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Perú | Caso Odebrecht

Alan García, el expresidente peruano acorralado por la corrupción hasta el suicidio

  • El exmandatario ha muerto después de dispararse en la cabeza cuando iba a ser detenido por la policía
  • García estaba en la mira de la Fiscalía desde 2016 por su presunto vínculo con el caso Odebrecht

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 Imagen de archivo de 2001 en la que aparece el expresidente peruano Alan García
Imagen de archivo de 2001 en la que aparece el expresidente peruano Alan García. REUTERS

Irrumpió en la política peruana en 1985 como "Caballo loco" y 35 años después, acorralado por la corrupción, Alan García ha decidido escribir un final trágico para su propia vida: el expresidente peruano ha muerto este miércoles después de dispararse en la cabeza cuando iba a ser detenido por la policía, por un supuesto delito de corrupción vinculado al caso Odebrecht.

García, que asumió el poder como el presidente más joven de América e hizo carrera política en el seno del izquierdista Partido Aprista Peruano (PAP), ha fallecido en un hospital limeño en medio de una gran conmoción ciudadana y después de un intento de suicidio que le ha mantenido varias horas en estado crítico. 

El final del exmandatario también ha estado ligado a la sombra de la corrupción, que acompañó su paso por la política; una sombra de la que pudo escapar en numerosas ocasiones pero que, tras el estallido del escándalo Lava Jato y las confesiones de la empresa brasileña Odebrecht, le dejó arrinconado. 

Muere el expresidente peruano Alan García después de dispararse en la cabeza cuando iba a ser detenido

La sombra de la corrupción

Desde que a finales de 2016 se revelaran los sobornos que Odebrecht pagó en una docena de países de Latinoamérica, García estaba en la mira de la Fiscalía, aunque inicialmente no había indicios que lo involucraran de manera directa.

Sin embargo, los fiscales sabían que su segundo Gobierno (2006-2011) coincidía plenamente con el periodo entre 2005 y 2014 en el que la empresa reconoció haber pagado dádivas y sobornos en Perú.

También estaban las evidencias de que su predecesor en el cargo Alejandro Toledo (2001-2006) había recibido 20 millones de dólares en sobornos de Odebrecht, por lo que los fiscales buscaron tirar de la madeja hasta llegar a García.

Además, el mayor funcionario implicado del segundo mandato de García era el exviceministro de Comunicaciones Jorge Cuba, quien recibió 8 millones de dólares en cuentas de la Banca Privada de Andorra por la licitación de la Línea 1 del Metro de Lima y permanece en prisión preventiva.

Los cuatro últimos expresidentes de Perú, que ocuparon el cargo sucesivamente desde el 2001 hasta el 2018, se han mantenido en la mira de la Justicia desde que se destapara, el escándalo de corrupción de la constructora brasileña.

La situación se precipitó en 2018

La situación del expresidente se precipitó en noviembre de 2018, cuando García, quien residía en España, visitó su país natal para participar en una cita con la fiscalía para ser interrogado en el marco de una investigación por corrupción que vinculaba a varios de sus colaboradores.

Allí se encontró dentro de la lista de investigados y con un pedido de impedimento de salida del país, mientras la prensa informaba de que documentación aportada por Odebrecht recogía pagos irregulares al exmandatario que confirmarían su participación en actos de corrupción.

García, sobre el que en ese momento no pesaba ninguna orden de detención, buscó refugio en la residencia del embajador uruguayo en Lima aduciendo "persecución política". Tras varias semanas, Uruguay rechazó ese pedido y un escarmentado García salió de la sede diplomática con el prestigio dañado y consciente de que ya no recibiría apoyo externo en su lucha por eludir a la Justicia. 

La pasada semana se conoció que la Fiscalía había detectado que el exsecretario presidencial de García Luis Nava había recibido más de 4 millones de dólares en sobornos en cuentas en paraísos fiscales, a los que se sumó más de un millón de dólares que se entregó al exvicepresidente de la estatal Petroperú Miguel Atala en la Banca Privada de Andorra.

Los fiscales sospecharon entonces que, si Atala era un probable testaferro de Nava, también era probable que este lo haya sido de García, debido a la cuantiosa suma de dinero que acumuló en sus cuentas para haber sido secretario de la Presidencia.

La detención de García se iba a producir pocos días antes de que los fiscales peruanos a cargo del caso viajasen a Brasil para interrogar a Jorge Barata, el exdirector de Odebrecht en Perú que es considerado el testigo clave de este caso, al haberse encargado de negociar y entregar los sobornos a los políticos nacionales.

Etapas políticas

Nacido el 23 de mayo de 1949, Alan Gabriel Ludwing García Pérez se licenció en Derecho por la Universidad de San Marcos de Lima, se doctoró en la Complutense de Madrid y amplió estudios en la Sorbona de París.

Regresó a Perú en 1978 e integró la Asamblea Constituyente que redactó la Carta Magna de 1979. Después fue diputado por Lima y en 1982 secretario general del PAP, lo que catapultó su candidatura a la Presidencia en 1985. Vivió dos años de idilio con el pueblo, con medidas como la restricción del pago de la deuda exterior, el rechazo a los organismos multilaterales, la reducción de gastos militares y la limitación de las importaciones. Entonces, con 36 años, se ganó el apodo de "Caballo loco".

Sin embargo, el primer gobierno de García (1985-1990) es considerado como desastroso por la inmensa mayor parte de los peruanos, debido a la profunda crisis económica y el embate del grupo terrorista Sendero Luminoso, que sin embargo volvieron a elegirlo en 2006.

La nueva gestión (2006-2011) fue exitosa en lo económico, y en ella se multiplicó la inversión en el país. En 2016, al postular a un tercer mandato, García no superó el 5% de los votos, lo que le llevó a renunciar a sus cargos en el PAP y mudarse a España, donde residía hasta que quedó impedido para salir de Perú por orden de la justicia.

En ese segundo período realizó un viraje ideológico radical de la izquierda de sus orígenes a una derecha económica y  social sin complejos, mientras en el imaginario colectivo de Perú quedaba como un personaje inmune a toda acusación.

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