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Javier de Juan rescata 'Sic Transit', un cómic clave de la movida madrileña

  • La historia de un torero del que se enamora la Muerte
  • Se reedita coincidiendo con el 30 aniversario de su publicación

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Fragmento de la portada de 'Sic Transit o La muerte de Olivares'
Fragmento de la portada de 'Sic Transit o La muerte de Olivares' Reino de Cordelia

Actualmente Javier de Juan (pintor, ilustrador, dibujante, director de cine y videoarte) es uno de los artistas españoles más conocidos en todo el mundo y ha mostrado su obra en numerosas exposiciones individuales y colectivas. Pero en 1984 era un joven talento que destacó en la revista Madriz (1984-87) un título mítico para entender la movida madrileña.

Allí publicó Sic Transit o La muerte de Olivares, la historia de un torero del que se enamora la mismísima Muerte. Un título clave para entender la importancia de los cómics en aquella época y que ahora, coincidiendo con el 30 aniversario de su publicación, la editorial Reino de Cordelia reedita en un formato que permite apreciar mejor el arte de Olivares y que incluye los bocetos originales.

“Es una novela gráfica de antes de que existieran las novelas gráficas –nos comenta Javier-. Es una historia eterna, la relación entre el amor y la muerte, en la que es la muerte la que se enamora. Contada con todas las herramientas a mi alcance: imágenes, texto, diseño”.

“Además –continúa Javier- este año se cumplen treinta años de su primera publicación. Y por iniciativa de un editor muy especial, Jesús Egido, que ha tenido la historia en la memoria durante todos estos años, nos pusimos a buscar todos los bocetos preparatorios, dibujos, notas… en fin todo el material previo. El milagro ha sido encontrarlo todo”.

El amor y la muerte

Sic Transit mezcla el mito de Orfeo y Eurídice con los toros para contarnos la historia del matador Olivares que, tras una grave cogida, quiere retirarse para casarse con una joven de la que está enamorado. Sin embargo, la muerte, enamorada de su valentía, le convencerá para volver a los ruedos por última vez.

“Cuando escribí Sic Transit -asegura Javier- me interesaban los grandes temas mezclados con lo cotidiano. Y no hay temas más grandes que el amor y la muerte. El personaje de Olivares, un torero, salió quizás por una cuestión estética. Los toros se habían considerado una cuestión ideológica hasta hacía poco, pero hubo un movimiento de recuperación de nuestra cultura. Era también el tiempo de Paco de Lucia, de Camarón…”.

Pero ¿en qué se inspiró Javier para esta bellísima historia? “Las fuentes –asegura- no son inspiración. Son un reflejo de la información que nos salpica en cada momento. Mis informaciones de entonces eran El amigo de la muerte de Pedro Antonio de AlarcónEl séptimo sello de Bergman, el cine expresionista alemán, la pintura barroca española, especialmente los Vánitas de Juan de Valdés Leal, las tragedias griegas… infinidad de pequeñas y grandes informaciones que el cerebro maneja a pesar de uno mismo”.

Aquellos maravillosos 80

Sobre cómo ha envejecido la historia, Javier nos comenta que “Cambiaría cosas pero es una historia atemporal, eterna. Podría ser una tragedia griega, que es de donde procede nuestra literatura. Cambiaría algunos textos, pero puede que no mejorase nada, al revés. Esta edición, con toda la información de los bocetos, desentraña toda la línea de pensamiento. Me produce un gran placer entender, después de treinta años, lo que estaba haciendo, lo que pensaba. Y me ayuda a entender muchas cosas de ahora, de cómo procedo, de cómo funciona mi cabeza estéticamente”.

Pero... cómo recuerda Javier aquella época, los ochenta y la Movida, que tenemos casi idealizada: “Un mundo estimulante, por edad y circunstancias. Un mundo por hacer, por inventar. Cada mañana ofrecía nuevas posibilidades. Por otro lado había una gran receptividad. Todos estábamos esperando a ver que se les ocurría a los otros. Era como estar jugando en el mar con olas de cuatro metros. Mucha acción, poco tiempo para pensar y mucha adrenalina”.

Esos años también fueron los de mayor reivindicación del cómic como manifestación artística. A partir de ahí todo fue cuesta abajo. “El cómic se ninguneó –asegura Javier-. Nadie se lo tomó en serio. Se utilizó políticamente mientras no molestaba. Mientras servía para dar un tinte de modernidad a aquella España que salía de la caspa y la cerrazón. Después ya no fue útil y se pasó a criterios más internacionales, en el cómic y en el arte en general. Se decidió que era de mejor tono y provecho ser como los demás. Así nos ha ido. Ya no hay un cómic español, ni un arte español. Ha sido un mal negocio creo yo”.

En cuanto al cómic actual Javier nos comenta que lo ve “Arrollado por la globalización. Se salva porque en el mundo editorial parece que solo funciona ya el que es capaz de hacer libros objeto. Los autores españoles con calidad han emigrado y la mayoría están haciendo manga o superhéroes. De todos modos veo que hay gente joven en el mundo del fanzine y de lo alternativo, también en la red, que están planteando cosas muy interesantes. Espero que encuentren la forma de seguir adelante en estos tiempos tan cambiantes”.

Sus proyectos

Pero a pesar de esa desilusión, Javier de Juan nunca se aleja del todo del cómic y la ilustración, cómo demuestra en su página web: Es el Apocalipsis, dile que pase, en la que mezcla sus reflexiones sobre la vida con espectaculares ilustraciones.

Nuevos tiempos, nuevas herramientas, nuevos soportes. Estoy haciendo una historia en la red, con ese título. Son dibujos y textos que tratan de explicar y transmitir estados de ánimo. La idea es publicarlo en papel en unos meses. Sigue siendo importante tener objetos que nos cuenten cosas entre las manos. Detalles analógicos en medio de tanta virtualidad”.

En cuanto a sus proyectos, Javier asegura que “Me muevo con los mismos intereses desde que empecé. Hacer visible para la gente que me rodea una mirada concreta y personal. La visibilidad es el problema de los artistas hoy en día. Estoy terminando de preparar una proyección que tendrá lugar en febrero sobre la fachada de Tabacalera, en la plaza de Embajadores, en Madrid. Es un proyecto para el Ministerio de Cultura en el que llevo trabajando años, muy tecnológico, basado en capturas de movimiento, la búsqueda del movimiento perfecto. El proyecto se llama La ciudad invisible.

“En cuanto a volver al cómic, hago cosas puntuales, más por la propia satisfacción que por otra cosa. De todas formas me siguen interesando todos los soportes, así que siempre estoy abierto a toda clase de propuestas”.

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