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Cuba

Miguel Díaz-Canel, el heredero de los retos pendientes de la Cuba poscastrista

  • El actual vicepresidente recoge el testigo de 60 años de castrismo
  • Su éxito como presidente dependerá de la economía, en situación crítica
  • Díaz-Canel asume el reto de las relaciones con EE.UU. desde "el respeto" a Cuba

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Miguel Díaz-Canel, el heredero de los retos pendientes de la Cuba poscastrista

Por primera vez en 60 años, Cuba tendrá un presidente ajeno a la familia Castro tras la despedida de Raúl Castro. El actual vicepresidente de la isla, Miguel Díaz-Canel, toma las riendas del país con aires de relevo generacional que, según los analistas, no se traducirá necesariamente en un cambio inmediato en la isla caribeña.

Díaz-Canel hereda ahora un país muy diferente al que recibió el menor de los Castro en 2007, pero con el denominador común de los problemas económicos de un país anclado en la resistencia al cambio para perpetuar su sistema socialista. 

Aunque no vivió la Revolución cubana ni tiene carrera militar, Díaz-Canel porta, según sus propias palabras, el espíritu revolucionario: "Soy como muchos otros en este país. [...] Apreciamos todas la enseñanza y las posibilidades que la Revolución cubana nos ha brindado". 

Díaz-Canel (Santa Clara, 20 de abril de 1960) es ingeniero electrónico de profesión, graduado por la Universidad Central Marta Abreu de las Villas, donde más tarde pasó a ejercer como profesor y donde presidió la Unión de Jóvenes Comunistas desde 1987. Pasó por la secretaría del Partido Comunista de Santa Clara y más tarde, en 1991, durante la caída de la Unión Soviética, fue escogido miembro del comité del Partido Comunista.+

Es el hombre en el que Raúl ha confiado y eso le da crédito entre los militares y la guardia revolucionaria

Su discreto ascenso culminó con el paso del Primer secretario del partido en Holguín en 2003, a ser nombrado ministro de Educación en 2009 fue nombrado ministro de Educación. En 2012, fue nombrado vicepresidente del Consejo de Ministros y, un año después, en 2013, la Asamblea Nacional lo nombró vicepresidente, aclamado por Castro por tener "una fuerza ideológica sólida". 

"Es el hombre en el que Raúl ha confiado y eso le da crédito entre los militares y la vieja guardia revolucionaria", señala a Reuters Carlos Alzugaray, un diplomático cubano retirado.

Es precisamente por esto que los expertos coinciden en que su habilidad para dirigir el país dependerá directamente de la mejora de la economía.

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La economía y política social, principales retos

Las reformas de Raúl Castro sirvieron para "actualizar" el modelo de isla con cambios impensables en la era de Fidel: apertura del sector privado frente a la economía centralizada, captación de inversión extranjera frente a la nacionalización de empresas o la entrega en usufructo de tierras a campesinos. Así, brotaron en los últimos años negocios privados como cafeterías, restaurantes, salones de belleza o gimnasios, y, en 2017, el turismo suponía la fuente de ingreso más estable de la economía cubana. 

Sin embargo, todavía persisten las desigualdades sociales y la pobreza. Castro deja una Cuba en situación económica crítica: repuntó un tímido 1,6% en 2017 tras entrar en recesión en 2016 por primera vez en 23 años.

Poco se sabe de la visión política de Díaz-Canel, más allá de que aboga por la continuidad de las políticas de su predecesor y la lucha contra el imperialismo, en parte por haberse mantenido discreto, precavido y siempre a la sombra de su líder.

Para Mavis Anderson, experta del Grupo de Trabajo Latinoamericano, el nuevo dirigente cubano "tendrá que enfocarse en la economía y no en las relaciones bilaterales, un sector que no es muy prometedor". Según la Oficina de Washington para Latinoamérica (WOLA) el cambio no supondrá un "cambio dramático" inmediato. La directora, Marguerite Jiménez, ha explicado a Efe que las prioridades de Díaz-Canel deberán ser las reformas en materia económica y social de los próximos años. "Estos aspectos tendrá que afrontarlos en un contexto de creciente hostilidad con Estados Unidos" dice.

Por delante tiene los retos de combatir la pobreza, unificar las dos monedas y satisfacer las demandas de los jóvenes, que piden el abaratamiento de internet y más acceso a información. 

Muchos cubanos, frustrados con la lenta mejoría económica durante la era Castro, esperan que Díaz-Canel haga tiempo hasta poder tomar las riendas lejos de la vigilancia de Raúl Castro.

Las relaciones con EE.UU., desde "el respeto"

Los expertos creen que el final del castrismo no se traducirá necesariamente en una mejora de las relaciones internacionales, sobre todo de la diplomacia con EE.UU.

Aunque Barack Obama y Raúl Castro descongelaron las relaciones con un encuentro histórico en 2015, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca dio un paso atrás en la diplomacia.

"A menos que cambie radicalmente las cosas, no puedo imaginar grandes cambios", augura a AFP Elizabeth Newhouse, analista del Centro para Política Internacional de Washington.

El propio vicepresidente ha defendido que las relaciones con EE.UU. pasan por el "respeto al derecho del pueblo cubano, de su soberanía, que no se condicione nada y que sea desde el punto de vista de la igualdad y la cooperación".

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La incógnita de una presidencia continuista

Aunque es inevitable ver en su elección la prolongación de la era Castro, sus vecinos destacan "su cercanía con la gente" y su "capacidad para estar donde haga falta", cualidades que lo convierten en el "candidato ideal" para dirigir la isla caribeña.

El próximo presidente cubano era conocido como un iconoclasta que rompió en sus inicios con la tradicional estética de la formación por sus desplazamientos en bicicleta, el gusto por la música rock o el apoyo a un centro cultural clandestino para la comunidad LGTBI cuando reinaba la homofobia en su partido. Sin embargo, en los últimos años ha transformado su apariencia con sobriedad y se ha adscrito a la línea más tradicional de su partido.

Así, un vídeo publicado por el grupo opositor cubano Estado de Sats en 2017, lo situó en la polémica al criticar con dureza a Estados Unidos y embajadas extranjeras, y denunciar la actividad "subversiva" de medios digitales por ser "agresiva con la Revolución": "Les vamos a cerrar la plataforma digital [...] Aquí todo el mundo censura", se le escucha decir.

Para Ana Quintana, de la Fundación Heritage, Díaz-Canel parece "compartir el mismo ADN" que los Castro, por lo que el continuismo "no le presagia buen futuro" a Cuba. Coincide Paul Webster Hare, exembajador británico en Cuba, quien cree que "será interesante observar si es capaz de resistir a la presión del cargo", pues tendrá que ceñirse a las directrices marcadas por el partido liderado por Raúl Castro hasta 2021.

Otros, como Arturo López-Levy, antiguo analista gubernamental y vecino de Santa Clara, localidad natal de Díaz-Canel, ven razones para que sea "más flexible y moderno", aunque advierte de que no está garantizado ni que sea reformista, ni que abandone el sistema de partido único del Partido Comunista. 

Por contra, la comunidad disidente cubana como Hildebrando Chaviano critican la presidencia de un "don nadie" que carece de políticas y liderazgo. 

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