William Trubridge bate el récord del mundo de inmersión libre: 100 metros a pulmón en 4'10''

  • No utilizó pesos ni aletas, su única ayuda: sus brazos
  • Ya batió el récord el domingo, pero tuvo que repetirlo por un fallo en el protocolo
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Trubridge, durante la caída libre en la imersión.Paolo Valenti

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William Trubridge, tras conseguir el récordPaolo Valenti

OLALLA CERNUDA 

Cien metros de profundidad, sin aletas y a pulmón. La proeza la acaba de firmar el neozelandés William Trubridge, que acaba de pulverizar el récord del mundo de inmersión en libre (sin ningún tipo de ayuda artificial, ni siquiera aletas) en el Deans Blue Hole en las Bahamas. Poco después de las once de la mañana, el neocelandés, de 30 años de edad, se sumergió tras tomar aire y ventilar durante unos segundos y permaneció bajo el agua 4 minutos y 10 segundos, los que le llevó bajar braceando hasta la marca situada a 100 metros de profundidad, coger la pequelña tarjeta que, efectivamente, demuestra que llegó hasta allí, y subir nadando de nuevo hasta la superficie.

El récord tiene más mérito si cabe por un hecho al que el propio Trubridge no quiere dar tampoco demasiada importancia: es el tercer récord del mundo que hizo el propio William en apenas cuatro días. El primero fue el viernes, en una inmersión "de calentamiento". William bajó hasta los 96 metros de profundidad, más abajo de lo que hasta entonces había conseguido nadie. Pero como era una inmersión de entrenamiento, sin árbitros ni jueces, la cosa se queda como récord no oficial. Dos días después, el domingo, William hizo el primer intento oficial, y volvió a la superficie con la etiqueta de 100.5 metros de profundidad en la mano... pero por un descuido se quitó el tapón de la nariz un poco antes de tiempo, lo que provocó que los jueces consideraran inválida la inmersión y, por tanto el récord.

Lejos de desanimarse, Trubridge decidió apenas 24 horas después volver a intentarlo para sumar el que supone su décimotercer récord del mundo consecutivo de esta modalidad. "Me metí en el agua poco después de las 11 de la mañana, y casi de inmediato empecé a temblar de lo fría que estaba el agua. Mientras ventilaba para iniciar la inmersión, al darme la vuelta (para empezar a bajar) algo de aire pasó de mis pulmones a mi estómago, y tuve inmediatamente que abortar el intento y volví a la superficie", explica el propio William.

Se volvió a la playa, se metió en el coche "con la calefacción a tope para entrar en calor" y volvió al agua. Y esta vez sí. "Pasé menos tiempo ventilando y fui muy cuidadoso al darme la vuelta", relata.

"Y después de ese momento tengo muy pocos recuerdos. Puse mi cuerpo en ese 'piloto automático' que tengo para estos casos, mientras se acostumbra a las grandes profundidades. Sólo recuerdo que me relajé y que me decía a mí mismo que relajara todos los músculos del cuerpo. Cuando sonó la alarma de profundidad del Suunto (un pequeño aparato que lleva en la muñeca y marca la profundidad exacta a la que ha estado, y que estaba preprogramada para sonar la alarma a 100 metros) cogí la etiqueta y mientras subía a la superficie sólo me decía a mí mismo que recordara el protocolo correctamente para que el intento fuera válido", cuenta.

El neocelandés, que es capaz de mantener la respiración no sólo los cuatro minutos largos que ha durado este intento sino más de siete "en estático", sólo sonrió cuando vio que los jueces mostraban las cartas blancas que indican que el intento es válido y tenía en su poder un nuevo récord del mundo.

La inmersión, llamada Proyect Hector, la hizo en nombre de los delfines héctor, los más pequeños del mundo, típicos de Nueva Zelanda y en grave peligro de extinción. 

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