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Corrupción y pobreza, los grandes males de Filipinas que el tifón Haiyan hace más visibles

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Cuando el padre Filipe Vaz Pardal ve por televisión las imágenes de niños moribundos clamando ayuda en las calles de Tacloban o escucha las historias de miseria de sus compañeros misioneros en Cebú se acuerda de una fotografía que el pasado verano destapó el mayor escándalo de corrupción de la historia de Filipinas.

“El tifón Haiyan ha sido una calamidad, pero también hay una responsabilidad humana”, asegura a RTVE.es desde Manila.

La lujosa fiesta de cumpleaños en Hollywood que Jeane Lim-Napoles, hija de un millonaria empresaria filipina, exhibió en su Facebook en julio fue el iceberg de una trama de corrupción y estafa multimillonaria que implicó a algunos miembros del Congreso de Filipinas por supuesta desviación de fondos.

Cada senador recibe 200 millones de pesos (3,3 millones de euros) del Estado, y cada diputado, 70 millones de pesos (1,2 millones de euros) del Fondo de Ayuda al Desarrollo Prioritario, una especie de fondo de reptiles destinados a proyectos de desarrollo local. Una auditoria estatal reveló que varios parlamentarios habían malgastado 10.000 millones de pesos –unos 170 millones de euros– la pasada década en proyectos inexistentes bajo la presidencia de Gloria Macapagal Arrollo, actualmente imputada por expolio y fraude fiscal.

Y en esa trama la madre de Jeane Lim-Napoles fue una pieza clave. Desde 2007 regentaba una red de ONG falsas a través de la cual los senadores simulaban invertir su dotación del fondo de reptiles en proyectos locales, pero, tras el descuento de una comisión, recibían el dinero intacto. Un negocio redondo hasta que las continuas indiscreciones de la joven en las redes sociales lo echaron al traste.

Proyectos de desarrollo inexistentes

“Ahora, cuando vemos carreteras, escuelas y hospitales destruidos y tanta gente necesitada nos acordamos de ese dinero que acabó en los bolsillos de los congresistas”, afirma el padre misionario de la Fraternidad Verbum Dei.

El presidente de Filipinas, Benigno Aquino, prometió reformar el sistema para erradicar la corrupción pero él también ha estado en el punto de mira. En 2011 creó un programa especial de fondos, al que no dio ninguna publicidad, y que, según una investigación periodística, entregó 1.000 millones de pesos (unos 20 millones de euros) a 18 senadores el pasado año después de que estos votaran a favor de destituir al presidente del Tribunal Supremo, considerado su principal rival político.

“Hay un problema de corrupción sistémico. Benigno Aquino hasta ahora ha hecho menos de lo esperado”, señala Florentino Rodao, profesor de Historia de la Comunicación Social de la Universidad Complutense de Madrid. Rodao, un buen conocedor de la realidad filipina, explica que el frágil sistema de partidos favorece el clientelismo y la compra de votos. "Los fondos discrecionales son una buena forma de controlar las dos cámaras porque la lealtad de los partidos es muy débil".

En el índice de Transparencia Internacional Filipinas ha escalado 24 puestos en el último año y ahora ocupa la 105º posición de 176 países, un tímido avance para el Gobierno, que calcula que el país pierde 200.000 millones de pesos al año (3.500 millones de euros) por la corrupción, en torno al 1,8 % de la producción económica.

La desconfianza afecta a las inversiones y provoca que pese al espectacular crecimiento económico, a un ritmo del 7 % en 2013 (el segundo en Asia por detrás de China), la estabilidad económica no llegue.

“En un país donde es difícil seguir el rastro del dinero es más efectivo y más rápido donar a las ONG que trabajan sobre el terreno o a las comunidades religiosas. Poner dinero en manos del gobierno es arriesgarte a que no llegue a su destino”, asegura a RTVE.es la reconocida periodista Marites Vitug, directora de la web Rappler, el tercer portal de noticias de Filipinas.

"Las autoridades están desbordadas"

Vitug considera que hay también una responsabilidad política en que seis días después de que el tifón Haiyan golpeara la región central de Filipinas, la ayuda humanitaria apenas llegue a cuentagotas a los nueve millones de afectados, la mitad niños.  Los cadáveres se descomponen en las calles y ni siquiera hay una cifra oficial de muertos. Las ONG creen que habrá al menos 10.000 víctimas mortales.

“La respuesta del Gobierno está siendo demasiado lenta. Las autoridades están desbordadas. El tifón ha sido más fuerte de lo esperado, las evacuaciones fueron insuficientes y la devastación es absoluta”, afirma la periodista Vitug.

Las carreteras de Tacoblan, una ciudad fantasma en la isla de Leyte donde los pocos supervivientes de la tragedia deambulan desesperados buscando comida, siguen cubiertas de escombros, bloqueando el acceso de las organizaciones humanitarias.

Las autoridades locales también son víctimas del tifón. Han perdidos a sus familias, sus casas… No pueden responder de forma inmediata a las necesidades de la población y el gobierno central no sabe cómo gestionarlo”, añade Vitug.

Filipinas se enfrenta a una catástrofe sin precedentes, según las ONG. Los expertos señalan que “ninguna infraestructura del mundo podría soportar un tifón como Haiyan”, un huracán de categoría 5 (la máxima), pero las características del país –malas infraestructuras y alta densidad de población–han multiplicado sus daños.

Construcciones deficientes

Los vientos huracanados de más de 300 km/h han barrido ciudades enteras de la región central de Filipinas como si fueran de papel. Las edificaciones, muchas de bambú y hojalata, se han caído como castillos de naipes. Un tifón de la misma potencia en un país con mejores edificaciones, como Japón, no habría tenido el mismo efecto.

“Las grandes infraestructuras como hospitales, colegios y carreteras corresponden al Gobierno nacional y el problema es que adjudica los contratos a empresas que hacen malas construcciones”, señala la periodista filipina. Baratas, pero poco seguras. Una irreponsabilidad en un país que sufre una media de 20 tifones al año y se encuentra en el anillo de fuego del Pacífico, una de las zonas con más actividad sísmica y volcánica del mundo.

"Y, como siempre, los más desfavorecidos son los que sufren las consecuencias", añade el padre Filipe Vaz. La pobreza alcanza a un 27% de las casi 100 millones de personas que poblan Filipinas. Más de 4 de cada 10 filipinos viven en una ciudad de más de 100.000 habitantes vulnerable a una tormenta, según un estudio de 2012 del Banco Mundial. Alrededor de un tercio de los hogares de Tacloban tienen paredes exteriores de madera, y 1 de cada 7 casas tienen techos de paja, según la oficina del censo.

Meteorología, población, corrupción, construcción y pobreza... Los estragos de la naturaleza y los del hombre han vuelto a encontrar a la víctima perfecta.

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