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La lanza y el jaguar. Un viaje a los pueblos no contactados de la Amazonía

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En portada - La lanza y el jaguar
Este es un reportaje peculiar. Nunca vemos ni oímos a sus auténticos protagonistas, los tagaeri y los taromenani, dos pequeños pueblos que resisten en el interior de la Amazonía ecuatoriana. Es un relato a través de los "otros", de los waorani, sus parientes más cercanos, de los misioneros capuchinos, de los antropólogos, de periodistas.  Los protagonistas sólo se hacen presente a través de la imagen que el "otro", nosotros, tenemos o nos hacemos de ellos y, a la vez, de nosotros mismos.  

Todo esto plantea varios retos para elaborar un reportaje. Un pregunta frecuente ha sido si íbamos a intentar llegar, de algún modo, a alguno de estos grupos que rehuyen la convivencia con otros indígenas y con los colonos, lo cual sería, además,  una gran "exclusiva" y, sin duda, imágenes que darían la vuelta por todas las pantallas. La respuesta siempre fue no. Primero por una razón ética, sería absurdo forzar el contacto con alguien que no lo quiere para contar eso precisamente. Segundo, este tipo de contactos o más bien de incursiones pueden propagar enfermedades, inocuas para nosotros, pero mortales para ellos. 
             
Los waorani, el último pueblo contactado en la Amazonía ecuatoriana y emparentado con los tagaeri y afín a los taromenani, permiten la mayor aproximación estos pueblos "ocultos" o "en aislamiento". Nos permiten hacernos una idea de cómo son y cuál puede ser su suerte si el contacto se fuerza.  Frente al ideal del "buen salvaje", los waorani nos muestran hoy el resultado de un vertiginoso paso de la edad de piedra, o más bien de la madera, a la edad del teléfono móvil e Internet. Les gusta vestirse con camisetas y pantalones, calzarse con sandalias. 

La imagen de la comunidad de Ñoneno no tiene nada que ver con la mostrada por las grandes obras fotográficas sobre los waorani, en las que el tiempo parece haber pasado y recrean una imagen más ideal que real de su presente. Los waorani insisten en que ya están "civilizados" y, por tanto, necesitan dinero para vestirse, comer y satisfacer otras necesidades. Y en medio de este discurso guardan la picardía de los cazadores-recolectores que fueron hasta no hace mucho y consideran al mestizo, al blanco como un mero almacén de suministros bien abastecido del que pueden tomar lo que quieren y cuando se les antoja. Pero ese "almacén" no es gratis, es la pequeña dádiva del petróleo y la colonización para adentrarse en sus territorios ancestrales y explotar sin mayor problema sus riquezas. 

La traducción de todo esto en imagen plantea un reto. Más allá de las palabras, los tagaeri y los taromenani debían tener una cierta presencia. Y este es el reto que el realizador del reportaje, Miguel Ángel Viñas, se planteó desde el primer momento y que, junto con los reporteros José M. Ballano y Paco Rueda, ha sabido resolver. Al final, no vemos a los tagaeri y los taromenani, pero sí intuimos su presencia y tenemos las certeza de que ellos sí nos ven a nosotros.

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