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Camisetas a 11 céntimos

  • La Coordinadora Estatal de Comercio Justo pone en marcha una campaña de sensibilización
  • La finalidad es llamar la atención sobre nuestra responsabilidad a la hora de comprar
  • Muchos de los productos que consumimos han sido elaborados mediante explotación
  • De una tableta de chocolate a 1,20 euros, los agricultores reciben solamente 2 céntimos

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No se trata de las rebajas de un gran almacen. Once céntimos es lo que cobra la persona que ha confeccionado una camiseta que en el primer mundo se vende a 25 euros. En algunos casos, puede haber sido confeccionada por un niño que es explotado o por una empresa que está destruyendo el medio ambiente.

Este es sólo uno de los ejemplos que utiliza la Coordinadora Estatal de Comercio Justo para ilustrar lo que denominan "reglas injustas del comercio internacional" y reivindicar el consumo responsable. Y es que, detrás de un acto tan simple como comprar una camiseta de algodón se esconden dramas como el de los más de 400.000 niñas y niños que trabajan en las plantaciones algodoneras de la India en condiciones infrahumanas, de su explotación proviene esa prenda que adquirimos en desconocimiento de lo que conlleva.
 
El antídoto contra estas situaciones no es otro que el comercio justo, es decir es un sistema comercial basado en la transparencia y el respeto, que busca una mayor equidad en el comercio internacional y contribuye al desarrollo sostenible al asegurar los derechos de trabajadores desfavorecidos, especialmente en el Sur.
 
Para denunciar las injusticias en torno al comercio se ha ideado la campaña "la rebelión de los productos: ya es hora de que sepas lo que compras" . Además de ofrecer información en una curiosa página web, los justicieros del comercio se han lanzado esta tarde a la madrileña calle Fuencarral para sensibilizar a la población. Allí ocho costureras han bordado el lema "No olvides el valor de las cosas" en camisetas de comercio justo. El objetivo: mostrar la realidad de millones de personas que trabajan clandestinamente en la industria textil, donde los derechos humanos son violados.

Suben los precios, no los salarios

La curiosidad ha podido a muchos de los transeuntes que se han acercado a las mesas de información a preguntar de qué iba todo aquello. Muchos ciudadanos se han quedado atónitos al descubrir que los obreros que fabrican un balón de fútbol en Nepal apenas ganan unos céntimos. Además, en los últimos seis años no han subido los salarios de estos obreros, si bien el precio de este producto se ha multiplicado en los países desarrollados.

"La gente no es mala, es que no sabe todo esto que nos estáis contando" argumentaba Ana, una de las transeuntes, poco antes de confesar que nunca se había planteado si el cacao de la onza de chocolate que da para merendar a sus hijos podía haber sido cosechado por niños que son explotados laboralmente o que por cada tableta de chocolate que se vende a 1,20 euros, los agricultores reciben solamente el equivalente a 2 céntimos.

Los datos hablan por si si sólos. Según el informe sobre cambio climático de Naciones Unidas, si el resto del mundo consumiera como el mundo desarrollado, necesitaríamos el equivalente a cuatro planetas adicionales. "No tenemos en cuenta las repercusiones de una acto tan cotidiano como ir de compras, las repercusiones para el medio ambiente y otras personas"  ha afirmado Teresa Díez, coordinadora de la campaña.

Una vez proporcionada la información, desde la coordinadora apuntan que el siguiente paso es ser un consumidor responsable. Para ello, proporcionan un simple decálogo: comprar en las tiendas de Comercio Justo, mirar  la etiqueta: los fabricantes que respetan los derechos laborales y medioambientales suelen indicarlo y usar productos orgánicos.




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