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Irán: ¿República Islámica o dictadura teocrática?

  • El estado tiene una compleja separación de poderes, pero poco pluralismo
  • Hay luchas de poder más o menos abiertas que dirime una élite político-clerical

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Gráfico del sistema político iraní. RTVE.es

El orgullo persa

Irán, la antigua Persia, es una de las grandes cunas de la civilización y llegó a ser un poderoso imperio que se extendía por una gran parte de Asia. Su declive llegó entre los siglos XIX y XX, cuando pasó a ser tablero en el juego de las potencias occidentales, con intervención directa de la CIA en la última etapa del sha (rey).

La situación se revirtió con la revolución islámica y ese rechazo al nuevo “imperialismo” de Estados Unidos ha quedado explícito en el propio preámbulo de la Constitución de 1979.

Por otra parte, Irán es el país que más se ha destacado en su rechazo al reconocimiento del estado de Israel y mantiene también muy tensas relaciones con otras monarquías y teocracias de mayoría suní en la región del Golfo, que en Irán llaman Pérsico y en esos otros países Arábigo, lo que ya da una idea del conflicto latente.

Irán celebra este 14 de junio elecciones para elegir a su nuevo presidente, el segundo hombre con más poder en la “República Islámica”, un estado que cuenta con una compleja separación de poderes, pero donde el Líder Supremo destaca hasta el punto de ser considerado por muchos el jefe de una férrea dictadura teocrática.

Se trata de un sistema original en el cual las elecciones eran, al menos hasta 2009, una parte fundamental de la vida política en la que, eso sí, la mayoría de puestos clave están reservados a la élite religiosa chií que cuenta con su propia Guardia Revolucionaria para mantener el régimen establecido en 1979.

Mahmud Ahmadineyad, exmiembro de esta fuerza, simboliza las contradicciones y luchas de poder abiertas en esta histórica potencia, que cuenta con las segundas mayores reservas de hidrocarburos del mundo y que está desarrollando un polémico programa nuclear en una región cada día más convulsa.

Ahmadineyad se convirtió en 2005 en el primer presidente no clérigo de la Revolución Islámica y ha acabado abiertamente enfrentado al Guía Supremo, Ali Jamenei (que sucedió a Jomeini a su muerte en 1989).

Los apocalípticos y el Líder Supremo

El que siempre ha sido calificado como un político ultraconservador ha acabado siendo acusado de “desviacionista” religioso, por ejemplo, por su asistencia al funeral católico por el presidente venezolano Hugo Chávez. Pero eso es una anécdota comparado con la vinculación de Ahmadineyad a la corriente religiosa que pide el pronto retorno del imam Mahdi, el duodécimo guía espiritual que da nombre a la rama del chiísmo que se profesa en Irán (duodecimano). Está prohibido especular con la fecha de ese retorno en tanto que el Líder Supremo es el teórico representante de Mahdi en la tierra.

A los clérigos de esta facción se les llama apocalípticos y se les acusa de usar el discurso mesiánico para movilizar al electorado en beneficio de un candidato radical, en aparente revuelta contra el Líder Supremo como representante de la élite. Hace ocho años, uno de estos clérigos apocalípticos muy famoso hizo campaña por Ahmadineyad.

En todo caso, lo que trasluce es el pulso entre el poder de los clérigos, encabezados por Jamenei, y el del presidente y su principal asesor, Esfandiar Rahim Mashaei, personaje que ha estado en casi todas las polémicas de la segunda legislatura de Ahmadineyad (2009-2013) y uno de los más destacados teóricos del nacionalismo iraní.

Mashaei, cuñado del mandatario, quería limitar el poder de los clérigos en el régimen, según The Guardian. El periódico británico recuerda que poco después de las controvertidas elecciones de 2009, el Líder Supremo dio un paso inédito al forzar su destitución como vicepresidente, a lo que Ahmadineyad reaccionó sorprendentemente nombrándolo jefe de su propia oficina.

Después, en 2011, Mashaei fue supuestamente objeto de un espionaje en medio de acusaciones de “brujería” al entorno del Ahmadineyad. En protesta, el presidente se ausentó durante una semana de sus responsabilidades aunque finalmente perdió ese claro desafío a Jamenei tras escuchar a otros líderes políticos pedirle que depusiera en su actitud para “no beneficiar al enémigo”.

Ahora, Mashaei ha sido rechazado como candidato a las elecciones presidenciales, lo que confirmará la derrota de este intento de Ahmadineyad en favor de un Ejecutivo independiente.  Incluso algunos medios informaron de que el apoyo explícito de Ahmadineyad siendo aún presidente a la candidatura de su cuñado podría ser condenado con 74 latigazos.

El poder del Parlamento

Pero ¿quién ha vetado a Mashaei? En Irán, todos los candidatos a las instituciones electivas del país deben ser aprobados del Consejo de Guardianes de la Revolución, un órgano formado por 12 miembros, seis de ellos expertos en jurisprudencia islámica nombrados directamente por el Líder Supremo y otros seis juristas cuya designación aprueba por el Parlamento entre los elegidos por el jefe del Poder Judicial, quien a su vez es seleccionado directamente por Jamenei.

En este caso, solo ocho de los 686 candidatos han pasado ese filtro islámico. “Tengo la gran sospecha de que si Jomeini todavía viviera y se presentase con un seudónimo, sería descalificado porque a veces fue crítico” con el sistema, dijo recientemente un parlamentario considerado conservador, en un ejemplo de la independencia de un poder legislativo que, contrariamente a los regímenes autoritarios, sí tiene competencias reales.

De hecho ninguno los presidentes ha escapado a la censura de algunos de sus ministros por parte del Parlamento, cuyos miembros también pasan el mismo examen del Consejo de Guardianes. En el verano de 2009, los diputados advirtieron a Ahmadineyad en plena crisis post-electoral y en 2010 llegaron a iniciar un proceso de destitución acusándose de abuso de poder. Según la revista Foreign Policy, ese procedimiento solo paró por orden del Líder Supremo, que temía que esta acción reforzara al Parlamento en detrimento de su propia base de poder.

El Líder (casi) Supremo

Incluso la preeminencia absoluta del Guía es discutible, ya que se halla sometido al control de la Asamblea de Expertos, otro órgano elegido por la ciudadanía y que puede revocar el cargo del Líder Supremo y nombrar a su sucesor.

Finalmente, el Consejo de Discernimiento es otro órgano cuyos miembros son nombrados por el Líder y que media entre el Parlamento y el Consejo de Guardianes de la Revolución, que también hace un filtro de las leyes que aprueban los diputados.

El sistema fue designado para que ninguna de las instituciones tuviera por sí sola la capacidad absoluta para decidir sobre temas fundamentales y para “evitar la deriva hacia el absolutismo personalista, privilegiando los mecanismos de consenso interno de la élite político-clerical”, según resume Jean-François Bayart en El islam republicano.

Unos debates que se dan a la sombra de las instituciones, a pesar del protagonismo que han tenido siempre las elecciones en Irán, donde desde la Revolución, los ciudadanos han tenido la oportunidad de votar una vez al año, una de las frecuencias más altas del mundo, que se ha visto frenada en los últimos años por la cancelación de comicios tras la crisis de 2009 y hasta 2012.

Pero elecciones y separación de poderes no pueden desligarse de ese férreo control del pensamiento, que equivale a una falta de pluralismo, y de la feroz represión ejercida por el régimen.

La temible Guardia Revolucionaria

El papel del Cuerpo de la Guardia Islámica Revolucionaria (IRGC o pasdarán) también tiene un papel político crucial en lo que corresponsal del Asia Times Pepe Escobar denomina “dictadura militar del mullahariado", en referencia a los mulás.

El IRGC controla muchas de las grandes empresas del país, tiene más fuerza que el Ejército regular y además tiene una posición “no disimulada” de controlar el Parlamento a través de su brazo político para, con todas esas cartas, evitar una nueva revuelta como la ocurrida en 2009, según este experto. Son numerosos los excomandantes pasdarán que se pasan a la política y la mayoría de los líderes iraníes no clérigos vienen de estas filas; aunque entre ellos hay también divergencias o luchas de poder.

La unidad de élite de la Guardia Revolucionaria, la fuerza Al Quds (Jerusalén) es considerada una organización terrorista por Estados Unidos que la acusa de apoyar a otros grupos como Hizbulá.

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