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Joseph Priestley, un revolucionario de la química experimental (I)

  • El químico británico fue un revolucionario en el campo científico y en el litúrgico
  • Contribuyó al avance del pensamiento político, religioso y de la química
  • Es muy recordado por su contribución a la química de los gases

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A hombros de gigantes - Joseph Priestley, un revolucionario de la química experimental

A hombros de gigantes

Programa de divulgación científica. Es un espacio pegado a la actualidad con los hallazgos más recientes, las últimas noticias publicadas en las principales revistas científicas, y las voces de sus protagonistas. Pero también es un tiempo de radio dedicado a nuestros centros de investigación, al trabajo que llevan a cabo y su repercusión en nuestra esperanza y calidad de vida. Los sábados de 01:00 a 02:00 horas

El químico y teólogo británico Joseph Priestley nació en Fieldhead el 13 de marzo de 1733. Fue el primogénito de los seis hijos de Maria Swift y Jonas Priestley, un comerciante de tejidos calvinista. Con tan solo un año de edad fue enviado a vivir con su abuelo materno y regresó a su hogar cuando murió su madre cinco años después.

Fue un niño precoz que a los cuatro años recitaba las 107 preguntas y respuestas del Catecismo breve de Westminster y que pasaba las horas atento a las discusiones teológicas de sus mayores. En 1741 su padre se casó nuevamente, y Priestley fue a vivir con su tía, Sarah, una acérrima defensora del calvinismo.

El muchacho recibió una buena educación en las escuelas locales donde aprendió latín, griego y hebreo y su tía le animó para que iniciara la carrera eclesiástica.

Hacia 1749, se puso muy enfermo y dejó de lado los estudios religiosos, aunque siguió estudiando lenguas y fue alumno del reverendo Haggerstone, quien le introdujo en las matemáticas, la historia natural, la lógica y la metafísica gracias los trabajos de Wats y Locke.

El análisis del mundo natural y de la Biblia

Recuperada totalmente la salud, Priestley retomó los estudios de Teología y en 1752 se matriculó en la academia de Daventry. En Daventry se impartía una educación liberal lo que le hizo cambiar radicalmente su visión de Dios.

Se convirtió en un disidente racional que hacía hincapié en el análisis del mundo natural y sobre todo de la Biblia. A pesar de ello, y de su tartamudez, en 1762 fue ordenado ministro calvinista, aunque nunca perdió interés por la ciencia. Ese mismo año, contrajo nupcias con Mary Wilkinson, con quien tendría cuatro hijos.

Un año más tarde conoció a Benjamin Franklin, que se encontraba en Inglaterra como representante de las colonias norteamericanas, y fue esa amistad la que lo condujo a una carrera científica.

Empezó a estudiar electricidad y anticipó la ley del cuadrado inverso de la atracción eléctrica, descubrió que el carbón vegetal era conductor y descubrió que existe una relación entre la electricidad y el cambio químico. En poco tiempo publicó un tratado titulado, 'Historia y estado presente de la electricidad', con experimentos originales.

Su innovador trabajo experimental no pasó desapercibido y fue elegido miembro de la Royal Society de Londres. También publicó una historia de la óptica. Según Priestley, el progreso científico depende más de la acumulación de hechos o experimentos nuevos, que de las reflexiones teóricas de unos cuantos genios

A los 34 años fue nombrado pastor de la capilla de Mill Hill, en Leeds. El templo estaba situado al lado de una cervecería y Priestley se sintió fascinado por el proceso de fabricación de la cerveza. La fermentación del grano produce un gas que ahora sabemos que es anhídrido carbónico, pero que en aquella época era muy poco conocido.

Priestley estudió el gas, y percató de que era más pesado que el aire y capaz de extinguir una llama. Lo disolvió en agua, y encontró que le daba un sabor agradable. Había descubierto el agua de soda, un hallazgo por el que recibió la Medalla Copley de la Royal Society.

Un experimentador brillante

Como químico, Priestley era un teórico mediocre, pero un brillante experimentador. En aquella época se conocían tres gases: el aire, del que no se sabía que era una mezcla de otros gases, el CO2 o 'aire fijo' y el hidrógeno, recientemente descubierto por Cavendish, y bautizado por Lavoisier.

Priestley consiguió identificar una decena más, entre ellos, el amoniaco, el ácido clorhídrico, el anhídrido nitroso (o gas de la risa) y el dióxido de azufre....

Como consecuencia de estos descubrimientos, se convirtió en miembro de la Academia Francesa de Ciencias, y obtuvo un cómodo empleo como bibliotecario, profesor de la Academia Warrington y del New College de Londres, y tutor de los hijos del conde de Shelburne.

Fue entonces cuando dispuso de más tiempo para sus investigaciones y pudo realizar su descubrimiento más importante, el oxígeno, como veremos en el próximo programa de 'A hombros de Gigantes'.

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