiguos romanos, la muerte voluntaria no siempre se veía algo negativo ni trágico. A menudo era un modo de preservar el honor, preferible a ser ejecutado o vivir con vergüenza. En suma, un acto de dignidad.

En el siglo XVI, el descubrimiento de plata en el Cerro Rico transformó a Potosí en uno de los mayores centros mineros del mundo y en el principal mercado del sur del Imperio español.

Para abastecer a esta enorme ciudad andina surgió una red comercial que conectó regiones productoras de vino en los actuales Perú, Chile y Argentina, impulsando el desarrollo de la viticultura en el Cono Sur.

Así, la demanda de la montaña de plata contribuyó a organizar rutas comerciales y paisajes agrícolas que integraron territorios muy distantes dentro de una misma economía imperial.

Según la historiografía tradicional, la ciudad de Oviedo se fundó en el siglo VIII a partir de la unión de varios complejos monásticos. No existiría, por tanto, una ocupación romana previa como génesis de la ciudad. Pero recientes excavaciones arqueológicas en el caso histórico de la ciudad han permitido localizar materiales romanos reutilizados en las edificaciones altomedievales y una fuente, la llamada Fuente de la Rua, datada inequívocamente en época romana. Incluso el nombre de la ciudad Oveto podría derivar etimológicamente de Iove, es decir Júpiter.

Yolanda Peña Cervantes, profesora de Arqueología (UNED).

Hattie McDaniel nació en 1893 en Kansas y murió en 1952 en California. Hija de padres que habían sido esclavos, creció en un país que aún practicaba la segregación racial con naturalidad. Cantó en espectáculos ambulantes, trabajó como camarera y sobrevivió a la pobreza antes de entrar en la radio y el cine.

En 1939 interpretó a Mammy en la película Lo que el viento se llevó. Su actuación le valió el Óscar a mejor actriz secundaria en 1940, convirtiéndose en la primera persona negra en ganar un premio de la Academia. Sin embargo, durante la ceremonia tuvo que sentarse en una mesa apartada, en la parte de atrás, debido a las leyes de segregación.

Fue criticada por aceptar papeles de sirvienta, pero defendía su derecho a trabajar en una industria que ofrecía pocas oportunidades a los intérpretes afroamericanos. Actuó en más de trescientas películas y también fue una estrella de la radio. Su vida estuvo marcada por el talento, la polémica y la resistencia en un sistema profundamente racista.

Este programa recorre los primeros pasos de Teresa de Calcuta, Premio Nobel de la Paz 1979, tras abandonar en 1948 el convento de Loreto, donde había sido monja durante 20 años. Narra también la llegada de sus primeras seguidoras y la inusitada expansión de la congregación de las Misioneras de la Caridad en los cinco continentes.

Con fondos musicales de G. Fauré, Música popular hindú, C. Debussy, L. Cohen, J. Willimans y J. A. Simarro.

El arte de equivocarse

El efecto marco

En este episodio de “El Arte de equivocarse" hablamos del efecto marco y de cómo el contexto puede convertir lo trivial en trascendente… o lo sublime en absurdo.

Conversamos con César Guardeño, historiador del arte, guía de turismo y gerente de la empresa CaminArt. Camins de Cultura i d´Art, que nos lleva por el mapa negro de Valencia a través de la ruta Camins Criminals. Nos sumergimos en la crónica de sucesos valenciana de los siglos XV al XX con asesinatos, atracos, envenenamientos, corrupción y ejecuciones públicas.

Programa 80. Xurxo Melchor, periodista de La Voz de Galicia especializado en sucesos y tribunales, nos cuenta cómo se está desarrollando el macrojuicio por el cambiazo de ataúdes en Valladolid con 23 acusados en el banquillo. Conversamos con César Guardeño, historiador del arte, guía de turismo y el gerente de la empresa CaminArt. Camins de Cultura i d´Art, que nos lleva por el mapa negro de Valencia a través de la ruta Camins Criminals. La socióloga y criminóloga Victoria Pascual analiza los delitos en el entorno laboral. Neus Sala y el Archivo Digital de RNE dedican Archivo criminal al segundo capítulo sobre la fuga de Luis Roldán (1994).

Madrid fue fundada en el año 855 por el emir Muhammad I. Su nombre original, Madina Mag-rit, parece deberse a la abundancia de agua del emplazamiento elegido y Mayrit se traduciría como “lugar donde abundan las corrientes de agua”. La primera ocupación, a modo de fortaleza, tuvo unas 4 hectáreas y se construyó en la zona ocupada actualmente por la Catedral de la Almudena. De hecho, el propio nombre de la patrona de la ciudad, Almudena, proviene del árabe hispánico "al-mudayna", lo que significa literalmente “pequeña ciudad fortificada”. Todavía hoy puede verse parte de la muralla árabe de esta fortaleza inicial en la Cuesta de la Vega.

Yolanda Peña Cervantes, profesora de Arqueología en la UNED.

Cicerón no escribe un manual de trucos para hablar bien. Hace algo mucho más ambicioso: convierte la oratoria en una cuestión de civilización. En el libro I de Sobre el orador, nos lleva a una villa romana, en el año 91 a. C., donde varios grandes personajes conversan sobre una pregunta que sigue viva hoy: qué hace de verdad grande a alguien que habla en público. Y la respuesta no es tener labia ni saber soltar frases brillantes. Es mucho más serio que eso.

En la obra vemos además el choque entre dos modelos. Uno más ideal, que aspira a un orador sabio, casi total. Y otro más práctico, más pegado al barro de la vida política y judicial. Entre los dos, Cicerón va dibujando su idea de la palabra: no basta con adornar el discurso, hay que convencer, emocionar y dominar la situación. A la primera parte del Libro I de Sobre el orador de Cicerón se dedica este podcast de “Locos por los clásicos”.

Lo fascinante es que, dos mil años después, seguimos exactamente en ese problema. Seguimos viendo comunicadores que dominan el gesto, pero no el fondo, la emoción pero no la verdad, la apariencia pero no el conocimiento. Por eso este texto no habla solo de Roma. Habla de nosotros, de reuniones, de política, de platós, de redes sociales, de clases, de cualquiera que quiera influir en otros con la palabra. Cicerón nos recuerda que hablar bien no consiste en impresionar, sino en pensar, entender y persuadir con responsabilidad.

Como no hay nada más actual que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual. La banda sonora de Sobre el orador de Cicerón está formada por “Parole, parole, parole”, de Mina y Alberto Lupo; “Everybody’s Gotta Learn Sometime”, de Beck; y “More Than Words”, de Extreme.

La imagen corresponde a “Cicerón denuncia a Catilina”, por Cesare Maccari (1888), en el Palacio Madama, en Roma, sede del Senado de Italia.