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'Open windows', el thriller imposible de Vigalondo

  • Nacho Vigalondo presenta en el South by Southwest su primer largo en inglés
  • La historia, con Elijah Wood y Sasha Grey, sucede en la pantalla del ordenador
  • La brillante realización tiene detrás un costoso trabajo de posproducción

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Imagen de 'Open Windows', de Nacho Vigalondo.

Nacho Vigalondo estaba este martes nervioso, muy nervioso (“No disfruté del estreno anoche”, confiesa). Y eso que juega en casa, porque en el Austin cinéfilo, Nacho es una celebridad, “la mascota oficiosa del Fantastic Fest”, que decía el principal periódico de la ciudad, el Austin Chronicle, al comienzo del Festival South by Southwest (SXSW).

Soy el primero en no entender ni mi carrera ni rumbo, ni nada

Un contraste con las decepciones y bofetadas que su cine le ha costado en España (“Soy el primero en no entender ni mi carrera ni rumbo, ni nada”, afirma con humildad sobre la recepción de su cine).

El lunes, por fin, se estrenó en el SXSW Open windows, una película que ha sufrido “un retraso de casi un año en la posproducción”. Tras la notable Extraterrestre, a la que fue tan mal en taquilla y que polarizó a la crítica (“hubo gente tan en contra que me quedé completamente sorprendido”), el director cántabro vuelve al cine de género que le lanzó con Los cronocrímenes.

Open windows, su primer largometraje en inglés, nace de un encargo. “Me hicieron una propuesta de hacer una película, un thriller en el que internet y las redes sociales tuvieran una presencia importante y yo lo que hice fue proponerles que toda la película transcurriese en la pantalla del ordenador”, explica.

La historia es la de Nick Chambers (Elijah Wood), un fan de una actriz de cine de género (Sasha Grey) al que alguien a través del ordenador le invita a espiarla a través de diferentes cámaras y dispositivos. La invasión de la privacidad de la actriz no es inocente y derivará en complicaciones para todos los involucrados.

La película trata sobre cómo el usuario de internet se convierte fácilmente en gente que explota a otra gente

Pulsar un botón para hacer el mal sin sentirse culpable

“Cuando decides hacer una película que transcurre todo el rato en una pantalla de ordenador con conexión a internet, estás condenado a hablar de privacidad. Y sí tenemos miedo a perder la privacidad, pero al mismo tiempo hemos renunciado a ella -señala el cineasta-. Pero en la película usamos el miedo a perder la privacidad para hablar de explotación, creo que la película es más sobre eso, sobre el hecho de que como consumidores en internet, no nos consideramos gente que explota a otra gente, pero a veces nos convertimos en ello. Esa ambigüedad nos afecta -y me incluyo-, y es de lo que hablamos en esta película”.

Para Elijah Wood, esa ambigüedad “es una de las cosas que me gustan de la película, algo con lo que todos nos sentimos relacionados. En internet no actuamos necesariamente como si estuviésemos delante de una persona y eso es fascinante, y la película maneja eso muy bien. Mi personaje lo hace al principio de la película; es solo un click, no lo siente como un acto, como nada malo”

“Todos estamos de acuerdo -puntualiza Vigalondo- en que es un crimen que alguien haya distribuido las fotografías de una actriz desnuda que alguien ha robado de su teléfono móvil, no lo apoyamos porque no queremos que nadie nos robe, pero corremos a ver las fotos lo antes posible. Somos parcialmente culpables en relación con internet”.

El hecho de que Sasha haya sido actriz porno le añade otra capa de ironía y significado a su personaje

Y si esas fotos son de Sasha Grey, miel sobre hojuelas. “El hecho de que Sasha haya sido actriz porno le añade otra capa de ironía y significado a su personaje -reconoce Vigalondo-. Ella es consciente de su pasado. La película no está explotando esa parte de su vida pero es consciente de ello, lo que creo que lo hace más interesante, y su presencia me permite hablar del tipo de consumidores que las películas porno tienen en internet.”

“Puedo darme cuenta, desde que sabían que iba a hacer una película con ella, de esa corriente de ira que muchos hombres muestran en internet hacia una mujer que es una estrella porno y ahora hace algo diferente. Estaban furiosos contra ella y creo que ese sentimiento es perturbador, y creo que eso está reflejado en el villano, porque algo que me gusta de Neil Maskell es que él está tan furioso, tan cabreado, parece odiarla tanto... pero cuando está delante de ella, quiere ser su ‘white knight’, su salvador”.

)

El infierno de modelar un bloque de cemento seco

Open windows es un brillante y profundamente original ejercicio de realización. Una narración en tiempo real que mezcla múltiples pantallas. “Un infierno de posproducción”, visto desde detrás del tapiz por su director.

“La película dura 100 minutos, pero las horas de vídeo que usamos son 72 horas, por lo que ha sido un lío absoluto, no sólo trabajar con la película sino mejorarla luego. En una película normal, cuando la ves y ves que hay un bajón de ritmo o que es demasiado rápido, es más fácil cortar una secuencia o manipularla, pero cómo lo puedes hacer cuando es en tiempo real, cuando la cámara nunca hace un corte.”

“A veces me he sentido como si tuviese que modelar cemento seco, hacer figuras con él. El chorro de la información de la película es muy difícil de manejar”.

Y en ese sentido, aunque el ritmo no decae en ningún momento, sí que se le puede achacar al guión ribetes de inverosimilitud en algunos momentos, o giros de guión que rozan el deus ex machina. (Aunque este redactor tiene que reconocer que no habiendo la película con subtítulos se ha perdido frases o fragmentos que pueden explicar y contextualizar mejor).

¿Se considera un pionero en su forma de contar la historia? “Cuando haces una peli, no quieres ir un paso más allá, cuando te atrae un proyecto como este piensas: ok, mola, eso es todo, te enamoras del proyecto, no tienes una estrategia más amplia así que el modo en el que me acerqué a esta idea fue tengo un nuevo juguete y tengo que jugar con él, y quizá romperlo”

Open windows gustará, seguro, a los amantes del género, a los que atraen los proyectos que fuerzan los límites de la narración, que buscan construir arquitecturas imposibles. Ojalá que guste también a un público amplio y consolide la carrera de un tipo, Vigalondo, que es más que una figura de redes sociales, alguien que vuelve a mostrar en su trabajo cinematográfico muestras evidentes de un talento peculiar.

Un talento tras el que, por cierto, está el equipo de Apaches Entertainment (Lo imposibleTres bodas de másGente en sitios) y en este caso La Panda Productions (detrás también de la ya premiada 10.000 KM).

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