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Infografía de las baterías de flujo para coches eléctricos.
Infografía de las baterías de flujo para coches eléctricos. Argonne National Laboratory/Flickr

Baterías líquidas para los coches eléctricos que se recargan en minutos

  • Producen electricidad a partir de dos componentes líquidos con nanopartículas

  • Reducen el tiempo de recarga de un coche eléctrico a unos pocos minutos

  • Con el 'nanoelectrofuel' los coches podrían tener autonomías de más de 800 km

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La autonomía y el tiempo de recarga de las baterías eléctricas son dos de los principaldes desafíos de los coches eléctricos, por lo que existen incontables investigaciones y desarrollos que tienen como objeto resolver tales obstáculos.

Un ejemplo son las investigaciones que están llevando a cabo el Argonne National Laboratory y Illinois Institute of Technology con el fin de adaptar las baterías de flujo a los coches eléctricos.

Las principales ventajas de estas baterías de flujo son que producen una corriente eléctrica cuando se ponen en contacto los dos líquidos que actúan como electrolitos -los polos negativo y positivo- a través de una membrana que impide que se mezclen, pero que permite el intercambio de iones entre un líquido y otro.

Por tanto, más que una batería se trata de un generador eléctrico que funcionará en tanto exista un flujo de sendos vectores energéticos.

Según los investigadores, un coche eléctrico que utilice este tipo de baterías se podrá recargar en cuestión de minutos, similar al tiempo que lleva llenar un depósito de combustible, y tendrá una autonomía prevista de unos 800 km dependiendo del tamaño de los depósitos según recoge la publicación MIT Technology Review.

Características de las baterías de flujo

Precisamente en el hecho de que sendos líquidos se almacenen por separado se encuentra una de las ventajas de las baterías de flujo con respecto a las baterías convencionales en las que ambos componentes químicos (los electrolitos) se almacenan juntos, plegados uno sobre otro separados por láminas aislantes, lo que implica los riesgos de cortocircuito y sobrecalentamiento que pueden resultar en incendio.

También significa que la autonomía puede variar según el tamaño de los depósitos mientras que el elemento generador seguirá siendo el mismo, y que este tipo de batería no estaría sometido a un ciclo de recargas limitado -a una vida útil- como sucede con cualquier tipo de batería recargable convencional.

El principio de la batería de flujo es similar al de la pilas o células de combustible, que también utilizan un vector energético como puede ser el hidrógeno para producir una corriente eléctrica.

Por ejemplo, el Honda FCX Clarity utiliza una pila de hidrógeno para producir la electricidad que lo hace funcionar. Cuando el vehículo eléctrico de Honda se queda sin energía basta con recargar el depósito de hidrógeno comprimido para vuelva a funcionar.

Futuro de estas baterías

Sin embargo, por ahora las baterías de flujo resultan demasiado complejas y sobre todo tienen una densidad energética muy baja. Esto es, proporcionan una corriente demasiado modesta en comparación con el peso y el volumen que ocupan.

El objetivo de la investigación es precisamente lograr baterías de flujo mucho más densas recurriendo al uso de diminutas partículas -nanopartículas que miden la millonésima parte de un milímetro- que aceleran el flujo de electrones aumentando la potencia de las baterías gracias a este nuevo 'nanoelectrofuel'.

Aunque las baterías de flujo existen desde hace mucho tiempo, su aplicación en coches eléctricos y el desarrollo de nuevos modelos más eficientes, más simples y más económicas y con una mayor densidad energética está aún en sus primeras fases.

Mientras tanto, las baterías convencionales 'sólidas' siguen su propia evolución con desarrollos que buscan reducir los riesgos de incendio y acelerar su recarga.

Recientemente el fabricante de coches eléctricos Tesla presentó su tecnología de 'supercargadores' capaces de recargar por completo la batería eléctrica de sus coches en cinco minutos. Los 'supercargadores' de Tesla consiguen reducir el tiempo de carga suministrando una corriente eléctrica que es más de diez veces más potente de la que suministra un punto de recarga convencional.

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