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Los afectados por la colza piden que no se olvide su historia: "Seguimos siendo enfermos"

  • Se cumplen 30 años de la mayor intoxicación alimentaria ocurrida en España
  • Más de 20.000 personas fueron afectadas y cerca de 5.000 han fallecido
  • Tres décadas después, las secuelas y el miedo al olvido, siguen presentes

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¿Te acuerdas? - 30 años del envenenamiento de la colza

Las claves:

Origen: La causa de la intoxicación fue un aceite de colza comprado en Francia, que se desnaturalizó con anilina para importarlo a España. Se vendió fraudulentamente como apto para el consumo humano cuando no lo era.

Datos: En total, 20.205 personas fueron afectadas, de las cuales 4.537 han fallecido desde el año 1981 hasta la actualidad.

Primeros casos:  El primer caso fue el 1 de mayo de 1981 cuando un niño de 8 años, Jaime Vaquero García, fallece en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz.

Geografía: Los primeros se detectaron en algunas poblaciones del noreste de Madrid (73% de los casos) y poco a poco se extendió también a otras comunidades como Castilla la Mancha, Castilla y León, Galicia y Cantabria.

Justicia: Hubo algunas condenas penales para algunos responsables de la intoxicación, pero el Estado fue quien ejecutó las indemnizaciones para los afectados. En la actualidad, sigue habiendo contenciosos pendientes. 400 casos siguen pendientes aún de tramitación ante el Supremo.

Secuelas: Un alto porcentaje de los afectados por este síndrome padece problemas crónicos como la hipertensión, lesiones de tipo neurológico y daños en el hígado. También problemas digestivos y alteraciones análiticas.

"Tenía tos, dificultad para respirar y dolor muscular. Tras varios días en la cama, me ingresaron en el hospital sin saber muy bien lo que tenía. En dos meses, mis compañeros no me reconocían”.  

Es el testimonio de C. S. C., uno de los muchos afectados por la intoxicación del aceite de Colza y que cuenta así su primer ingreso hospitalario. Era 1981, tenía 20 años y estaba terminando la carrera de magisterio.

En esa época, España vivía una crisis económica y aún no se había recuperado del intento de golpe de Estado del coronel Tejero. Eran años en los que al español medio le costaba llegar a fin de mes.

Por eso, cuando en las calles aparecieron vendedores ambulantes con garrafas de aceite más barato, muchas familias españolas no lo dudaron. Así empezó el mayor caso de intoxicación alimentaria ocurrido en España del que ahora se cumplen 30 años.

En total, 20.205 personas fueron afectadas por el consumo de aceite desnaturalizado de colza, un aceite de origen industrial, no apto para el consumo humano. La Organización Mundial de la Salud lo bautizó como "el síndrome del aceite tóxico".

Cerca de 5.000 fallecidos

Según informa la Coordinadora Nacional de Asociaciones de afectados por el aceite tóxico a RTVE.es, de los más de 20.000 afectados, a día de hoy más de 5.000 han fallecido.

“En las primeras muertes se les hacía autopsia, pero dejaron de hacerse y pasados los años, empezaron a morir paulatinamente. No hay una cifra exacta ya que algunos murieron muchos años después”, apunta.

Los hospitales reciben una avalancha de pacientes afectados por la Colza (1981)

Según los datos que maneja el doctor Manuel Posada, director del Instituto de Investigación de Enfermedades Raras del Instituto de Salud Carlos III, el total de fallecidos a día de hoy es de 4.537. Aunque, como puntualiza a RTVE.es, "no todos fallecieron a causa de la intoxicación, ya que a lo largo de los años la edad de los afectados ha ido incrementándose, lo que ha supuesto que otras enfermedades incidan en ellos”.

Al principio, los médicos pensaban que se trataba de una epidemia infecciosa debido a los síntomas con los que llegaban los primeros afectados, como problemas respiratorios graves que derivaban en una fuerte neumonía. Pero, ni mucho menos se imaginaban el cariz que llegaría a tomar la situación.

Pero, ¿cómo se enfrentaron los médicos a la peor intoxicación alimentaria de la Europa contemporánea? Como cuenta el doctor Manuel Posada, desde el punto de vista clínico "era obvio que la enfermedad era grave porque teníamos casos que fallecían en horas".

En un principio los pacientes presentaban problemas de insuficiencia respiratoria, pero esos síntomas degeneraban en poco tiempo en problemas digestivos, cardiovasculares o problemas neurológicos. "En muchos casos los problemas iniciales se convirtieron en enfermedades crónicas", explica el doctor.

Era obvio que la enfermedad era grave porque había casos que fallecían en horas

Los médicos tardaron unos 40 días en diagnosticar de qué se trataba, "lo cual no es mucho tiempo si tenemos en cuenta el desarrollo de la sanidad pública española en el año 1981", apunta el doctor Manuel Posada.

El cuadro clínico que desarrollaron los afectados fue muy característico. Hubo una fase inicial con síntomas generales como astenia o míalgias. Luego se produjo una fase intermedia caraterizada por afectar al aparato digestivo y al sistema cardiovasucular. Por último, la fase crónica derivó en problemas graves como hipertensión pulmonar o neuropatías, que "en muchos casos acababan en fallecimiento", apunta el doctor Manuel Posada.

Juicio e indemnizaciones

Las causas judiciales que se abrieron fueron numerosas y el proceso aún no ha concluido ya que todavía quedan más de 8.500 indemnizaciones que los afectados no han podido cobrar.

La mayoría de ellos, recibieron una indemnización y la invalidez permanente, algo que los afectados no consideran ni suficiente ni justo.

"A mi me dieron la invalidez absoluta, algo a lo que tuve que renunciar para poder comenzar a trabajar", explica el afectado C.S.C., abulense de 51 años y profesor de Terapia Ocupacional. Tuvo que pasar entonces un nuevo tribunal de valoración que, en su opinión, "su filosofía no era valorar realmente los daños y secuelas, sino reducir costes", apunta.

En opinión del doctor Manuel Posadas, que fue uno de los que trató a estos pacientes en la década de los 80, "el problema no debía consistir en sí las cuantías que recibieron eran adecuadas o no, el enfásis habría que ponerlo en las circunstancias personales y familiares de cada caso y su gravedad, y no tan solo fijándonos en la situación clínica del paciente en el momento del juicio", explica.

Desde la administración, las ayudas fueron muchas y muy diversas. Como explica a RTVE.es, Javier Sánchez Caro, quien fuera secretario general de la Oficina del Síndrome Tóxico cuando se creo, "la intoxicación se vivió con gran tensión tanto por parte del Gobierno, como por parte del personal sanitario y como no, por parte de los afectados y de la población en general, debido a que era una enfermedad desconocida a la que no se habían enfrentado antes", explica.

Informe Semanal: 20 años de la intoxicación del aceite de Colza (2001)

Nada más ver el impacto que estaba teniendo en la población, se creó un dispositivo especial sanitario para este tipo de enfermos creando unidades especiales para atender su patología.

"Las ayudas sociales que les concedieron fueron muchas y en un plazo muy corto de tiempo, iban desde ayuda económica para arreglarse la dentadura, hasta ayudas para el transporte, si tenían dificultad para moverse", apunta Javier Sánchez Caro. También les cambiaban el aceite contaminado por uno de oliva, de forma totalmente gratuita.

Actual calidad de vida

C.S.C. enfermó con tan solo 20 años, cuando aún no había terminado sus estudios. Estaba realizando sus prácticas en un colegio religioso de Ávila, del que fue expulsado por temor a un posible contagio. Fue el primer caso que se diagnosticó en esta ciudad y tardo cinco años en poder volver a reincorporase a sus estudios.

Su primer ingreso hospitalario fue el 28 de abril de 1981. Tras repetidas idas y venidas, en el mes de junio de 1981 le diagnosticaron la enfermedad. "Para entonces, mis propios compañeros no me reconocían físicamente", cuenta.

Para entonces, mis propios compañeros no me reconocían físicamente

En la actualidad lleva una vida prácticamente normal aunque tiene bastantes secuelas. "Las más visibles son la falta de musculatura en la cara , disfuncionalidad en las manos y problemas intestinales y dérmicos", explica C.S.C.

Según el doctor Manuel Posada, la calidad de vida de los pacientes depende mucho de la evolución de la enfermedad en cada caso concreto.

"La situación de las personas vivas en la actualidad suele distribuirse en estas tres formas: casos leves, cuya calidad de vida es la misma que la del resto de la población; casos de evolución clínica intermedia, donde pueden tener patologías pero con una calidad de vida aceptable y por último los casos más severos que tienen una calidad de vida mala o muy mala", explica.

"Cada uno de estos grupos tiene aproximadamente a un tercio del total de los afectados vivos y la relación de esta calidad de vida tiene una correlación directa con el riesgo de fallecer", apunta el doctor.

Y tras 30 años, ¿qué?

Algunos de los afectados por este síndrome se muestran reticentes a hablar sobre lo que pasó. Como cuenta María Antonia José de Herrera, coordinadora nacional de Asociaciones de afectados por el aceite tóxico a RTVE.es, ya ha pasado mucho tiempo y los afectados están cansados. "Quién más y quién menos ha rehecho su vida, quieren olvidar, eso paso ya hace muchos años", explica.

"Hay mucha dificultad para que los afectados hablen, algunos son ya muy mayores y están mal físicamente, otros, los más jovenes, intentan olvidar un poco el tema", cuenta.

Algunos son muy mayores, otros, los más jóvenes, intentan olvidar

Muchos creen que por contar su historia no van a conseguir un cambio en la opinión pública y les parece extraño que hayan llegado a adquirir cierta mala imagen, en lo que a los colectivos de afectados se refiere.

Testimonios de afectados por la Colza (2006)

Raúl Martín Sánchez, presidente de ACASTA (Asociación de consumidores afectados por el síndrome tóxico de Ávila), también opina lo mismo, "No quieren ni oir hablar de eso. Les prometieron la invalidez de por vida y eso luego no fue así, queda mucha gente sin invalidez y eso no es justo", apunta.

El presidente de ACASTA cuenta que escribió en el año 2008 una carta a José Luis Rodríguez Zapatero, de la que según él, aún no ha recibido respuesta. En ella, le pedía una solución para los afectados mediante un sustento económico que garantizara su normal desenvolvimiento familiar.

"Hay afectados que en aquel año eran niños, y la intoxicación les causó estragos en la salud que les imposibilita trabajar, sin que por su aspecto físico puedan ser catalogados como invalidos, y por tanto acogerse a la Ley de Dependencia", explica en su carta.

Y es que, como denuncia C.S.C., siguen siendo enfermos que necesitan sanación. "No somos subsidiarios, seguimos estando ahí, que no nos descuiden, que el recuerdo no solo sea cuando se cumple cada década, aunque bienvenido sea".

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