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Los parias del Golfo: de esclavos a deportados

  • Arabia Saudí está expulsando a decenas de miles de trabajadores inmigrantes
  • En Catar, los extranjeros están totalmente sometido al control del empresario
  • El petróleo alimenta a sociedades que dejan el trabajo manual a los extranjeros

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Trabajadores extranjeros en Arabia Saudí esperando que se inicie su deportación AFP AFP PHOTO/FAYEZ NURELDINE

Arabia Saudí es uno de esos países del Golfo Pérsico donde hay señores y esclavos. Ciudadanos que han tenido la suerte de nacer en el mayor exportador de petróleo del mundo... y gente de tez oscura, de Bangladesh, India o Etiopía, que consiguen sobrevivir sirviendo a los que han tenido más suerte que ellos.

Los trabajadores extranjeros construyen las carreteras, levantan los edificios, recogen la basura y limpian las casas de Arabia Saudí. Lo hacen en un régimen esclavista: la "kafala" o "patrocinio". No tienen permiso de trabajo, sino un estrecho vínculo con su patrón: la única persona que puede darles permiso para cambiar de empleo o salir del país.

Recuerdo haber tenido la sensación de retroceder a una extraña sociedad feudal en un viaje a otro país de la zona: Omán. Era 2007. Un equipo de Televisión Española estaba en la capital, Mascate, y entrar en un barrio de inmigrantes fue como entrar en las habitaciones donde dormían las miles de manos oscuras que a diario levantaban el país.

El Mundial de Catar, construido con sudor y sangre

En Catar, decenas de miles de esas baratísimas manos oscuras se hacinan en barracones miserables. Sin agua corriente, sin luz, sin aire acondicionado. Las asociaciones de derechos humanos están alarmadas por la muerte de docenas de nepalíes que trabajaban en las obras para el Mundial de Fútbol de 2022. Muchos trabajaban doce horas al día, siete días a la semana, y a veces sin cobrar. Uno de los países más ricos del mundo explotando hasta el último aliento a uno de los más pobres.

Según datos oficiales, los nacidos en Catar solo suponen el 6% de la mano de obra del país. 94 de cada 100 trabajadores son extranjeros. También en Emiratos Árabes Unidos, una amplia mayoría de la población es inmigrante.

Un régimen de señores y esclavos... al menos hasta ahora. En Arabia Saudí las cosas están cambiando, pero no de la forma que esperaban las asociaciones de derechos humanos ni los nueve millones de trabajadores inmigrantes en el país. El gobierno les está quitando las cadenas... pero para devolverlos a sus lugares de origen.

De la esclavitud a la expulsión

Hace meses que las autoridades saudíes impulsaron varias medidas para frenar el desempleo entre los nacionales (un 12%). Por un lado, obligaron a las empresas a contratar un cupo mínimo de trabajadores saudíes: un 10% de su plantilla. Es lo que algunos llaman ya "saudización": que deje de ser insólito ver a un saudí conduciendo un taxi o reparando un electrodoméstico.

Por otro lado, las autoridades anunciaron la expulsión de los inmigrantes sin permiso de trabajo, previo plazo de unos meses para que regularizasen su situación. Es decir, el fin del mercado negro de trabajo esclavo... Y, para muchos, el fin de su viaje a un país rico en busca de sustento.

Apenas la mitad de los nueve millones de inmigrantes en Arabia Saudí ha conseguido papeles. A los demás, los están deportando. En torno a un millón de personas ya ha abandonado el país en los últimos meses. La semana pasada, la policía hizo una redada en el barrio de Manfouhah, en la capital, un barrio pobre de inmigrantes del este de África. Muchos de ellos son de Etiopía y para llegar hasta ese pobre barrio recorrieron uno de los caminos más peligrosos del mundo: el que cruza el golfo de Adén y pasa por Yemen. Decenas de miles están emprendiendo el camino de vuelta, esta vez en un avión, deportados.

¿Le sobra al Golfo la mano de obra barata?

No es el único caso entre los países del Golfo. Kuwait planea expulsar a un millón de extranjeros en la próxima década. Y en Omán, en 2007, ya se hablaba de "omanización". Recuerdo haber visto en Mascate profesores de universidad omaníes... pero no recuerdo a ningún omaní entre los obreros o entre los trabajadores que varias veces al día barrían las calles y autopistas para mantener el país tan impoluto y reluciente como deseaba el sultán.

La "saudización" plantea muchas dudas: ¿Aceptarán los provilegiados ciudadanos saudíes recoger la basura o construir carreteras? Y los inmigrantes que sí han conseguido papeles... ¿obtendrán un trabajo digno? ¿Consentirán las empresas perder una mano de obra baratísima? De momento, el futuro de los expulsados no puede ser más incierto: les toca volver al país de donde tuvieron que huir. Su peligroso camino hacia el rico Golfo solo les ha deparado unos pocos años de esclavitud y supervivencia.

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