Ovidio no quiere héroes, no quiere guerras, no quiere hazañas imposibles. Podría cantar a Aquiles o a Ulises… pero los despide sin miramientos. Él elige otra batalla: la del amor.
Y no es un amor ideal ni perfecto. Es un amor carnal, apasionado y divertido. De carne, de deseo, de celos, de estrategias y de contradicciones. Porque en estos Amores el enamorado no es un soñador… es casi un estratega: negocia con los guardianes, les suplica y se desespera.
Y entre juegos y provocaciones, aparecen los celos, la reconciliación, el deseo que se intensifica… y de pronto, el giro: el miedo. Cuando Corina pone en riesgo su vida, el poeta deja de jugar y suplica por la salud de su amada.
Pero Ovidio no se detiene ahí. Convierte cualquier cosa en poesía: un anillo que toca el cuerpo de la amada o un viaje que separa a los amantes. Y entonces da la clave: amar es combatir, es luchar por lo que uno ama. Militat omnis amans. Todo amante es un soldado. Pero no uno heroico, sino uno vulnerable y contradictorio.
Sus versos atraviesan siglos y lenguas para llegar hasta nosotros vivos de pasión.
Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos les ponemos música actual. La banda sonora de Amores II de Ovidio está formada por “Crying Laughing Loving Lying”, “Cannock Chase” y “My Song”, de Labi Siffre.
En la imagen: “Beso en la cama”. Toulouse Lautrec (1892)