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EL BESO DEL PRÍNCIPE GUILLERMO Y CATALINA COPA LAS PORTADAS DE LOS PRINCIPALES DIARIOS
El beso del príncipe Guillermo y Catalina copa las portadas de los principales diarios. EFE

Una boda real para cautivar al mundo

  • La pompa británica es la que más vende y ha vuelto a batir récords

  • Más allá de las cuotas de audiencia, exportan una imagen de unidad

  • ¿Ha sido un rejuvenecimiento de la monarquía o un espectáculo popular?

Ver también: Especial  Boda real inglesa

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Como estrategia de comunicación la jugada les ha salido redonda. La boda real inglesa no solo ha servido para volver a demostrar al mundo que la pompa británica es la que más vende sino para enviar un mensaje de unidad nacional.

El protocolo no dejaba espacio para que algo saliera mal y todo fue perfecto, tanto la ceremonia como el ambiente en las calles. Y, además, como si se tratara de un conjuro, lo único que podía deslucir el enlace, la lluvia, decidió no hacer acto de presencia.

"Fue una demostración de que los británicos y solo los británicos pueden hacer. Solo estos monarcas pueden convertir un rito doméstico en una pieza del teatro mundial", afirma Matthew Engel en el Financial Times.

La boda real consiguió atraer la atención de cientos de millones de personas en todo el mundo sin importar la diferencia horaria. Por televisión, internet y a través del teléfono móvil, el 'sí quiero' del príncipe Guillermo y Catalina fue lo más visto del día en las cadenas que retransmieron el enlace.

En España, la audiencia televisiva registrada entre las doce y la una del mediodía del viernes aumentó un 50% con respecto a la cuota habitual en ese espacio horario pasando de los 3,6 millones de espectadores a los 5,5 millones gracias a la ya calificada como la "boda del siglo".

El hashtag #royalwedding copó los trending topics globales de Twitter y la retransmisión on line del evento batió récords de streaming en vivo en el mundo, con 300.000 espectadores simúltaneos y dos millones de espectadores únicos, superando así la marca del 1,6 millones de espectadores fijada el año pasado por el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, según Akamai, el mejor indicador del tráfico en la red y la página especializada Mashable.

El orgullo de ser británico

Sin embargo, detrás de las cuotas de audiencia, la trascendencia de la boda real inglesa también tiene un trasfondo político. 

"Cantar 'Jerusalén' con la Orquesta Sinfónica de Londres detrás fue como sentir que el techo se iba a levantar y no iba a haber un lugar mejor, un país mejor en el que estar en ese momento", ha declarado el primer ministro británico, David Cameron. "Creo que hizo que un montón de gente se sintiera muy orgullosa de ser británica. Ciertamente me pasó a mi", ha subrayado.

"Londres luce precioso. Estamos muy orgullosos de ser británicos", ha proclamado Victoria Beckham, otra de las asistentes a la boda, en su Twitter.

Y es que el orgullo british se materializó en las calles de Londres y de otras ciudades del país con una exaltación patriótica que no se recordaba desde la boda de los príncipes de Gales o el Jubileo de la reina Isabel II.

Mareas humanas con los colores de la bandera británica inundaron el recorrido nupcial para después celebrar el enlace con un mega pic-nic al aire libre en jardines y street parties autorizadas por el Gobierno.

Ambientazo entre los seguidores de la boda real en Westminster

Superar el drama de Lady Di

La imagen que se exportó al mundo fue la de un país unido en torno a la monarquía, una institución que apoyan dos tercios de los británicos. E incluso algo más que un país, porque buena parte de los que coreaban a Guillermo y Catalina procedían de países de la Commonwealth, sobre todo de Canadá y Australia.

"Hemos venido desde Melbourne para pasar aquí tres días y vivir este momento. Y ha merecido la pena solo por estar con el resto de la gente que siente lo mismo que nosotros, que son nuestros príncipes y que estar con ellos en este día", aseguraba Sandy mientras preparaba el almuerzo campestre tras la boda en el parque de St James aún con los colores rojiblanco y azul pintados en la cara.

"Llevamos más de 10 años esperando un momento así. Superar el dolor de la muerte de Lady Di y volver a sentirnos orgullosos de nuestra monarquía y verlos felices", afirmaba Celine, una anciana de Portsmouth, al sur de Inglaterra.

Sin embargo, esa escenificación de la cohesión nacional tiene matices porque dentro de ese millón de personas que, según la policía británica, salió a las calles no todos eran royalists.

La monarquía como parte de la cultura popular

"Hemos venido a participar de un acontecimiento histórico que solo se vive una vez en la vida", señalaba una pareja de Liverpool que, a pesar, de reconocer que no son monárquicos agitaban unas banderas de conmemoración de la boda contagiados por el ambiente.

"Estamos aquí de vacaciones y por qué no venir y verlo ¿no?", indicaba una familia mexicana mientras compraba a los niños unas pelucas británicas.

Según la prensa inglesa, hasta algunos republicanos se unieron a la fiesta, después de que la manifestación convocada por la organización Republic en la capital no tuviera apenas éxito.

Y es que lo importante era festejar. ¿El qué? Que más allá de que casaba un futuro rey, son una pareja de enamorados que cae bien, que era un día festivo, que por unos horas la crisis económica se podía olividar, y que hacía sol en Londres.

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