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Naufragio en Lesbos

"Frontex no está equipado ni preparado para rescatar a nadie; no había medios para dar una respuesta"

  • Un socorrista voluntario español relata el último naufragio en la isla de Lesbos
  • Ni la agencia ni los guardacostas griegos podían subir gente a sus barcos
  • Los voluntarios y los pescadores griegos y turcos llevaron el peso del rescate
  • "Hubo dos tipos de personas: los profesionales del mar y los funcionarios"

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Los equipos de rescate siguen buscando supervivientes del último naufragio en Lesbos

El brazo de mar que separa la costa turca de la isla griega de Lesbos, apenas diez kilómetros, se ha convertido en el escenario de repetidos naufragios de las barcas de refugiados que tratan de alcanzar la Unión Europea. La última tragedia ocurría este miércoles, cuando una embarcación de madera se hundía a tres kilómetros de la costa con más de 280 personas a bordo, de las que ocho han fallecido ahogadas, cinco de ellas niños, y más de 30 continúan desaparecidas.

Óscar Camps, socorrista español que trabaja como voluntario en la isla desde septiembre, está convencido de que están ahogados, puesto que tuvo que elegir a quien salvaba cuando acudió junto a tres de sus compañeros a tratar de rescatar a los centenares de personas que estaban en el agua, ante la impotencia de los guardacostas griegos y de los tripulantes de una embarcación de Frontex, la agencia europea de vigilancia de fronteras, que se encontraba en el lugar.

Somos voluntarios con recursos comprados en el Decathlon, frente a millones de euros de la administración allí metidos para no hacer nada

"Sus embarcaciones no están ni diseñadas, ni equipadas, ni preparadas para rescatar a nadie", explica a TVE Camps, que se pregunta con amargura cuánto cuesta Frontex. "Somos voluntarios con recursos comprados en el Decathlon, frente a millones de euros de la administración allí metidos para no hacer nada", denuncia.

Ante la imposibilidad de subir a los barcos oficiales a los refugiados que conseguían sacar de las aguas con sus motos de agua, Camps y sus compañeros los aupaban a los botes de los pescadores griegos y turcos que colaboraron en el salvamento. "Lucharon codo con codo con nosotros para salvar vidas, metieron allí sus barcos con el riesgo que suponía", relata con agradecimiento.

Los paramédicos atienden a uno de los niños pequeños rescatados en Lesbos.

Los paramédicos atienden a uno de los niños pequeños rescatados en Lesbos.

"Hubo dos tipos de personas en el mar: los profesionales del mar y los funcionarios de la administración", subraya, aunque reconoce que ni los guardacostas ni los agentes de Frontex tenían muchas más opciones.

Falta de medios de rescate adecuados

"Hay un montón de medios que valen un montón de millones, pero que no sirven para rescatar a nadie. Pedí que me tiraran una red, pero no tuve respuesta, a lo sumo tiraban un cabo. Nosotros somos cuatro voluntarios y nos jugamos la vida, sacamos a mucha gente", cuenta.

En el agua había centenares de personas, agarradas a cualquier cosa que flotara o sin apoyo ninguno, algunas ya ahogadas, señala Camps, que habla de "una tragedia de magnitudes asombrosas".

Teníamos que escoger las personas que querías salvar, porque no teníamos mucho tiempo

"Teníamos que escoger las personas que querías salvar, dejando los más fuertes para otro viaje; teníamos que priorizar porque no teníamos mucho tiempo", explica antes de recordar que "había muchos niños". "Es muy duro", repite cuando recuerda el rescate.

Es una tragedia, además, que puede volver a repetirse: "Hoy ha ocurrido lo mismo que ayer, en el mismo sitio, a la misma hora, un barco cargado con 150 personas, encerradas con un candado, que hemos podido recibir porque no se ha hundido", comenta Camps. Hace solo mes y medio fallecían 34 personas, 15 de ellas niños, en otro naufragio frente a la isla.

Barcos ilegales y sin apenas seguridad

Los traficantes que embarcan a los refugiados en Turquía intentan en las últimas semanas conseguir botes cada vez más grandes, con el fin de maximizar sus beneficios, según denuncia la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), que recoge los testimonios de los migrantes que van llegando a Grecia.

Una voluntaria acompaña a una chica al llegar a Lesbos

Una voluntaria acompaña a una chica al llegar a Lesbos.

El precio del pasaje oscila entre los 1.800 y los 2.500 euros y las medidas de seguridad son ínfimas: en la mayoría de los casos, los refugiados visten chalecos salvavidas no homologados, de imitación, que a veces son más un lastre que una ayuda. Pero la costa de Europa está ahí, a simple vista, y muchos se arriesgan a la travesía.

Esos tipos que embarcaron a las personas que llegaron ayer a la isla son criminales

"Lo que ocurrió ayer es un crimen contra la humanidad, un crimen contra la gente. El mar estaba muy fuerte. Esos tipos que embarcaron a las 2.500 personas que llegaron ayer a la isla son criminales. Cobran por meter a esa gente en barcas hacia la muerte", contaba a Reuters un pescador de Lesbos, Manolis Galanakis.

Kasper, un estudiante holandés que trabaja como médico voluntario en la isla y que atendió a algunos de los refugiados que naufragaron este miércoles, también apunta a los traficantes: "Tienen que coger barcos ilegales de las mafias turcas o comprar un sitio en barcos de turcos que les cobran entre 1.000 y 5.000 euros".

Galanakis explica lo que le contaba otro de los rescatados, que hablaba inglés: “Era una barca de 10 metros con más de 200 personas, con viento fuerte de 50 kilómetros por hora. Muy fuerte. Así que el capitán les llevó hasta el centro del canal y otro barco vino para llevarle a él de vuelta a Turquía. Cinco minutos después, el barco se hundió".

Este miércoles, una vez más, los socorros no fueron suficientes. "No tengo palabras. Nunca olvidaré a los niños, los cuerpos de los niños que tenía entre mis manos cuando los saqué del barco y empecé a reanimarlos", recuerda Kasper.

Naufragio de refugiados en Lesbos

Una barca con más de 280 refugiados se ha hundido frente a las costas de la isla de Lesbos, dejando al menos ocho muertos, cinco de ellos niños, y decenas de desaparecidos

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