Enlaces accesibilidad

Los retos de Alemania

  • Alemania se enfrenta a un descenso demográfico
  • Los salarios bajos elevan el gasto social
  • Los jóvenes alemanes vuelven a la universidad
  • Más información en el especial Elecciones alemanas 2013

Por
Supporters of German Chancellor and conservative Christian Democratic Union (CDU) leader Merkel are pictured during the election campaign rally in Duesseldorf
Partidarios de Angela Merkel durante un mitin en Düsseldorf REUTERS REUTERS/Ina Fassbender

Que Angela Merkel será, por tercera, vez canciller de Alemania es algo que pocos dudan. Como canciller de una Gran Coalición, lo más probable, o de un gobierno de continuidad con los liberales, lo más improbable, o con Los Verdes, lo más lógico, pero también lo más difícil.

Sea cual sea el gobierno que Alemania tenga tras las elecciones del 22 de septiembre, los retos que tendrá por delante no son nada fáciles.

A su favor, el viento coyuntural de crecimiento que parece que empieza a soplar en Europa, aunque débil.

Pero son retos estratégicos, nada a corto plazo. Retos para configurar un país, una sociedad sostenible, porque todos aquí asumen que, aunque ahora les vaya bien, el actual modelo no es sostenible a largo plazo. Y no me refiero a Europa, que merece capítulo aparte.

El reto demográfico

El mayor de los retos es el demográfico. La sociedad más vieja de Europa, con menos tasas de natalidad, se encamina a pérdidas de población gigantescas en los próximos 50 años. A mediados de siglo, Alemania puede tener poco más de 60 millones de habitantes si no se invierte la situación.

La tendencia viene de largo y sólo se ha podido atenuar por la inmigración. Las alemanas no tienen hijos. La tasa de natalidad más baja de Europa está motivada por una política de natalidad aparentemente envidiable, pero con consecuencias que pueden ser nefastas.

A muchos les sorprenderá saber lo arraigado que está en esta sociedad el que la mujer se quede en casa a cuidar a los hijos. Al margen de la renta mínima de subsistencia que se paga a quien no tiene trabajo, que salva a muchas mujeres solas y con hijos del hambre pero no de la miseria, y de las desgravaciones fiscales para los matrimonios (unos 8.200 euros mínimo exento), el Gobierno de Merkel se ha inventado la figura del Betreungsgeld, un sueldo para la mujer (casi siempre es la mujer porque percibe un 25% menos de sueldo que el hombre) que se quede en casa a cuidar a los hijos.

Merkel renunció a solucionar el problema construyendo guarderías públicas porque serían más caras de mantener y este es el camino que quiere desandar la oposición.

Las consecuencias para el futuro pueden ser enormes, empezando porque las mujeres se ven abocadas a renunciar a una carrera profesional. Pero es que además, no se espera que eso sea un incentivo para tener hijos. Thilo Sarracin podría tener razón de que Alemania “se disuelve a sí misma” quedando en manos de la inmigración.

De esa política familiar dependen muchas decisiones en otros ámbitos: la política laboral, la conciliación de la vida familiar, la política de salarios mínimos, la educación, la política de vivienda, etc.

Angela Merkel no ignora ese problema. Es más, ha marcado sus ocho años de gobierno como una obsesión. Cada día repite el estribillo de que Alemania en el futuro no será nada comparando su demografía con China, India, Indonesia, Brasil….

Adiós a la clase media alemana

Pero la solución que ha encontrado hasta ahora es en hacer competitiva la economía alemana a base de rebajar los salarios a amplias capas de la población.

La clase media alemana, esa que en los años 60 y 70, en calcetines y sandalias, provocaba la envidia de los españoles, ya no existe como tal. La sociedad se está desgarrando por su parte baja, creando una amplia capa de población que vive de subsidios, trabajos basura, economía sumergida, que no puede pagar unos alquileres que se están desbocando.

Ocho millones de trabajadores ganan menos de ocho euros la hora, cerca de tres millones tienen un segundo trabajo para poder llegar a fin de mes, uno de cada tres niños vive en un hogar por debajo del índice de pobreza.

Toda esa bolsa de mano de obra barata hace a las empresas alemanas más competitivas, pero a costa de las subvenciones públicas. El Estado se gasta miles de millones de euros al año al complementar los sueldos que no pagan las empresas para poder ofrecer servicios más baratos de limpieza, paquetería, reparaciones, fabricación, etc. El 60% del presupuesto alemán, que es de algo más de 300.000 millones de Euros, va a pagar los gastos sociales.

Nunca se ha ingresado tanto por impuestos (más de 600.000 millones en total juntando Bund, Länder y Ayuntamientos), pero el dinero se esfuma como por ensalmo por el desagüe sin tapón de gastos sociales que no son verdaderos gastos sociales sino subvenciones a las empresas distorsionando la competencia interior y exterior.

La consecuencia es que la clase media alemana ha perdido una buena porción de sus miembros por la parte de menos ingresos. La definición “clase media” no les encaja, millones de personas no pueden acceder a un estándar medio de bienestar.

Mientras, aumentan de manera acelerada los ingresos de los colocados en los mejores puestos. La política de los “bonus” de los directivos de Wall Street se extendió por las empresas amenazando con romper el sano equilibrio y sensatez que siempre demostró –y sigue demostrando- el empresariado alemán.

La política demográfica en todas sus vertientes, migratoria, de natalidad y la política de solución estructural de la pobreza en Alemania, sin dañar la competitividad, son, sin duda, los grandes retos de los próximos cuatro años.

Política educativa

Uno de los capítulos más difíciles será la política de educación. Al ser una materia transferida a los Länder, se ha llegado a un punto en que es difícil entender qué sistema educativo hay en Alemania. Cada estado federado va por su camino, alejándose cada vez más unos de otros y creando un desconcierto federal.

Uno de los grandes orgullos de Alemania, el Ausbildung, la formación profesional dual está, además, en peligro. Hasta hace poco tiempo, el hecho de que los jóvenes vieran en el Ausbildung la posibilidad de ganar dinero pronto, los disuadió de ir a la universidad, dejando a las empresas alemanas carentes de ingenieros.

La situación se está invirtiendo. Los jóvenes alemanes se alejan del Ausbildung (hay más de 200.000 plazas por cubrir y otros tantos jóvenes sin formación).

Todavía no hay un diagnóstico fiable de por qué miles de jóvenes se quedan sin educación y los otros quieren educación superior evitando el hasta ahora atractivo Ausbildung.

Probablemente los bajos salarios y la escasa consideración social, las pocas posibilidades de ascender, estén en la base de porqué muchos jóvenes alemanes vuelven a poner los ojos en la universidad despreciando la formación profesional. Justo cuando en España estamos intentando el camino contrario.

Son, al margen de Europa, los tres pilares de la futura Alemania. Sea quien sea el canciller, deberá abordarlos con visión de futuro, porque de ellos dependerá, por ejemplo, el futuro de las pensiones, la competitividad de las empresas, la sostenibilidad de los ingresos públicos y los gastos sociales de un Estado de Bienestar que cada vez es menos Estado y menos bienestar para la mayoría.

Noticias

anterior siguiente